Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 4 miembros de Ciao
En mi casa el Tang de naranja (nunca lo compramos de otros sabor) es sinónimo de verano y de mi infancia. Siempre que regresábamos de un largo día de playa o del campo, lo preparábamos nosotras mismas junto a mi madre, y nos comíamos un bocata. Era imprescindible en aquellos tiempos, no sólo porque estaba de moda, o porque lo tomaban todos mis amigos, sino por cierta magia poderosa a la hora de realizarlo en casa, que hacía de aquello un divertido ritual que repetíamos cada domingo.
Después ya con los años dejamos de consumirlo y comprarlo ya que nos hicimos grandes, la moda se paso un poco pero sobre todo por cierta casi leyenda urbana que rondaba sobre el producto, y es que esos polvos con agua sanos no eran y todos lo sabíamos. Pero por aquella época una niña que conocíamos de oídas, se puso bastante mala del estomago tras consumirlo, obviamente como en todos los colegios la noticia corrió como la pólvora, llevando a su final el ritual de verano.
La verdad es que no lo echo de menos ni por su sabor ni por nada, ya que luego descubres que ese mismo rito puedes construirlo cocinando y haciéndolo sano.
El refresco era fácil de preparar y te encontrabas unos sobres, unos tres sobres en cada paquete que mezclabas con agua, creo que se siguen vendiendo en algunos sitios pero ya no se consume como antes, ni tiene tanta fama. Se podía encontrar de varios sabores como tropical y limón, pero en casa siempre compramos el de naranja ya que era el único sabor que todos compartíamos.
La verdad es que mirándolo objetivamente y quitándole cierta aura de candidez que mueve lo consumido en nuestra infancia, no recomiendo su consumación, me da realmente mal rollo esos polvos.