Julia metió su Chevrolet Tahoe en el garaje y esperó a que se cerrara la pesada puerta.
- ¿Conservas algún recuerdo de la abuela?Joel puso cara de concentración y finalmente dijo que no con la cabeza.
- Pues te va a encantar, ya lo verás. O eso, o la aborrecerás profundamente y para siempre.El niño parpadeó, sorprendido, y Julia se dio cuenta de que, si bien sus ojos seguían pareciéndole descomunales, sus párpados no. O algo no cuadraba, o se estaba empezando a acostumbrar a los ojos de su hijo.
La puerta del garaje terminó de cerrarse y la pared que estaba enfrente del Chevrolet empezó a deslizarse hacia arriba con un suave tintineo metálico. Aunque Gladys aseguraba que el mecanismo era ultra silencioso, Julia prefería esperar a que la otra puerta estuviera bien cerrada antes de accionarla. La falsa pared alcanzó la perpendicular respecto a su antigua posición mientras Julia no se perdía detalle de la reacción del niño. Pero Joel miraba tranquilamente el invento como si le pareciera lo más normal del mundo que toda una pared se abriera como una puerta cualquiera. Su madre comprendió de pronto que aquello no podía sorprender al niño más de lo que podía sorprenderlo su coche, la calle o la misma noche. Si las cosas resultaban ser como se las había imaginado al escuchar el relato de Gina en los pasillos del complejo, su hijo había crecido en aquel laboratorio, en aquella habitación de paredes acolchadas. No había visto el exterior. Todo aquello que ella le mostraba sin haberle pedido permiso podía ser completamente nuevo para él. Pensó que ella en su lugar estaría muy asustada.
Se preguntó entonces quién le habría enseñado a hablar, y qué otros conocimientos le habrían inculcado. Si habría tomado afecto por la gente que trabajaba en aquellas misteriosas instalaciones, si los consideraría su familia. Un niño necesita mucho afecto. ¿Se lo habrían dado aquellos monstruos sin alma ni corazón? ¿O consideraba como su familia, no a sus captores, sino a los niños con quien sufría lo que quiera que les hicieran allí?¿Cuántas comidas hacía al día? ¿Jugaba lo suficiente? ¿Echaría de menos aquello?
Julia sintió una profunda pena por aquel niño y comprendió que por primera vez estaba dejando caer el muro de protección que había levantado al reencontrarse con Joel.
Estaba en casa. Con su hijo.Se dio cuenta de que se había quedado ensimismada cuando Joel le dio un pequeño codazo. Metió el coche en el siguiente garaje y accionó el control remoto para que la pared falsa volviera a su sitio.
Julia sabía que las primeras horas con Joel iban a ser cruciales en su futura relación con el niño. Debía demostrarle desde ya que tenía una madre en quien podía confiar, y esforzarse en darle una vida mucho mejor que la que había llevado en aquel laboratorio.Tenía que darle cuanto antes un abrazo en condiciones. Decirle lo mucho que lo quería. Lo mucho que lo había echado de menos.
Pero aquello que la asustaba aun persistía allí, en su mirada. La inquietaba, la encrespaba profundamente. Y no sabía si sería capaz de estar a la altura.Por otro lado, quizá las primeras horas tampoco fueran tan importantes como se empeñaba en repetirse. El roce hacía el cariño, con el paso del tiempo se sentirían cómodos el uno con el otro.
¿Qué clase de gente era capaz de dejar a un niño sin infancia? Era más que posible que Joel no hubiera visto películas de dibujos animados una y otra vez hasta aprendérselas de memoria. Que no hubiera probado los dulces. Aquellos dientes tan blancos que dañaban a la vista, en un niño de seis años, eran algo casi antinatural. ¿Qué clase de comida le habrían dado? ¿La comida aséptica e insípida de un hospital?Pero aquellos niños tenían que haber hecho ejercicio. Nadie podía estar tantos años encerrado en una habitación. El complejo oculto en el supermercado era lo suficientemente grande como para albergar todo tipo de instalaciones. (Casi era demoníacamente grande). Instalaciones en las que los niños pudieran divertirse. Correr. Jugar.
Y una mierda.Aunque era incapaz de concebir que existiera gente capaz de estar cinco años viendo a los niños a diario sin darles un poco de afecto, de felicidad, se obligó a pensar que el mal realmente existía. El mal había convertido a su hijo en un monstruo.
Intentó detener aquel pensamiento, pero fue incapaz. Se vio a si misma dentro de la habitación acolchada, con un Joel ya mayor. Los ojos le ocupaban media cara. Ella miraba al suelo. No podía soportar su mirada. La aterrorizaba. Joel intentaba tocarla. Ella se retiraba, como si el simple contacto le quemara la piel. - Te han robado la humanidad que yo te di. No te quiero cerca de mí.
Julia abrió los ojos, enojada consigo misma. Joel la miraba inquisitivamente. - Nada, hijo. Tu madre, que está loca.
- ¿Ah, si?
- Tengo una imaginación muy viva. Como siga así cualquier día acabaré pareciéndome a…
- Ally McBeal.
- Además de abrir puertas de cierre electrónico, ¿lees el pensamiento?
- No. Es que nos dejaban ver la tele.
Por lo menos aquello contestaba a alguna de sus dudas. Y quizá el crío no pudiera leer el pensamiento, pero hacía algo bastante parecido.- Será mejor que salgamos del coche. La verdadera casa está arriba, pero hemos decidido acomodar el sótano a nuestras necesidades. Durante un par de meses viviremos aquí abajo.
- ¿Un sótano oculto?
- Esta casa es una de las más antiguas del barrio. Se ha utilizado para muchas cosas. Desde un local ilegal de subastas, pasando por una imprenta y acabando en una casa de mujeres de compañía. Aunque eso no es de tu incumbencia. Aunque te dejaran ver Ally McBeal.
Gladys irrumpió en el sótano con los brazos abiertos de par en par.- ¡Mira quién está aquí! ¡Mira qué cosita me han traído de vuelta!
Cogió al niño en brazos y lo elevó sobre su cabeza como si pesara menos que una pluma.- ¡Mira que poquito pesa!- lo lanzó para arriba y Joel estuvo a punto de dejarse los dientes en el techo. - ¡Ven aquí que te lance otra vez!
- Mamá, que me lo descoyuntas.
Joel voló cuatro o cinco veces más por el aire. Al pasar cerca de la bombilla pelada que colgaba del techo se preguntó si pretendía que se agarrara a ella.- ¡Míralo, que guapo que es mi niño! ¡Qué ojazos que tiene! Ven que te vea. No he visto nunca unos ojos tan bonitos y tan azules como los tuyos.
Joel sonrió de oreja a oreja, y miró a su madre. Su mirada decía "creo que de aborrecerla, nada".- Ven aquí, precioso. Tengo una sorpresa para ti. Bueno, en realidad tengo cerca de doscientas, pero tengo una pequeñita que te hará mucha ilusión.
Julia se dio cuenta de que allí olía a magdalenas recién hechas.Joel siguió a Gladys dando pequeños saltos y Julia pensó que por primera vez parecía lo que era. Un niño de seis años.
Gladys llevó al crío a la zona del sótano que habían habilitado como salón.- Estaba dudando entre enseñarte la casa o esperar a presentarte a un amiguito, porque al final tendré que enseñárosla a los dos. -Pasó a la pequeña cocina que habían improvisado para el sótano, abrió un armarito y antes de que pudiera sacar al perro sus ladridos anticiparon la sorpresa.
El perrillo mediría poco más de un palmo. Tenía los ojos color avellana y todavía caminaba dando tumbos y traspiés. No parecía muy seguro de sus patas. Joel se tiró al suelo y dejó que el perro lo olisqueara.- ¡Es un Beagle! ¡Como el del capitán Archer!
- ¿Quién? -preguntó Gladys.
Julia se encogió de hombros, pensando que el capitán Archer podía ser uno de los tipos del laboratorio, quizá aquel al que había noqueado.- El capitán Archer, de la nave estelar Enterprise -aclaró Joel.
- Le dejaban ver la tele -apuntó Julia.
- Joel, ve pensando el nombre que le vas a poner. Tengo que hablar un momento con tu madre.
Gladys cogió a su hija de una oreja y la arrastró consigo. Joel las miraba con curiosidad.- No te preocupes, solo quiero que me cuente que tal ha ido el rescate.
- Ah, vale.
- Auch, mamá. Me haces daño.
Cuando estuvieron lo suficientemente lejos como para que el niño pudiera oírlas, Gladys estalló.- ¿Se puede saber qué te pasa?
- ¿A mí?
- Por el amor de Dios. ¡Es tu hijo! Permaneces a dos metros de él. No te has acercado ni a tocar al perro. Parece como si lo consideraras un apestado o algo así.
- ¿A Joel?
- ¿A quién si no?
- No hables tan alto.
- ¿Qué es lo que pasa?
- ¿No has visto sus ojos?
- Claro que he visto sus ojos. Son preciosos.
- Serán todo lo preciosos que quieras, pero también son anormales.
- No he visto que esté bizco, ni tuerto. Ni ciego. Y aunque lo fuera, lo de anormales no me parece un término apropiado. Exactamente ¿qué es lo que te disgusta? ¿Que no se parezca a ti?
Julia guardó silencio. No comprendía cómo su madre no veía lo mismo que ella en los ojos de Joel. Para Julia era evidente que había algo extraño en aquellos ojos, que los habían… modificado, de alguna manera.Entonces cayó en la cuenta. Cuando ella había visto aquella niña en el supermercado, mientras esperaba a que se despejase la entrada del almacén de la pescadería, le había parecido que tenía los ojos grandes, pero no que fueran imposibles. No eran chocantes, solo eran un rasgo de aquella niña. Cuando empezó a pensar que aquello era algo más, fue cuando vio a los cinco niños juntos, en su prisión acolchada. Todos con el mismo rasgo distintivo, aquellos ojos de un azul eléctrico que parecían concebidos aparte y cosidos luego a sus caras, una rara y desfigurada imitación de los de verdad.
Gladys tenía razón. Joel era su hijo. Había pasado dos años creyéndolo muerto y otros tres sabiéndolo vivo, buscándolo, soñando con recuperarlo. Tenía que empezar a comportarse como una verdadera madre. Gladys se dio cuenta de que la expresión de su hija se había suavizado y, pensando en un rotulador que marcaba una V de victoria, cambió de tema.
- Te dije que la visualización funcionaba.
- Fue todo cuestión de suerte, te lo aseguro.
- La gente llama suerte a lo que se consigue con afirmación, confianza, visualización y pensamiento positivo. Pero el proceso les parece tan misterioso que culpan al azar de que sus deseos se hagan realidad.
- Ya, ya. Ya me lo sé. Tener un deseo fervientemente prepara al inconsciente para que busque la forma de conseguírtelo.
- Y te prepara a ti y al mundo para cuando se haga realidad.
- Mamá, déjalo. Conseguirás que me duela la cabeza. Además, por más que lo visualizo no consigo tener un culo bonito ni que me crezcan las tetas dos palmos.
- No has afirmado con suficiente convicción ni el suficiente número de veces "Quiero un culo bonito". De haberlo hecho ya estarías apuntada en un gimnasio sin saber ni cómo diste el paso.Julia suspiró, y su madre la vio tan apagada, tan derrotada, que le dijo:
- Me hiciste la mujer más infeliz de la tierra cuando me convertiste en abuela a la edad de 45 años. Hoy me has hecho la mujer más feliz del mundo cuando me has devuelto a mi nieto a los 51. Empieza a disfrutar un poco más de lo que tienes, hija. Y deja de preocuparte tanto por todo o te partiré la cara.
- Pensamiento positivo, ¿eh? Afirmación y confianza. Pártele la cara a tus hijos, el nuevo método de Gladys Sedgwick para conseguir tus objetivos.
- Son sólo ideas para el próximo libro.Gladys regresó a la mini cocina, revolvió el pelo del niño y luego se dispuso a poner la mesa para la cena. Julia se sentó en el suelo, al lado de su hijo, y dejó que el perrillo le lamiera los dedos de la mano.
- ¿Ya has pensado cómo vas a llamarle?Joel miró al perro con aire crítico y dijo:
- Cinco-Nueve-Siete-Dos.Julia se quedó blanca como la cal. Su hijo volvió a sonreír de oreja a oreja y le dijo:
- Mamá, era una broma.
- Me va a costar acostumbrarme a tu sentido del humor.
- Creo que lo llamaré Porthos, como al de Archer. Siempre he querido que Porthos fuese mío.Durante la cena, Julia contó a su madre todo lo relativo al rescate de Joel, y añadió que lo justo era intentar liberar a los demás niños y destapar aquel experimento abominable, o negocio execrable, o investigación ponzoñosa con fondos gubernamentales, o lo que fuera. Gladys se mostró de acuerdo.
Julia había esperado que mientras contaba lo sucedido, Joel llenara alguno de los huecos que a ella le habían quedado en aquella extraña trama, como la forma en que había abierto las puertas en su huída hacia la salida del complejo o cómo era posible que hubiese visto a su compañera, la niña que compartía sus ojos y su cautiverio, en el supermercado. Pero el niño se limitó a comer en silencio y a poner pequeños trozos de pollo en la palma de su mano para malacostumbrar a Porthos desde el primer día.Las camas ya estaban hechas. Mientras Julia le ponía al niño un pijama que había comprado Gladys la tarde anterior (había acertado con la talla) su madre se metió en su habitación secreta y escribió en un hueco que quedaba en las atiborradas paredes un nuevo lazo con el mañana: 1123 - Julia ya tiene un culo bonito.
Julia, todavía con su culo feo, le dio unas babuchas a Joel a juego con el pijama, obsequio también de Gladys, le enseñó dónde estaba el baño y lo metió en su cama, entre la suya y la de la abuela.Julia esperó a que Gladys se metiera en la cama para apagar las luces. El sótano era un poco frío, pero Gladys había hecho buen acopio de mantas.
Tropezó con el cachorro que ladró un poco lastimosamente, se metió en la cama, dio las buenas noches a su familia y cerró los ojos. Al cabo de unos diez minutos sintió una presencia a su derecha. Abrió los ojos y vio que Joel estaba de pie junto a su cama.- Mami, ¿puedo dormir contigo?
- Por supuesto.
Julia le hizo un hueco y Joel se metió en la cama con el pequeño Phortos en sus brazos.Su madre lo acurrucó contra su cuerpo y cerró los ojos, intentando no pensar.
Al cabo de unos minutos tanto el niño como el perro dormían profundamente, pero Julia tenía la mirada clavada en el techo.La voz de Gina Thorne, la mujer que la había ayudado a sacar a Joel de su encierro, sonaba rotundamente en su mente, una y otra vez.
De vez en cuando, cuando alguno se porta mal, lo trasladan a una jaula.
Tengo entendido que uno de los niños es… bastante agresivo.
Espero que no sea el suyo.Se odió a sí misma por tener aquellos pensamientos.
Tardó bastante en conciliar el sueño.Esa noche sólo tuvo pesadillas.
Y al amanecer, se hicieron realidad.Continuará…
Alas Doce
04.12.2005 23:47
Arrrggghhh, que conste q me he leido este capitulo y el anterior, pero no me dejan evaluar!!! Lo siento!!! Nada, como intuia esta historia engancha tanto o mas como cualquier otra de las que has escrito. Por cierto, me gusta esa abuela tan cachonda...
07.11.2005 00:24
Final de capitulo a lo Dean... Dean.k jajaja. Bueno, muuuuuy bueno
03.11.2005 16:52
Estoy deseando ver por dónde nos saldrás :p