Poco antes de que comience el gran concurso al que con tanta impaciencia aguardo, echo mis alas a volar, las únicas que son capaces de hacer lo que ningún humano puede ni podrá nunca hacer materialmente, ya que no es posible volar con nuestro cuerpo, pero sí con nuestra imaginación.
Porque no sé que sorpresas me aguardan ya en Ciao una vez recibidas las mayores y más buenas que podía imaginarme, y porque ante las expectativas de lo que pueda suceder en este concurso, mi mente no divagará tan tranquila como hasta ahora, elijo la tarde de hoy, la siempre para mi triste tarde de un domingo que envejece, y lleva hasta la muerte al ansiado pero ya agonizante fin de semana. Una tarde lluviosa para colmo, que incita aún más a sentarse frente al ordenador, con la única compañía de mi tacita preferida, con su humeante café rellenándola hasta el borde, y sugiriéndome constantemente que la bese y que la bese, ofreciéndome de esta manera su contenido antes de vertir su calor en el frio ambiente.
Pero hoy no será una tarde de un domingo como otra cualquiera, y no va a conseguir ponerme triste ni afligido, porque he decidido y he conseguido verle el lado bueno.
Si está lloviendo, esas gotas no me mojaran a mí, sino a las tierras resquebrajadas por el seco verano y que tanto las necesitan. Y si me mojan, sentiré que es el agua que da la vida lo que me está mojando, y respiraré profundamente la atmósfera que queda limpia de polvo y humo tras su paso, y entonces me daré cuenta de que una cosa es mucho más importante que una triste tarde de domingo. Que estoy vivo.
Sí el fin de semana se acaba, no estaré triste porque de nuevo me espera el lunes impaciente, y cargado de trabajo y monotonía. Estaré contento porque nace una nueva semana, y porque de nuevo estoy vivo para hacer con ella lo que dentro de mis posibilidades me plazca, y todo cuanto pueda hacer será posible gracias a que tengo las herramientas necesarias para ello, y funcionan perfectamente. Cómo voy a estar triste si puedo hacer con ellas todo lo que necesito: ver, oír, hablar, y hasta caminar. Sí, esas cosas que parecen tan sencillas pero que tantos otros no pueden por desgracia hacer. ¡Cómo voy a estar triste!.
Si me tengo que levantar muy temprano, antes incluso de que lo haga el sol, y sé que mañana la pereza y el calor de mi cama intentarán por todos los medios retenerme un rato más, y yo por mucho que quiera tendré que levantarme e ir a trabajar, ¿porqué voy a estar triste?. ¿Es que preferiría tal vez dormir unas horas más a cambio de no tener pan para comer? ¿O pretender quedarme impasible mientras otros se labran su futuro? Aun si no tuviera trabajo, ni estuviera estudiando, tampoco estaría triste, porque otros muchos estarían en peores circunstancias que yo, jugándose la vida en una patera por ejemplo, mientras que aquí en cambio siempre tendremos un techo y el apoyo familiar, y sólo tendría que esperar mi oportunidad.
No, hoy no voy a estar triste por ninguno de esos motivos, e incluso pienso cómo me lo he podido permitir otras veces, qué ignorante he sido. He ignorado todo lo que tengo y todo lo que soy. No me he dado cuenta de que he mancillado mi suerte y la he ignorado totalmente. Esa misma suerte que espero que todos vosotros tengáis también, pero que no caigáis en el mismo error que yo, pues la fortuna que todos tenéis de estar vivos y funcionar bien es la mayor suerte que podéis desear, y somos tan injustos que muchas veces no la apreciamos.
10.04.2009 09:59
Creo que solo he leido un par de opis tuyas pero estoy en la fase de ir leyendo poco a poco a la mayor parte sin compromisos, simplemente por iros conociendo. Me ha gustado mucho tu reflexión ante la tarde de domingo y mil gracias por el mensaje. Un besito desde mi nube de colores mirando al mar ke te envía estrellas de colores con sabor a Huevo de Pascua...
06.04.2009 10:32
El excepcional es por esa redacción tan cuidad y expresarte a las mil maravillas pero sobre todo por decir verdades como templos. Mi abuelo siempre decía que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita. Sabe apreciar lo que tenemos nos hace más felices y menos injustos con el que tiene menos. Me has recordado aquello del poeta cubano, José Marti: "¡Penas! ¿quien osa a decir que tengo penas?..." Besos.
15.01.2009 16:20
Ahora si me ha dejado... esto está mas raro que un pie :S