Susanita en el País de las Maravillas
29.04.2009
Ventajas:
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Desventajas:
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Recomendable:
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"Emplear el sarcasmo con según qué gente es como atacar un castillo con merengues" Terry P...
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Extendió la pálida manita para recibir lo que aquella flor parecía querer darle. Cuando la abrió ante su inquisitivo rostro descubrió que una gota de agua jugaba a transformarse entre sus dedos en mariposas, coloreadas por los rayos del sol; un arco-iris brotó de ella y se extendió hasta el otro lado de la colina. Se sacudió la mano cuando se cansó del juego, y el agua saltó convirtiéndose en miles de pequeñas gotas de rocío, regando el campo a los pies de Susanita. La pequeña echó un vistazo al mundo real recién materializado que se extendía de nuevo a su alrededor. Llevaba mucho rato en aquella sala color verde, y el asiento de plástico empezaba convertirse en una verdadera molestia bajo su rabadilla. Su madre hubiese dicho que “culo” no era una palabra apropiada para el lugar donde se encontraban. Intentó cambiar de postura, cruzando su pierna derecha sobre la izquierda, como hacían las personas mayores, pero sus cortas patitas trastabillaron en mitad de la operación y cayeron de nuevo al vacío, así que la niña dejó que colgasen de nuevo a su ritmo entre la butaca de la sala de espera y el frío suelo de mármol. A su lado, su madre era un manojo de nervios. De vez en cuando cogía la mano de su hija o le daba un beso en la coronilla, como quien da un beso a su mascota cuando le está haciendo achuchones. Susanita odiaba aquellos besos, le parecían de un mal gusto imperdonable, y cuando Inés lo volvía hacer se lo reprochaba con un ligero “Ay, mamá” en voz baja, puesto que allí no podía gritar, al igual que correr o reírse en voz muy alta. “Es una falta de respeto para los que están aquí, cariño”, le había dicho su madre cuando vieron pasar por primera vez a la señora del perro de peluche rosa y Susanita la había señalado descaradamente. Cuando volvió a pasar por delante de ellas a la pequeña no le pareció ni la mitad de divertido, y pensó que su madre era una aguafiestas. - Mamá, ¿tú crees que nos dejarán ver a Tito en los próximos años infinitos? - Los años no son infinitos, Susana, pero sí, aunque debemos seguir esperando. – Los ojos de su madre estaban clavados en la puerta blanca que había delante de ellas, en cuyo marco rezaba la palabra “psiquiatría”. La niña sabía perfectamente qué quería decir aquello: el tío Tito estaba loco. No era realmente su tío, pero a ella le gustaba pensar que lo era, ya que con los tíos una se divertía una barbaridad, y Tito era el mejor amigo que tenía, aunque fuese más viejo que la joven Susanita. Aquella vez que la pequeña le había preguntado por su edad él contestó con una sonrisa que solo tenía 23 años, y sin embargo a ella le parecían muchísimos para ser solo “solo”.- ¿Por qué está Tito en el hospital, mamá? – Aquella pregunta le vino a la cabeza de pronto. Hasta aquel momento no se lo había ni planteado. - ¿Cuando se está loco se viene aquí? - Tito no está loco, cariño, y no, esto es un hospital especial. Solo tienen que hacerle unas pruebas. - ¿Cómo la prueba que me hicieron a mí en el “cole” cuando descubrieron que sabía leer? Pero su madre no llegó a contestarle. La puerta se había abierto de par en par, aunque desde donde estaba Susanita solo podía verse el final de la cama en la que seguro que estaba su querido tío Tito. La niña quiso levantarse y entrar, peor su madre la retuvo cogiéndole delicadamente de la mano, pues un señor de bata blanca bloqueaba la entrada a la habitación.- Ha pedido que pase usted sola un momento, señora. – Dijo el médico, con un tono demasiado seco para alguien que está ahí curando enfermos locos. - Espera aquí, Susana. No te muevas, ¿me oyes? Ahora mismo pasarás tú a verle.- Le dijo su madre con mirada severa. Y ella esperó, sentada, balanceando las piernas alante y atrás, mientras la puerta se cerraba de nuevo delante de ella, dejándola sola en aquel lugar horrible. Cuando por fin la cara de su madre apareció indicándole a la pequeña que podía pasar a ver a su compañero de juegos, ésta lo hizo rápidamente, pues la mujer del peluche había vuelto a pasar por delante y no le gustaba cómo la había mirado. La habitación era de un blanco intenso, y en la cama postrado se encontraba Tito, mirándola dulcemente. Unas manchas oscuras adornaban las bolsas bajo sus ojos, y un montón de tubos iban y venían por su cuerpo como si fuese una marioneta. Tito extendió la mano e indicó que se acercara para poder coger la suya y Susanita lo hizo con una sonrisa divertida en los labios. - Estabas más guapo ayer, cuando nos fuimos a tomar el helado de limón. Tito rió de buena gana, pero no contestó. - ¿Por qué estás aquí? ¿Estás loco? Otra vez rió, pero la niña se dio cuenta que lo había hecho con muchas menos ganas que antes.- Susanita, ¿te acuerdas aquella vez que paseamos por El Retiro que nos imaginamos que estábamos en el País de las Maravillas? – la chiquilla asintió sin decir nada. -Cuando quisimos volver al mundo real no queríamos irnos, y tú te pusiste a llorar porque querías ver a la oruga. Se puso a llover, y nos quedamos sin oruga y sin té, y tuvimos que irnos a casa corriendo. Pues hoy estoy aquí por lo mismo, porque esta vez era yo el que estaba en el País de las Maravillas y no quería volver. - Pero hoy hace sol, Tito. Y hace tanto calor que hoy mi madre me ha dejado ponerme la camiseta de manga corta. - Si, pequeña pero a veces no basta con el sol. A veces piensas que estás mejor en otro sitio, y terminas creyéndote lo que no es. - Pues no pienses que te voy a dejar de querer por ello. Y si creen que estás loco por jugar a ser Alicia es que todavía no me han conocido a mí. Tito se echó a reír de nuevo, pero entonces el hombre de bata blanca volvió a entrar y les comunicó que la hora de visitas había concluido. Inés, que había estado callada en todo momento al lado de su hija le dirigió a ésta una mirada significativa y Susanita se despidió con la mano de Tito, dedicándole una de sus preciosas sonrisas. - Espero que vengas mañana a casa. Mamá me ha comprado un nuevo juego de té. Te espero a eso de las 5, ¿eh? – le dijo antes de atravesar la puerta. - Si no es mañana será pronto, nenita. – Y la puerta se cerró tras la pequeña al escuchar aquellas palabras. Ya en la calle, y de la mano de su madre, la niña no pudo contenerse. - Mamá, ¿tú crees que estoy loca? - No, cariño, tú no estás loca. Eres tan solo una niña. – la voz de su madre parecía apagada y cansada. - ¿Y cuando sea mayor no podré ir al País de las Maravillas? – Preguntó preocupada. - Cuando seas mayor verás que hay cosas más divertidas e importantes aquí en el mundo real. - Pues menudo aburrimiento.
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29.05.2009 14:37
Siempre es muy bonito a la vez que triste leer episodios de la vida de esta niña. Hay situaciones que nos hacen darnos de bruces contra la árida realidad, pero estoy seguro de que esta pequeña, que quizá ya sea mayor, ha conseguido madurar sin perder la capacidad de seguir soñando. Sé que esto que escribiste tiene un significado especial para ti, por eso me ha encantado todavía más leerlo :)
16.05.2009 17:25
que relato más bonito^^ enhorabuena
12.05.2009 19:15
"Ojonuda" hija...como siempre. Yo ya no sé que más decirte, me encanta leer lo que sale de tu privilegiada cabecita, always my friend. Lo haces tan cercano, tan plausible, tan ameno...brutal.