CUIDADO CON LOS SALVAJES CAPÍTULO VIII. LOS HIJOS DE WERGER

5  08.07.2009

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Recomendable: Sí 

javmase

Sobre mí: Crónicas temporales, publicado en lulu. Es una antología de seis relatos de ciencia ficción relacion...

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Esta reelaboración del cuento pertenece a la antología Cuidado con los salvajes y ha sido corregida por Federico G. Witt. Se publicó en el Portal de Ciencia ficción el 17/05/2009 http://www.portal-cifi.com/scifi/content/view/2552/1/

VIII. Los hijos de Werger


Los primeros síntomas de frío sobrevienen y los muchachos de ojos claros tiritan con el contacto con la rosada. Tocando un dispositivo insertado en sus hombros desnudos, los que antes parecían demonios de metal cubren sus cuerpos blanquecinos con ropajes diseñados especialmente para soportar las inclemencias del tiempo. Los nuevos trajes les confieren un aspecto totalmente distinto, pues sus melenas rubias quedan ocultas en unas capuchas ajustables y una nueva máscara transparente separa sus rostros del frío. Pero uno de ellos sigue sentado en la capa de hielo y aún yace desnudo. Se lamenta con sollozos y se sujeta el brazo sangrante en que exhibe un microprocesador destrozado. La sangre sigue brotándole de la axila, enrojeciendo hasta el último rincón de su cuerpo. Sus compañeros, asustados por los hechos acaecidos recientemente con los salvajes, miran al joven, llamado Fabio, con el temor de las posibles consecuencias de sus actos.
—Maldita sea, esto no tenía que haber sucedido —el joven Fabio se lamenta intentando detener inútilmente el continuo chorreo de sangre de su axila.
—Tenemos que volver a Tarsis —comenta uno de los jóvenes que mira con preocupación al herido.
—Creo que está bastante mal, está al borde de la hipotermia —añade una joven del grupo—, y eso si no se desangra.
—Dej... dejad de hablar de mí de esa manera, aún… aún no estoy muerto. —Al joven Fabio le cuesta respirar y el dolor se le hace insoportable.
—¿Cómo se lo vamos a explicar al maestro Werger? Esto se nos ha ido de las manos —dice Aurelio, uno de los instigadores de la cacería contra los salvajes.

Los hombres empiezan a alejarse por el terreno hacia el interior del bosque. Dos de ellos asen en brazos al joven herido de muerte. El chico, casi inconsciente, va dejando un reguero de colores bermejos por las nieves.
No tienen tiempo de recorrer mucho espacio. Un sonido silbante llega sin avisar por el horizonte y se les hiela la sangre cuando ven que una flecha primitiva ha atravesado la espalda de uno de los que transportaban al herido. Éste cae muerto, fulminado instantáneamente ante los ojos aterrados del resto del grupo. Cientos de flechas atraviesan entonces el cielo y muchas de ellas se clavan en los troncos de la espectacular arboleda.

A la espalda de los jóvenes se alza un grupo de salvajes furiosos que les amenazan con sus arcos, lanzas y dagas. A su cabeza va el que les parece el adalid del grupo, que entona un grito de guerra que retumba por todo el bosque.

Los nervios hacen mella en los habitantes de la ciudad de acero, que huyen despavoridos ante tal exhibición de poder. De nuevo emplean su tecnología y se vuelven a transformar en las espantosas criaturas que persiguieron a los nativos horas atrás. Pero ya no tienen la suficiente voluntad para enfrentarse a los cazadores de las frías estepas de hielo, ahora sienten demasiado terror para poder pensar con claridad y su único pensamiento es volver a la seguridad de Tabak. Intentan huir por el aire con sus alas metálicas, pero las ramas bajas no les permiten volar con facilidad y eso da la ventaja a los toscos salvaje. El jefe tribal coge impulso y clava la rodilla en el suelo. De su brazo sale disparada una jabalina que atraviesa de lleno la juntura alada de uno de los jóvenes, llamado Persio. Los compañeros del joven se horrorizan al ver como éste cae estrepitosamente desde una altura considerable. Al instante, tras un sonido seco, el cuerpo de Persio yace destrozado y sin vida en suelo.

Mientras, la daga de Darlan ha hecho su trabajo. El joven Fabio ha muerto desangrado y sus compañeros lo abandonan en el espesor de los helechos. Al lado del fallecido se encuentra caído otro joven de cabellos dorados, atravesado por una certera flecha en el dorso que ha alcanzado su corazón. Era uno de sus porteadores y no tuvo tiempo de activar el traje de guerra.
Los otros jóvenes han tenido más suerte y ya se encuentran a las puertas de Tabak. Cuando pasan por la oquedad de sus muros la puerta se cierra y la ciudad vuelve a ser tan inexpugnable como en las anteriores cinco décadas.

El jefe de los nómadas del hielo saborea la sangre de los enemigos postrados ante él. Un sentimiento de triunfo le invade, pues el rojo cálido de sus adversarios tiene un sabor familiar. Ha descubierto el engaño. Sus cuerpos son de carne y hueso, sangran y mueren con igual facilidad que cualquier morador de los hielos. Es tal y como dedujo cuando vio cómo el viejo Darlan hería a uno de ellos mientras les daban caza. Por si fuera poco, conoce el oscuro lugar de donde proceden. Una chispa de brillo recorre sus ojos mientras corta la cabeza de uno de los cuerpos con su afilado cuchillo y la exhibe ante sus guerreros que lo aclaman como a un rey.

Los jóvenes han llegado a la ciudad y se presentan ante su padre y mentor, un anciano que camina con cierta dificultad debido a su avanzada edad.
—Lo sentimos de veras, maestro Werger —al joven Serlic le brotan lágrimas de los ojos.
—¿Muertos? ¿Los tres? Jamás tendría que haber sucedido algo así ¿En qué estabais pensando? —la ira enciende el rostro del anciano.
—Queríamos divertirnos un poco. Vamos, ya sabe, son salvajes. Las armaduras eran invencibles. ¿Quién iba a imaginar que tenían un defecto en su diseño? Tan solo queríamos asustarlos un poco. Últimamente merodeaban mucho por esta zona del bosque, era cuestión de tiempo que descubrieran Tabak.
—Nos habéis condenado a todos. Todo lo que os he enseñado durante estos años sobre la humanidad... Sólo por los crímenes que habéis cometido hoy merecéis un castigo ejemplar. Tres hijos perdidos por una estupidez adolescente. ¡Maldita sea!
—Maestro, han descubierto la ciudad, ahora saben que tras el bosque se encuentra nuestro hogar. Ahora es cuestión de tiempo… —comenta el joven llamado Serlic.
—Vamos, son primitivos, no… —replica una muchacha de mejillas sonrosadas, antes de que Werger la interrumpa.
—Os equivocas los dos. Las primeras conclusiones a las que llegamos fueron precipitadas. Los seres que pueblan Terelia, a pesar de tener sus propias peculiaridades genéticas… piensan y sueñan igual que nosotros. He investigado huesos de estos seres durante años y con Daría III hemos llegado a la conclusión de que tienen un potencial muy parecido al humano. Seguramente ya están trazando algún tipo de plan para atacarnos.
—Eso es improbable, maestro. Además, con nuestra tecnología podemos vencerles fácilmente… —dice la joven con ímpetu.
—Veo que no has aprendido nada del embate. ¿Qué significan entonces tus tres compañeros muertos? ¿En qué estabais pensando?

Cansado y triste, hastiado por la conversación infructuosa, el hombre de edad avanzada se aleja con pasos tenues por los pasadizos de la torre central de Tabak. Observa cómo sus hijos discuten sobre lo sucedido y a paso lento se acerca a la cúpula de su alojamiento, que está en un edificio cercano a la torre central. Una vez allí, los recuerdos afloran en su mente. La muerte de sus tres hijos es un resorte para traer viejos sucesos. Medita sobre lo acontecido en el pasado y rememora con dolor el entierro de su amada Inea y de los demás compañeros. Cuando iniciaron el viaje eran cuarenta y un tripulantes, todos habían emprendido el proyecto con ilusión y como una nueva oportunidad para la humanidad. Pero ya sólo quedan Werger y sus hijos rebeldes. Los humanos con los que convivió durante más de dos siglos ahora forman parte de la tierra de este planeta inhóspito. Muchas veces piensa que no es justo que Daría encontrara la cura cuando sólo quedaba él. El suicidio rondó en su cabeza durante años, pero sus hijos, que en un principio iban a ser los cuerpos para las consciencias de sus antiguos compañeros, son un proyecto que le ha mantenido ocupado durante todos estos años.

Desgraciadamente para él, y al estar tan sólo durante estos años, nadie le ha podido ayudar con la educación de los jóvenes. Es posible que no haya sabido trasmitirles los valores éticos y morales que fueron el espíritu de la tripulación y el motivo de su viaje a Terelia. Quizás el desarrollo de los cuerpos clonados con conciencias libres haya sido un éxito, pero después de lo sucedido Werger es consciente de que los jóvenes han tomado el control de sus propias decisiones. Sabe que, a pesar de que le respetan, sólo le ven como un viejo que carece de interés. Hoy lo ha visto más claro que nunca: Serlic y Aurelio, los más influyentes, le han desobedecido premeditadamente dando caza a los salvajes a pesar de su negativa. Piensa amargamente que los sucesos acaecidos los ha propiciado su propio exceso de vanidad al no haberles dirigido con una educación efectiva. Si al menos hubiera estado Idala… Sí, con ella todo hubiera sido diferente. Daría III le ha ayudado en todo lo que ha podido pero tan sólo es una máquina, carece de la humanidad necesaria para poder dirigir a unos alumnos tan necesitados de ella. Werger ve cómo se desmorona ante sus propios ojos su mundo perfecto.
Ha visto antes la actitud de Serlic y Aurelio, la ha visto en los líderes humanos en demasiadas ocasiones. Cuando él y los otros tripulantes partieron de la Tierra, hombres como sus jóvenes rebeldes tomaban las decisiones. Destruir todo aquello que fuera diferente para preservar a los que les parecían iguales. Cuando partieron del planeta azul, esos mismos hombres fueron los que hicieron estallar una espantosa guerra cuyo desenlace jamás conoció.

Al anciano, a pesar se ser agnóstico, sólo le queda rezar para que la situación no se complique, pero un presentimiento angustioso respecto a los salvajes le eriza la piel.


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Nota del autor: Si te ha gustado hasta ahora puedes seguir leyendo la historia en el Portal de Ciencia ficción. En total son 19 capítulos. (Allí están integros). Tienes el link al principio de cada capítulo. Próximamente sacaré una revisión de la antología que publicaré en la editorial lulu con todos los cuentos revisados, corregidos y reelaborados.
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Comentarios sobre esta opinión
cuchufleta

cuchufleta

09.07.2009 10:16

Por fin¡¡¡ pensaba que ya te habías olvidado¡¡¡

espineta

espineta

08.07.2009 10:22

Excepcional. Saludos.

Rafagonzalez

Rafagonzalez

08.07.2009 08:20

Vaya esto es toda una serie entera jeje. Pues me ha gustado muchísimo, seguiré tu consejo y a ver si tengo tiempo para acceder al portal del que hablas... Un saludo.

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