Desde el averno

1  25.02.2010

Ventajas:
en el averno no las hay

Desventajas:
el averno

Recomendable: No 

nenya_

Sobre mí: [usuario desde:10.07.2006] ☼ Nos vemos en entrebrochasypaletas del blogspot y en "yutú...

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A veces tenemos que sacar los demonios que nos crecen dentro a pasear para seguir sobreviviendo en este mundo, si te descuidas acabas en las profundidades
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El viento zarandeaba a todo aquel que se atreviera a salir a la superficie. Era imposible dar dos pasos seguidos sin tener que parar a retomar el aliento. Todo cuanto recordaba como vivo a su alrededor parecía gris, inerte, vacío... Los edificios no eran más que ruinas, montones de piedras y escombros que reflejaban que una vez, hace algún tiempo, todo era normal. ¿Pero qué es la normalidad?, pensó para sus adentros y soltó una carcajada irónica. La normalidad no existe, se dijo, y si existe no es de larga duración.

El barro se tragaba sus zapatos desgastados sin ganas, a duras penas lograba rescatarlos. La lluvia golpeaba su rostro como si de mil agujas se tratase, el aire afilaba cada gota como si fuera una espada de esgrima. Los harapos que cubrían el cuerpo que hace años lucía prendas ajustadas que destacaban sus curvas, ahora escondían una figura huesuda que apenas podía sostenerse. Los ojos verdosos abiertos como platos, las pastillas para calmar los nervios mezcladas con las que conseguían sedarla completamente eran notables en aquella pupila dilatada que asomaba entre los párpados expectantes. La piel adquiría una tonalidad ceniza por falta de contacto con la luz solar, hacía meses que los rayos del astro rey no vencían el poder de las nubes negruzcas.

El aspecto de las calles era desolador, tras la lluvia de meteoritos poco era lo que aun permanecía en pie, pocas eran las personas que seguían con vida, y quienes aun deambulaban por las calles parecían tan perdidos como el primer día. No pronunciaban palabras, ni una sola sílaba, en todo caso gruñidos, las conversaciones eran meramente mentales, y escudriñaban constatemente en busca de algo que llevarse a la boca. Los contenedores habían dejado de ser una buena opción, no tanto por el olor a podredumbre que desprendían, sino porque fueron los primeros medios a asaltar y no tenían más que jugos incomibles y otros objetos inservibles. Entre las ruinas, los escombros, estaba la solución, pero a la vez la trampa. No era el primero (ni el último) que se veía devorado por el alud de ladrillos mientras intentaba rebuscar algo de provecho en el fondo.

Quizá por eso llevara días sin comer... el miedo aun era más fuerte que el hambre... y aun más miedo tenía de todos los que se habían vuelto locos y al menor descuido te clavaban el diente. Varios días atrás consiguió escapar por los pelos de un tipo bastante alto que portaba una motosierra a la vez que exclamaba una especie de grito de guerra. Ella consiguió escapar, se deslizó por un hueco diminuto que vio entre los escombros, pero otro joven que pasaba por la zona no tuvo la misma suerte. El reguero de sangre se mezcló con el tono cobrizo de su cabello cuando la bestia le cortó la yugular. Cerró los ojos, el grito ahogado de la víctima se metió en su oído y nunca más pudo sacarlo de ahí. Quizá por eso dormía poco, las pesadillas recurrentes sobre asesinatos y descuartizamientos la perseguían. También el pánico por pensar que algún día, quizá, tuviera que hacer lo mismo para sobrevivir en aquel mundo enloquecido.

El campo. A lo lejos una zona arboleda permanecía intacta, por lo menos en apariencia, y no pudo evitar salir corriendo hacia ella. Los zapatos salieron disparados por el camino, los harapos se rasgaron dejando los hombros desnudos a merced del agua, su rostro dibujó una débil sonrisa, quizá esperanzadora, quizá fruto de la desesperación...

La hierba casi nadaba sobre tanto líquido, el lodo de las zonas pobladas había llegado hasta aquel rincón, pero aun había flores, pequeñas margaritas que la recordaron que un día existió la primavera, y el sol, las sonrisas... y las personas eran algo más que animales sedientos de sangre y egoísmo que podían convivir. Se agachó con cuidado, hacerlo de forma brusca conllevaría un mareo seguro, tomó una de las flores entre sus dedos y la acercó a la nariz. Aun olía bien... Y se dió cuenta de que varios metros delante de ella un enorme fuego circular escondía un agujero que se adentraba en las profundidades.

¿Qué será eso?. Avanzó con prisa, ansiosa por descubrir que se escondía en el interior, era imposible que fuera peor que lo que la rodeaba en aquel mundo. Iba con cuidado aguantando las arcadas que le producía el olor a jugos gástricos y carne corrompida. Una pierna, un dedo, el resto de algún órgano interno... Lo peor de todo, se había acostumbrado a caminar entre despojos humanos... Una escalerilla circular descendía hasta las entrañas de su mundo, el olor se hacía más intenso, descendía el nivel de luz, el suelo estaba seco pero extrañamente caliente. Arrancó un femur astillado que sobresalía de un cuerpo sin vida, fuera lo que fuera que esta ahí dentro sería peligroso. La cantidad de cadáveres amontonados a sus pies iba en aumento con el avance, igual que la oscuridad. Se quedó quieta, sentía una presencia bastante cerca pero sin luz no sabía distinguir. Olía a cloaca, a brasas, a picante, la peste que desprendía era más insoportable que la del exterior, y no pudo aguantar más, los jugos gástricos fueron a parar al suelo, imposible que vomitara algo más con el estómago vacío. Las convulsiones de este eran dolorosísimas, se encogió y cerró los ojos. Igual que en aquellas películas de artes marciales, al cerrar los ojos todo se veía con más claridad. Y aunque no se daba cuenta su piel comenzó a irradiar una luz violácea que desenmascaraba a quien la estaba acechando.

Abrió los ojos sobresaltada. Lo tenía justo detrás. Un golpe seco y el femur hizo el intento clavarse en el costado de aquella criatura, pero era más rápida de lo que esperaba. Sujetó el hueso con dos dedos y la levantó en el aire. JA JA JA reía divertido aquel ser alado con garras, dos cuernos enroscados, tez rojiza, una larga trenza hasta la cintura y fuego en los ojos. ¿Así piensas hacer algo renacuaja? La risa macabra retumbaba en las profundidades y daba vueltas a su cabeza.

- ¡Sueltame estúpido... lo que seas! O si no...
- ¿O si no qué? - miraba y parecía divertido.
- O si no te mataré.

Las palabras resultaban tan convincentes que la bajó de nuevo hasta el suelo.

- Así está mejor - explicó mientras se sacudía, como si el contacto con aquel ser hubiera manchado más de lo que ya estaba. Se miraban de arriba a abajo, daban vueltas contemplando cada parte del contrario con suma curiosidad, cruzando miradas desafiantes que al ser le parecían divertidas. Rara vez había encontrado una nota de valentía cuando la muerte asomaba en sus ojos y se clavaba en los de su oponente para darle fin. - ¿Quién eres ser?
- De verdad ¿no te lo imaginas? mírame bien, mira a tu alrededor, mira la superficie, la desdicha, la ruina, la voracidad de la gente... mira a tu Dios y después piensa en su contrario.
- No tengo Dios - afirmó con seriedad - hace tiempo que no tengo... - y un toque de melancolía tiñó sus ojos.
- Todo el mundo tiene un dios, o en su defecto me vende el alma.
- ¡Quietecito! mi alma ni la toques, no está en venta, ni para tí ni para nadie. ¡Estaríamos buenos! Me he pasado meses de aquí para allá sobreviviendo como he podido, esperando encontrar un lugar seguro, una pizca de humanidad, de alguna sensación que no fuera autodestructiva o destruyera al resto defendiendo la supervivencia... ¡así que ahora no me nombres el alma! ¿Qué sabrás tu de almas?
- Tengo miles, millones...
- Pero ¿acaso saber lo que se siente al tener una? ¿alguna vez te ha dolido tanto el alma que has querido no volver a despertar? ¿alguna vez has extrañado tanto a alguien que deseabas que su alma siguiera viva a tu lado? ¡Estúpido! Tienes cientos de almas y es como si tuvieras miles de folios en blanco. Si no sabes escribir ¿para qué quieres un folio? Si tienes tantas almas ¿para qué las quieres si no puedes sentir? - se calló, bajó el tono de aquella conversación excitada. Parecía mentira que estuviera hablando así, ella, tan callada, tan observadora... la que guardaba su genio junto con los demonios internos para que todo fuera mejor, más tranquilo.

- Tu eres diferente a todos ellos ¿verdad? ¿eres un ángel?
- ¿Qué coños voy a ser un ángel? ¿tengo alas? ¿me estás llamando querubín? ¿pija? mira que no respondo... - miraba encabronada.
- No tienes miedo, puedo sentirlo - sentía fascinación por aquella criatura diferente.
- Claro que no tengo miedo. Es imposible tener miedo de alguien que está tan vacío como tu, sin alma ni corazón, lo que no se es como sigues existiendo.

La luz violeta que desprendía su piel adquiría intensidad a medida que su cabreo aumentaba. Ahora podía ver los carámbanos de hielo que pendían del techo, las rocas picudas que los emulaban en el suelo, la sangre, las vísceras... la mirada letal de aquel a quien tenía enfrente y al que estaba desafiando sin ningún pudor. Y comprendió que era el causante de la destrucción de su mundo, o si no el causante si el promotor. El hombre es egoísta por naturaleza, en su camino está el poder de decisión, si hacer el bien o el mal está en su mano, es absurdo ampararse en una figura de un ser que jamás se ha visto para justificar los comportamientos malignos, ilegales, destructivos... La intensidad ahora era tanta que tuvo que volver a cerrar los ojos. Sólo escuchaba los gritos de dolor de su compañero de conversación acalorada, las súplicas porque cesara la luz en esa estancia de oscuridad porque iba a destruirse todo.

Y se hizo el silencio. Respiró, seguía oliendo a podredumbre, a fuego, a brasas, a vísceras y jugos corporales... pero ahora no le dieron nauseas. Abrió los ojos, tranquila, sonriente... un cuerpo verdoso descansaba a su lado, sin vida, con la piel calcinada... palpó uno de los órganos viscosos, lo asió con fuerza, lo arrancó y se lo llevó a la boca.

El bocado del diablo pensó, y siguió comiendo, siguió despedazando al ser fruto de su cabreo. Quizá nada cambiaría. Los hombres seguirían siendo bestias en lugar de humanos en aquel mundo extinto, pero ahora ya no tenía hambre, y no tenía que matar a ningún inocente para saciar su apetito. Aquella noche dormiría caliente entre las llamas del averno, con el estómago lleno y a salvo de la lluvia.


- FIN -
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Ojalá pudiera comerme los demonios que acechan a la hora de desayunar, así quizá existieran días casi perfectos


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Comentarios sobre esta opinión
deviaje

deviaje

26.03.2010 14:09

Muy buena e interesante opinion, saludos.

amorci

amorci

23.03.2010 03:01

ups, pues pienso que hay que hacer algo más que comernos nuestros demonios, es no crearlos...es excepcional sin duda.

didiluna

didiluna

18.03.2010 16:55

Pues he sentido repulsion imaginandome esta escena, así que creo que era lo que querías, nos tenías que avisar que no leer esta opinion despues de comer, . El averno es el infierno , yo no quiero ir?. Un besito.

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