V.D. II - Sinceridad

5  16.03.2010

Ventajas:
Un poco más nostálgico

Desventajas:
Un poco más nostálgico

Recomendable: Sí 

poseido667

Sobre mí:

usuario desde:29.11.2002

Opiniones:335

Confianza conseguida:122

Comparte esta opinión en Google+
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 9 miembros de Ciao

Sinceridad. Durante un largo periodo de tiempo me he pasado lamentando lo que había pasado, intuyendo que mi pico de felicidad ya había tocado su punto álgido una vez y que ahora solo era cuesta abajo.


Pero no.


La vida no es así. Aún quedan cosas y personas que me enseñan que el cansancio es solo un estado mental.

Que sigo aquí.


Aquí, un estado físico y emocional.


El domingo fui al pinar a hacer jogging, que es esa manera que tienen (o tenemos ¿quién sabe?) los pijos de llamar al salir a correr de toda la vida.

El caso es que, tras algún accidentado percance en el sentido que mi Parvy pensaba que yo era asiduo al deporte y el hecho de que no hubiese cortado las etiquetas de mi chándal sin estrenar le demostraron que el mayor ejercicio qué hecho en mucho tiempo es desde la tabla del wii fit (y los jueguecitos divertidos no las flexiones).

Tras esos malentendidos sin importancia (sigo amando la naturaleza, al menos la parte que no me da alergia) me lancé a la tarea.

Mi problema es que a veces cuando quiero algo me empujo demasiado sin importarme mis propias barreras. No me gustan mis límites, no quiero saberlos, creo que a base de esfuerzo se pueden superar. Pero hay ciertas limitaciones que me frenan. Me refiero a las físicas, a las restricciones que la salud te da.


Digamos que tengo algo que afecta a mi circulación y mis nervios, y cuando una situación me lleva al extremo mi cuerpo se detiene.


Eso pasó el domingo. Fue algo desagradable que incluía vómitos de sangre, desmayos y toda esa mierda (y encima manché mi chándal nuevo).


Para mi es algo a lo que casi me acostumbro. Una fuerza inexpugnable que me frena por momentos. Pero para los de al lado es algo que asusta. No es fácil verme así. Lo comprendo. Lo respeto.


Imagino que debe dar miedo el ver a alguien a quien quieres forcejear con el dolor y la vida.


Y más si no habías avisado de nada. Entiendo el enfado. Respeto que mi Parvy se enfadará conmigo por no haberla contada nada acerca de mi estado y dejarla presionarme a niveles físicos. Pero al fin y al cabo fui yo el que quiso ponerme a ese extremo.


No lo sé. Voy camino de los dos años con consciencia de que en cualquier momento todo se va a desvanecer. Creo que he conseguido naturalizarlo en cierta manera. Asumir la muerte como una parte lógica de la vida. Aceptar el dolor como un pellizco de realidad que me indica que sigo vivo. Entenderlo. Creo que lo entiendo. Y no fue fácil. Eso lo puedo asegurar.


Pero no puedo forzar a todo el mundo a que vea el mundo como yo lo veo. Y sé que a mi me ha costado mucho tiempo, llegar a dónde estoy, y no creo ser capaz de acompañar a nadie por ese camino. Lo he intentado con personas muy determinadas y el resultado ha sido infructuoso y más doloroso de lo que parece.


Por eso tras el episodio del domingo, y una vez recuperado me ha acarreado el problema. Ella piensa que es una falta de confianza. Yo lo defino como autonomía.


Cada día me enfrento a las más terrible y desoladora oscuridad.

En cada momento me enfrento al miedo de mi propia extinción.


Cada vez que me tiembla la mano sin querer, que mi ojo no acierta a enfocar, que mi cara se queda ligeramente inmóvil, cada momento que siento mi sangre bombear por cada parte de mi cerebro, o que necesito mirar al suelo para tomar aire. En los ratos en que tengo que entornar las cejas para recordar tareas sencillas o me hago el despistado por no ser capaz de ejecutarlas. Cuando me siento incapaz de relacionar lo que existe en el mundo exterior con lo que pasa en mi cabeza o no logro entender las acciones que tengo enfrente. Cuando siento una fuerza dentro de mi que me haría destrozar todo o la ansiedad me ahoga como si tuviese una mano dentro que me deja vacío.


Soy yo el único que lucha cada día contra todo eso.


Día tras día.


El que mientras se retuerce de dolor sabe que después de eso vendrán las horas de después.


El que se ha ido en viajes agotadores para ver a médicos que me informan sobre mis propios beneficios. El que ha despertado en hospitales sin saber cómo ha llegado hasta allí. Soy yo el que queda cuando cierro los ojos tratando de no pensar en ello.


Por eso, hasta al paciente más humilde, a la persona más obediente se le da el permiso para elegir su propio tratamiento. Para decidir como vivir su vida, sin importar anillos de oro, ni acuerdos tácitos.


Decidiendo como sobrellevar mi enfermedad es como defino mi humanidad.


Quisiera ser feliz entre salas de espera y hospitales. Por la gente que quiero, me encantaría ser feliz en una lucha médica. Pero no lo he sido.


Y ahora simplemente elijo la vida, escojo el violento y sofocante enfoque de empujarme a través de maratonianas jornadas, de comida basura, de fiestas eternas, de hacer jogging hasta caer rendido… De vivir lo que no debo hacer.


Escojo vivir menos pero hacerlo. Porque, mi vida, si tengo que escoger entre el tratamiento o la muerte. Elijo la muerte.


Y hoy he vuelto a pensar.


No es que no lo haga normalmente, pero a veces pienso incluso más adentro. No sé si me explico. El pararme y mirar el mundo, el cerrar los ojos y descubrir qué sentimiento es el que se esconde cuando haces un suspiro profundo.


No lo sé describir.


Pero me ha hecho sentir bien.

Me ha hecho incluso escapar unas lágrimas de felicidad.

Me ha hecho sentirme aquí.


En un sentido físico y emocional.
Comparte esta opinión en Google+
Enlaces Patrocinados
Evaluar esta opinión

¿Cómo de útil te será esta opinión a la hora de tomar tu decisión de compra?

Directrices para las Evaluaciones

Comentarios sobre esta opinión
1000Luna

1000Luna

30.08.2010 01:05

No tengo palabras, no creo poder decir nada que te ayude, animo y cuidate mucho. Un abrazo.

sinuneuro

sinuneuro

20.03.2010 21:30

Precioso texto, me ha llegado, nos vemos.

rosape

rosape

19.03.2010 21:50

Estremecedor testimonio,.. Ante todo vive, como quieras o puedas hacerlo... Y aunque no lo creas solo que te abras un poco seguro que a tu alrededor hay personas que te entienden y te pueden echar una mano, aunque tu no lo veas. Un saludo

Escribe tu comentario

máximo 2000 alcanzado

  Publicar el comentario


Evaluaciones
Esta opinión sobre Tarde ha sido leída 203 veces por los usuarios:

"excepcional" por (11%):
  1. 1000Luna

"muy útil" por (89%):
  1. sinuneuro
  2. rosape
  3. JAVIERE28
y de usuarios adicionales 5

La evaluación total de esta opinión no es únicamente el promedio de las evaluaciones individuales.