Tarde

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Opinión sobre "Tarde"

publicada 27/03/2012 | La_cara_oculta
usuario desde : 15/12/2009
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"Amor perfecto"

Tarde ( imagen sacada de Google que representa a la protagonista)

Tarde ( imagen sacada de Google que representa a la protagonista)

Para andrea-marta, por inspirarme sin saberlo.

Te mereces algo mejor y más elaborado pero es lo que hay, preciosa. Gracias por ser mi amiga.

http://www.youtube.com/watch?v=4SsprYXKL_M

Esta noche siento un cosquilleo suave pero persistente que recorre mi columna vertebral, como si recibiera señales eléctricas de distinta intensidad que mi mente consciente no es capaz de descifrar. La deliciosa voz de Leonard Cohen mitiga mi soledad, alejando los viejos fantasmas como si fuera un ensalmo, me estiro felinamente y me masajeo la nuca mientras alejo la bandada de pensamientos de negras alas de mi mente. Lleno un vaso de Habana Club de siete años y le añado hielo, tras meditarlo un segundo me llevo el vaso y la botella al salón donde me instalo en mi campamento base, mi rincón favorito del sofá, descalza y vestida solamente con una camisa negra, holgada, de mangas largas y anchas que sin duda ha sido diseñada para una mujer de mayor estatura que la mía porque me sirve perfectamente de vestido y tras taparme con mi manta favorita, me dispongo a leer el libro que he empezado la pasada noche.

Todo parece perfecto, el ron calienta mi sangre fría de reptil revestido con carne humana y la voz de Leonard Cohen es tan exquisita que ciertamente resulta orgásmica. En algún momento, el sueño me vence y me deslizo hacia su umbral sin poder evitarlo, como si en ese extraño universo onírico me atrapara como la Montaña de Imán que aparece en un cuento de los viajes de Simbad el marino.

El sueño, pienso, todo comienza y termina en el sueño.

Me encuentro en una playa interminable de arena blanca con vetas doradas que resplandecen bajo el ardiente sol del mediodía, las olas que ya han expirado lamen mis pies descalzos con la cadencia de un amante mientras el viento juega con mis cabellos de un tono rubio tan claro que casi parece blanco; transcurren unos segundos mientras contemplo a una pareja de amantes que se dejan mecer por el ritmo ancestral de las olas o del amor, a unos niños jugando, una mujer bronceando su cuerpo de líneas praxitelianas. Entonces, te oigo pronunciar mi nombre y voy hacia ti con la presteza de una esclava que nada más tiene que hacer en el mundo que servirte y cumplir cada uno de tus deseos y permito que me rodees con tus brazos atrayéndome contra tu pecho donde reposo mi cabeza mientras el latir de tu corazón se confunde con el rumor del mar.

Una pasión más fuerte que nosotros mismos nos posee, somos esclavos del amor: tan solo podemos limitarnos a cumplir los roles que éste nos ha dado. Estás en mí y yo estoy en ti, hemos alcanzado el amor supremo que buscan los místicos, que rozan los poetas cuando recuerdan en sus versos los encuentros furtivos con la persona amada, la mezcla de saliva, de miembros entrelazados y de dos almas que se diluyen la una en la otra.

Y nos besamos como dos náufragos sedientos...

Siento la suave ligereza de unas sábanas blancas que huelen a primavera, un colchón se hunde ligeramente bajo nuestro peso y los viejos muelles de metal chirrían acompañando el sonido de mi risa. Cierras los ojos, me siento a horcajadas sobre ti y mis dedos recorren la llanura de tu pecho y se deslizan entre el suave vello oscuro que lo cubren , y todavía con la sonrisa en mi rostro te beso los párpados cerrados; luego me quito mi camisa vestido y permito que contemples mi cuerpo casi andrógino, sabiendo que a ti no te importa el pequeño tamaño de mis pechos ni la curva casi inexistente de mis caderas, un cuerpo que hace que todavía parezca una adolescente cuando rozo la cuarentena, hasta que se fijan en mi cara, en las ojeras marcadas y profundas que ni el maquillaje más sofisticado pueden disimular, en las lineas que endurecen mi mirada que recuerda a un cielo cubierto de nubes plomizas.

Nos amamos, pongo al limite tu resistencia y tu aguante pero tu juventud te conduce a la cima con facilidad, nos cubre una capa fina de sudor mientras nos enzarzamos en una batalla en la que no puede haber vencedor ni vencido. Somos fuego y agua, nos consumimos el uno al otro, nos ahogamos, tú eres todos los hombres que han habitado el mundo y yo todas las mujeres

Exhausta, sonrío a tu lado pensando que quizá la sociedad me condene por amar a un hombre casi veinte años más joven que yo. ¡Podría ser tu hijo! Dirían en tono acusador. No, no podría, la naturaleza me ha negado la maternidad biológica, aunque a mí eso jamás me ha importado ni he sentido esa necesidad. Sólo te necesito a ti, nada más. Juegas con mi pelo, soy rubia natural pero me lo tiño de un tono más claro que el mío.

—Tenemos que hablar— me dices

—¿Ahora?

—Sí.

—Dime, ¿ qué es lo que te preocupa?

—No podemos seguir así, escondiéndonos de tu marido como dos criminales que se ocultan de la justicia: nos amamos.

—No lo entiendes, no puedo dejarlo, cariño.

—¿No puedes o no quieres?

—Ambas cosas...

—Entonces, yo te dejaré a ti.

Ignoro cuánto tiempo he dormido, todavía suena la música de Cohen y su voz que es mi perenne compañía. Lleno el vaso vacío de ron casi hasta el borde, sin añadirle hielo y bebo un trago tras otro. Maldito, pienso, todavía me sigues atormentando. Nuestro amor era tan perfecto que era imposible para este mundo.

De nuevo, vuelvo a sentir el cosquilleo en la columna vertebral y siento que la temperatura del salón desciende varios grados. Hace frío, a pesar de que la calefacción está puesta. Quizá estoy más ebria de lo que supongo pero no me preocupa en absoluto.

—Te tiemblan las manos, ¿estás nerviosa?

Me vuelvo a mirarte, como cada noche estás sentado en la esquina opuesta del sofá y me muerdo la lengua para no soltar la respuesta sarcástica que tengo en la punta; después de todo sé que puedes leer mi mente como si de un libro abierto se tratara.

—Estoy cansada, mi amor, acompáñame a la cama

Me miras con tus ojos azules, pareces mucho más agotado que yo: tu piel antaño bronceada aparece pálida, macilenta, tienes el cabello revuelto y la sangre mana de una herida abierta en tu sien izquierda, aunque parece que no te percatas de ello. Enterré tu cadáver en la vieja casa de mis abuelos, después de conducir durante horas con tu cuerpo metido dentro de una bolsa de plástico, ni siquiera sé como pude contigo. Te estás pudriendo en una tumba improvisada pero permaneces conmigo, nuestro amor es perfecto.

Estoy de nuevo en el sueño, embriagada por el aroma de tu piel, la luz del sol penetra oblicuamente por la ventana, acariciando nuestros cuerpos desnudos.

—No lo dirás en serio, ¿verdad?

—Sí.

—Oh, mi amor, no—te sonrió aunque tienes los ojos cerrados—. No puedes dejarme.

Sobre la mesita de noche que hay a mi lado de la cama, hay una pequeña escultura de bronce que representa a un hada del bosque o cualquier espécimen mitológico que no domino. Mi mano se cierra sobre ella, el metal está frío al tacto.
Un segundo después la descargo con fuerza inhumana sobre tu cabeza y te golpeo una y otra vez sin que puedas reaccionar, partiendo tu cráneo, llevándote a la muerte.

Sí, realmente en el sueño empieza y termina todo.

Tu alma descarnada comienza a sollozar, recordando.

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Comentarios en esta opinión

  • DannyFlynn publicada 30/04/2012
    ...bueno... Sinceramente, lo unico mejorable a est relato es que pusieras "pequeña historia autobiografica" y asi nos acojonarias a todos. Para un andaluz, nada es perfecto si no tiene broma... =) Increible texto...siento haber tardado, creeme...
  • allegro publicada 28/04/2012
    También te hubiese podido inspirar la crónica negra de cualquier ciudad, día si y otro también, o casi.Y tranquila, no me espero devoluciones ni valoraciones, a pesar de leer "aquellos usuarios que me interesan" me interesa también no encerrarme en mi torre de marfil
  • J.Stark publicada 08/04/2012
    ¡Vaya pájara! Cuanta maldad cabe en un cuerpo tan chiquitin, caramba. Me encanta, me encanta. Y si, Ros tiene esa cualidad la muy sinvergüenza. Besos
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