Tecnocasa

Opinión sobre

Tecnocasa

Impresión Total (21): Evaluación Total Tecnocasa

 

Todas las opiniones sobre Tecnocasa

 Escribir mi propia opinión


 


Inasequibles al desaliento

3  18.06.2007

Ventajas:
A mí no me fué demasiado mal

Desventajas:
Lo peor vino al final

Recomendable: Sí 

MorenoSister

Sobre mí: "Perdona si te estoy llamando en este momento, pero me hacía falta escuchar de nuevo, aunque se...

usuario desde:27.02.2007

Opiniones:445

Confianza conseguida:238

Comparte esta opinión en Google+
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 19 miembros de Ciao

Llevaba ya una temporada dándole vueltas a escribir una opi sobre esta franquicia y he aprovechado para darme una vuelta por otras que habéis escrito por aquí para ver si coincidían con mis consideraciones. En general sí, aunque en un caso me he enterado de primera mano cómo se trabaja desde dentro y ha sido realmente aleccionador. Me ha dado hasta miedo. Como ya he hecho en la mayor parte de lo que he escrito me voy a limitar a contar mi experiencia con ellos y las conclusiones que saqué de todo ello, que fueron , al menos, curiosas.

No he necesitado hacer uso de inmobiliarias en demasiadas ocasiones. Antes de casarme utilicé los servicios de una para comprar mi piso y visité tres o cuatro antes con bastante inocencia, a ver qué me ofrecían. Si me incliné por la última de ellas fué porque por fín me enseñaban pisos que no tenía que tirar enteros y empezar de nuevo (cada vez que me acuerdo de un vater metido en un armario empotrado me entran escalofríos) y porque sus comisiones entraban dentro de lo razonable, sin buscar la rapiña pura y dura. Claro, las cosas no eran como ahora, había menos negocios de este tipo, por lo que la competencia no era tan feroz. Había que plegarse un poco a lo que te marcaban. Compré mi piso, me solucionaron el papeleo, firmamos y se acabó. Nunca volví a saber de ellos ni ellos de mí. Una transacción más.

Al año y medio de morir mi madre, mi hermana y yo nos planteamos vender su casa. Los gastos que generaba vacía, aunque no eran exagerados, nos suponían un desembolso mensual majete, asi que optamos por la solución más práctica. Nos daba cierta pena: habíamos vivido allí muchos años, pero también es cierto que la mayor parte de nuestros recuerdos no era fabulosa, asi que eso: borrón y cuenta nueva. El problema era que ninguna de las dos vivíamos en Getafe, que es dónde estaba el piso, por lo que la opción más cómoda era ponerlo en manos de una inmobiliaria que se ocupase de enseñarlo y de estar pendiente de todo. Nos planteamos visitar algunas de nuestro antiguo barrio para ver qué perspectivas había hasta que una vecina y buena amiga de mamá nos habló de Tecnocasa. Hacía unos meses que trabajaban en la zona con la oficina un par de calles por encima de la nuestra. A su hija le habían vendido la casa rapidito y sin complicaciones. También nos dijo que no se llevaban demasiada comisión, que fuésemos a preguntar, que no perdíamos nada. Y eso hicimos.

El mayor problema que teníamos entonces era que mi hermana estaba embarazada de 7 meses y encima trabajaba por las tardes, con lo que su tiempo estaba limitado. Decidimos que yo visitaría Tecnocasa y le iría contando. Como hay confianza, si a mí me parecía bien, a ella también. La primera vez que me pasé por allí me sorprendió en ambiente uniforme que se respiraba. Cuatro mesas, dos a cada lado de la oficina, con su respectivo vendedor. Me hizo gracia porque fué cruzar el umbral y que los cuatro se levantaron al unísono como impulsados por un resorte. No, no era cuestión de exquisita educación por la presencia de una señora, sino ver quién se quedaba con el posible cliente, me temo. Otro señor, que estaba al fondo y debía ser el jefe, encargado o similar, dijo "que se encargue Wilson". Y como el de Camera Café, Wison se encarga.

Este chico era sudamericano, no se muy bien si de Ecuador o Colombia. Educado, atento y con buenas maneras, aunque un tanto impaciente. Le expuse el motivo de mi visita y él se ofreció a hacer una tasación gratuita del piso para valorarlo y poner el mejor precio para nosotras (y para ellos, obviamente). También se encargaban del tema de la plusvalía y otros papeleos cuyos importes se nos descontarían del precio de venta junto con su comisión y que nos justificarían mediante factura. Lo que más me llamó la atención fué un gran cartel que había colgado a su espalda que recogía los nombres de los vendedores y a su lado todo tipo de marcas con las visitas realizadas, las ventas, los incentivos y cosas así, escritas a rotulador sobre cartulina tamaño king size. También había avisos para seminarios y frases relativas al trabajo y a la constancia, como si se tratase de un credo. Curioso cuando menos. A la tarde siguiente pasaron a tasar el piso, lo midieron, consultaron las escrituras, lo miraron de arriba a abajo y quedaron en darme una respuesta en un par de días.

A mí me recordaban a los hombres de negro. Por entonces no todos llevaban la corbata verde, pero sí el mismo nudo, uno gordo y complicado de hacer que, sinceramente, sentaba fatal. Los trajes invariablemente oscuros, igual que los zapatos. Tampoco podía dejar de pensar en lo mormones, tan igualitos y trajeaditos todos, paseando a pleno sol por las calles con su Biblia bajo el brazo. Para la entrega de la tasación vino también mi hermana. El precio al que se podía vender era más o menos lo que habíamos calculado y nos pareció bien. Firmamos un contrato de exclusiva, es decir, que no podíamos vender el piso más que a través de ellos durante seis meses, aunque no creían que se tardase tanto en venderlo. Les dimos un juego de llaves y ellos colgaron el cartelito de "Se vende" en la terraza. Su compromiso incluía también llamadas cada dos o tres días para informarnos de las visitas y de las personas que se interesaban por el piso. Para nosotras era cómodo, asi que lo dejamos en sus manos.

Mientras tanto mi hermana, mi cuñado, mi marido y yo, con la inestimable ayuda de mis tíos, nos pusimos los fines de semana a desalojar un poco la casa de cosas. Lo que nos gustaba a alguno pues "a la saca" y lo que no, se iba amontonando para llevar al punto limpio. Cosas de mi madre realmente ya no había. A raíz de su muerte, mi hermana y yo nos habíamos repartido sus escasas cosas de valor, asi que ahora eran todo muebles y enseres que casi ni servían. Con la cocina no nos atrevimos a hacer nada, porque tenía la instalación de gas natural en toda su longitud y tras los muebles, pero imaginamos que quien viniera a vivir la reformaría, porque tenía ya muchos años y estaba bastante "demodé" y estropeadita. Se lo dijimos a Wilson, así como le dijimos que había algunas cosas que íbamos a dejar, porque no contábamos con furgoneta para llevarlas. Los muebles más grandes y en mejor estado los dimos a una asociación, Betel, que restauran muebles y los venden de segunda mano para dar trabajo a drogadictos en recuperación.

El piso llevaba mes y medio en venta cuando Wilson nos avisó de que había una pareja muy interesada en él, pero que ofrecían casi un millón menos (en pesetas, todavía para ésto no puedo pensar en euros). Le dijimos que no nos corría prisa venderlo y que queríamos el precio pactado. Que siguiese buscando si hacía falta. Desde ese momento las llamadas se sucedieron en intervalos de mañana y tarde. Que si ya había hablado con los posibles compradores. Que si se lo estaban pensando. Que si se lo volvían a pensar. Que si esa tarde volvería a llamarlos. Acabé por decirle a Wilson que no hacía falta un seguimiento tan detallado, que cuando hubiese noticias que me lo comunicara. Al final la pareja dijo que sí, que de acuerdo. Bien, hasta aquí todo perfecto: venta consumada y plazo bien corto, aunque no puedo dejar de pensar que si a mí me hacía tantas llamadas sólo para informarme de cómo iba la cosa cuántas no haría a esta pareja para convencerles o meterles prisa.

Estábamos ya a primeros de noviembre y aceleramos la limpieza de trastos del piso, pero no nos era posible hacerlo tan rápido como queríamos al no coincidir todos los mismos días. Además a mi hermana le faltaba una semana para salir de cuentas y no estaba para cargar peso. Wilson se pasó un par de tardes por allí y acabó por quedarse con los muebles del dormitorio por que le venían genial para el piso que se acababa de comprar. Nosotros los íbamos a dar de todas formas, asi que nos pareció de perlas que se los quedara él. Además nos empezaba a a dar pena, porque parecía realmente agobiado por los resultados de cara a su trabajo y a su jefe. Nos contó que por la mañana tenían que salir por la zona que tenían marcada como propia para comprobar si había pisos en venta, preguntar a los vecinos, mirar en periódicos, todo para hacerse con el mayor número de contratos de exclusiva posibles. Luego se iba a comer y por la tarde debía estar en la oficina dedicándose a los clientes que ya tenía, fuesen compradores o vendedores, actualizar datos, enseñar viviendas y, si llegaba el caso, atender a quien pasase por allí. Eran un montón de horas y al pobre se le vía bastante cansado. Mi hermana y yo pensábamos que no iba a durar mucho en la empresa, porque tenía un carácter bastante apocado en comparación con el resto de venderores que habíamos visto en la oficina, que parecían cargados con pilas alcalinas.

Se pactó una fecha para acudir al notario y formalizar la venta. Le volvimos a insistir a Wilson y también lo comunicamos por escrito a su jefe, que en el piso iban a quedar algunos muebles sin importancia y un sofá. El nos dijo que no había problema, porque la pareja que lo compraba tenía intención de reformarlo por entero y que ya se encargarían de tirarlos. Repetimos igualmente lo de la cocina, que no nos habíamos atrevido a tocarla para no salir volando con edificio y todo y él volvió a insistir que sus otros clientes lo sabían y que no nos preocuparamos de nada. En esos días nació mi sobrino y todo este tema lo dejamos un poco de lado hasta que llegó el día de la firma. A ella vinieron Wilson y su jefe, con su habitual traje y nudo de corbata extraño, casi marcando el paso. Creo que se movían a la vez o al menos eso parecía. La pareja compradora también era un poco "distinta": sólo saludaron, nos dieron la mano y no volvieron a abrir la boca en todo el proceso. Eso sí, nos miraban mucho. Raritos un rato largo, los tíos. Firmas, comprobaciones legales, talón que cambia de manos y fín de la visita al notario.

Wilson y su jefe nos despidieron efusivamente a la salida y todos nos marchamos a nuestra casa. Mi hermana y yo considerábamos el asunto finiquitado, pero no. De ninguna manera. No había pasado una semana de ésto cuando Wilson volvió a llamar diciendo que tenía problemas con los compradores porque no hacían más que quejarse de cómo habíamos dejado la casa. Me faltó poco para contestarle mal, pero me contuve y me remití a lo que habíamos pactado con él y con su oficina por escrito. Si según ellos no había problema quince días antes por qué ahora sí. Al chico yo le notaba algo más que agobiado. Terminó por confesarme que a su jefe no le gustaba cómo había llevado la venta y que le echaba broncas a diario. Le dije que lo sentía mucho, pero que yo había cumplido con mi obligación y no había mentido a nadie, que lo solucionaran ellos. Pasó otra semana y creí que todo había pasado ya a la historia, cuando una noche, cerca de las diez y media recibo una llamada del nuevo propietario hecho un basilisco poniéndome de vuelta y media porque, según él, le habíamos engañado, no le habíamos dejado el piso vacío y otra sarta de cosas similares. Imaginaos mi pasmo. Me remití a lo pactado con los intermediarios y acabé por preguntarle de dónde había sacado mi teléfono. Y oh, sorpresa. Se lo había dado el jefe de la oficina para que solucionase el tema con nosotros directamente. Vaya, vaya.

Por la mañana hablé con Wilson tratando de contener el cabreo y él me pidió disculpas, que estos chicos habían llegado dando voces, que su jefe se había enfadado mucho. Le dije si no les había explicado el pacto al que habíamos llegado con respecto a los dichosos muebles y el se escudó en que no creía que la cosa fuese para tanto porque mucha gente dejaba cosas en los pisos y no pasaba nada. Tras unos días más de tira y afloja y una conversación bastante tensa con el jefe de la oficina (en la que él se creía que estaba hablando con alguna lerda y no hacía más que soltarme legalismos, la mayor parte de ellos inventados o traídos por los pelos para pretender impresionarme, supongo), me desentendí por completo del asunto. Volví a mi vida normal y, aunque encontré un par de mensajes en el contestador con la misma historia, no devolví las llamadas. Me habían vendido el piso, que era para lo que les había contratado, y se acabó. Fín de la historia.

No se qué habrá sido de Wilson y de su jefe o de la oficina, porque hace ya mucho que no he vuelto por allí. La pareja que compró el piso lo reformó por completo, según me dijeron las vecinas de toda la vida, dejándolo bastante bonito y a los dos años volvieron a ponerlo a la venta. Las oficinas de Tecnocasa han crecido como las setas, llenas de chicos animosos vestidos de oscuro y, ahora, con corbata verde todos. De vez en cuando pasan por mi casa para dejarme su revistilla y preguntarme si conozco algún piso que se venda por la zona. Nunca viene el mismo, por lo que creo que duran poco en el puesto. "El trabajo dignifica", ponía en aquella cartulina king size de la oficina de Getafe. Y también estresa a sus vendedores, le diría yo.

Igual que me ocurrió con Vitaldent, todo esto me sirvió para darme cuenta de que las franquicias no son una panacea para nadie. Demasiado tratamiento lineal para ganar el mayor dinero posible y poca psicología del cliente, que siempre hay que tener por toneladas cuando estás cara al público. Cada uno puede contar la feria según le haya ido. Para mí, cumplieron su parte, pero soltaron al viento flecos que debían haber recortado por sí mismos. Espero que a los demás, si usais sus servicios, os vaya un poquito mejor.

Comparte esta opinión en Google+
Enlaces Patrocinados
Evaluar esta opinión

¿Cómo de útil te será esta opinión a la hora de tomar tu decisión de compra?

Directrices para las Evaluaciones

Comentarios sobre esta opinión
hada1711

hada1711

24.06.2007 00:40

;p

susiky1

susiky1

23.06.2007 14:09

En Mapfre las cosas funcionan como en el tecnocasa, también tienen esos carteles con las ventas y los incentivos, si llegan a una determinada venta consiguen una plancha y así, hasta llegar a un viaje ... Es una mafia, porque les da igual el cliente con tal de hacer la venta ... Y lo explotados que tienen a los que curran allí. Uno de los primeros curros de mi hermano fue en tecnocasa, terminó hartito y se piró en cuanto le salió otra cosa. Un besín

xelaima21

xelaima21

19.06.2007 12:30

te mereces este excepcional

Escribe tu comentario

máximo 2000 alcanzado

  Publicar el comentario


Evaluaciones
Esta opinión sobre Tecnocasa ha sido leída 3626 veces por los usuarios:

"excepcional" por (31%):
  1. hada1711
  2. xelaima21
  3. VALDERADUEY
y de usuarios adicionales 6

"muy útil" por (69%):
  1. fenixgaditano
  2. NejiBcn
  3. MeriSev
y de usuarios adicionales 17

La evaluación total de esta opinión no es únicamente el promedio de las evaluaciones individuales.
Productos interesantes para Usted
Century 21 Century 21
Inmobiliarias Offline - Andalucía
5 Opiniones
Compra ahora
Villas Turísticas
Inmobiliarias Offline - Andalucía
5 Opiniones
Compra ahora
Llave en mano,Málaga Llave en mano,Málaga
Inmobiliarias Offline - Andalucía
4 Opiniones
Compra ahora