La Ocasional historia de Thunderbolt Prim

1  21.12.2006

Ventajas:
mejor que mis demonios salgan de mi cabeza un rato de paseo

Desventajas:
volverán cual oscuros golondrinos

Recomendable: No 

El_Fistro_Mejiede

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Érase que se era que ya no se es pero se era que existía un lejano país para los países que estuvieran lejos de él, llamado Laputa. En Laputa no había liliputienses pero sí una curiosa gente con un don divino, que no era cantar la marsellesa en fa, sino estar dotados de fantásticos poderes ocasionales. Sus habitantes, no siempre, pero sí en ocasiones, realizaban proezas sobrehumanas; y alguno incluso infrahumanas. Así, en este mundo que era una isla sin par donde hay escondido un tesoro en él, la magia de un laberinto que siempre quedo atrapado en él, nació un buen día Thunderbolt Prim, el Hombre que en Ocasiones Realizaba Milagros.

Cuando nació la madre de Thunderbolt Prim no sabía que le daría a luz, dado que ella no era más que una recién nacida. Incluso Thunderbolt desconocía que su madre le daría a luz, ya que aún no había sido concebido y además su abuela seguía chillando como una cerda. Del señor Prim nunca se supo nada, porque era el Hombre que en Ocasiones Embarazaba Albinas, con tal mala suerte que Lajacapaca, madre de Thunderbolt, había nacido con el estigma de, en Ocasiones, Miccionar Melanina.

Así pues, un día de una era, en una era, Lajacapa, blanca como la tapadera de un bote de pegamento Imedio que fuera blanca, sintió ser preñada de un ser por un ser, el señor Prim, pero ella no lo sabía. Margarita, la Mujer que en Ocasiones Vomitaba Nonatos, le sirvió de comadrona, y así, en la taza de un retrete, comenzó sus días el bienamado hacedor, en ocasiones, de milagros: Thunderbolt Prim.

La infancia de Thunderbolt fue plácida y hogareña. Su tata, la Mujer que en Ocasiones Planchaba Pterodáctilos le trataba con cariño y le llenaba de arrullos. A veces los antiguos dinosaurios voladores extintos pugnaban por escapar del vapor de la plancha, una Tefal 120, pero por lo demás nada perturbaba su niñez. Quizá sólo le perseguía una cuita, además de Hackelberry Joe, el Pequeño Bastardo que en Ocasiones Acechaba Imberbes; pero no era demasiado molesta para un niño paciente. Lo que le conturbaba era no conocer su don. Pasaban los días y no acababa de encontrar su sitio en Laputa. Vivir con la certeza de tener una misión en el mundo y un don en la tierra podía convertirse en una maldición. "¿Para qué estoy aquí?", se preguntaba.

Así que un buen día, a la edad de 12 años y tres nanosegundos partió en busca de la verdad al templo de Salomón, el Hombre que en Ocasiones Auscultaba Pretéritos Pluscuamperfectos. A la entrada del templo, algunos senadores, sabios ancianos más ancianos que sabios, discutían sobre la verdadera edad del universo, la posibilidad de la generación espontánea de la vida a partir de una sopa inorgánica de elementos y los pechos de silicona. La discusión era ciertamente encendida y atrajo la atención de Thunderbolt. Julius J. Reilly, el Anciano que en Ocasiones Depilaba Cucurbitáceas, mantenía una postura inflexible acerca de la supremacía de la esfera artificial sobre la carne antiantigravitatoria en los senos. Peter McGuiligudi, el Hombre que en Ocasiones Ejercía su Don de Manera Permanente, en cambio, se inclinaba por la edad. Además decía que "donde este una buena carnaca de toa la vida que se quite to lo demá". En un punto medio, El Viejo Trotaconventos, que en Ocasiones Troquelaba Dirigibles, llegaba a la trascendental conclusión de que "a buen hambre no hay pan duro" y, lo que es más, "que estamos como pa elegir". Thunderbolt, desolado, decidió que allí no encontraría más que parásitos y liendres, y empezó a vagar, algo que no le era desconocido, debido a su escasa aplicación a los estudios.

Errante pues, se adentró en el desierto que rodeaba Laputa. Hacía calor y, salvo las puntuales y refrescantes visitas de Tommy Strangelove, el Malabarista que en Ocasiones Expectoraba Monzones, no encontraba sosiego para su sed, de agua y de conocimientos.

[continuará...]

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Comentarios sobre esta opinión
yknsay

yknsay

22.06.2007 02:09

"Érase que se era que ya no se es pero se era que existía un lejano país para los países que estuvieran lejos de él, llamado Laputa." Un comienzo curioso, pero divertido. Ahora te invito a leerme Pangea, un relato breve, pero hecho con mucha ilusión. Un saludo.

Crrono

Crrono

09.01.2007 10:38

Juas juas juas.... no se si eres ese hombre que en ocasiones escribia relatos raros de caballeros andantes al mas estilo los de la mesa cuadrada, pero igual yo soy el que en ocasiones se equivoca. Aun asi me ha gustado leer la historia de ese lugar llamado laputa y de sus habitantes.

hoc1313

hoc1313

23.12.2006 14:17

Miccionar melanina jajajaja.Muy bueno!! Toy esperando impaciente la segunda parte jajaja.Un día de estos me tengo que poner y escribir un relato de los mios.

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