Textos dramáticos

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Opinión sobre "Textos dramáticos"

publicada 11/07/2008 | solycar2
usuario desde : 04/06/2008
Opiniones : 44
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Sobre mí :
Excelente
Ventajas NO COMMENT
Desventajas IDEM
muy útil

"EL NECROMANCER Y CIGNUS (I)"

Este es el Necromancer, pero con unos añitos menos.

Este es el Necromancer, pero con unos añitos menos.

Caminaba con paso inseguro. No estaba del todo convencido de lo que iba a hacer, pero sentía la necesidad de hacerlo. Estaba atrapado en esa vida que no le ofrecía nada, que mataba su espíritu, que endurecía su corazón, que no le reportaba nada, excepto monotonía y desesperanza.
Aquella vida que soñó idílica había quedado atrás. La pareja, el trabajo, formar una familia, conseguir metas materiales, ambicionar una mejor posición social y económica…todo se tornaba en su interior como un envoltorio baladí de un vacío que nada podía llenar; sabía, o mejor sentía, que algo le faltaba, y ese algo lo había dejado atrás hace mucho, muchísimo tiempo.
Necesitaba volver a aquella Edad de Oro particular, donde los sueños podían convertirse en realidad, donde las ilusiones formaban parte de la realidad, era una época de su vida evidente que habitaba solamente en sus recuerdos, en su memoria sentimental, pero ahora sabía que todo podía cambiar.
Una noche tuvo la revelación. En mitad de un sueño, soñaba que volaba como un pájaro, mirando desde la altura el mundo que conocía. Pero no era el mundo presente, sino el de una infancia ya perdida para siempre.
Poco a poco, sueño a sueño, la imagen onírica se iba perfilando. El ave se fue mostrando como un halcón de alas oscuras y pecho marrón, que daba vueltas alrededor de un punto fijo en la tierra. Siempre eran 10 vueltas. Se posaba y el sueño acababa.
Una noche, la enésima que el halcón lo visitó en sueños, sintió la necesidad de abandonar el lecho y salir fuera de casa. Se vistió en silencio, sin despertar a su mujer, y encaminó sus pasos con rumbo indeterminado. En el corazón de la madrugada, todas las calles parecían la misma, apenas algún bar abierto, un par de vagabundos durmiendo sobre desvencijados bancos, un coche buscando alguna chica para proporcionar compañía, pero nada especial.
Así, sin darse cuenta, se encontró en la entrada de una calleja estrecha. Al mirar hacia la placa, la sorpresa le hizo parpadear para ver si había visto bien: "Calle del Halcón", rezaba el letrero. Asimilando la coincidencia, se adentró por aquel angosto pasadizo, hasta que llegó a un portal de un vetusto edificio, de sólo un par de plantas, con el número 10 en su puerta. Como impulsado por un resorte, subió los cuatro escalones que invitaban a entrar. En la puerta, comprobó que el edificio estaba abandonado, excepto en una de sus puertas. La correspondencia acumulada en el buzón daba fe de ello.
Pulsó el timbre. No funcionaba pero sin embargo el portón estaba abierto, carecía de cerradura. Se encaminó a la segunda planta, donde vivía el único inquilino, y ante la puerta, dudó, pues a esas horas, no podía sino molestar. Sin embargo, impelido por un deseo irrefrenable, golpeó el picaporte de la entrada.
Apenas espero. En brevísimos segundos la puerta se abrió.
-Pasa, te estaba esperando- Un individuo de avanzada edad, casi un anciano, de larga barba encanecida, cabello hirsuto y ropajes oscuros lo recibió. Su cuerpo estaba encorvado por la edad, se movía lentamente, pero la vivacidad y la inteligencia refulgían en sus intensos ojos negros.
-¿Porqué estoy aquí? Preguntó el hombre, sorprendiéndose a sí mismo de hacer una pregunta tan extraña.
-Porque el halcón te ha guiado, no le des más vueltas- Replicó el anciano.
-Me llamo, o mejor dicho, me llaman Necromancer. Domino el tiempo y los arcanos. A través de tus sueños, de tus profundos anhelos, has contactado con el umbral de mi sabiduría, y te he llamado. Voy a proponerte algo. Espero que tu respuesta sea afirmativa.
-¿De qué se trata? A estas alturas, al soñador ya no le sorprendía nada.
-Dime tu nombre al menos- respondió el viejo, quiero saber con quien hablo.
- Bien, soy Cignus, y ya que sabes lo que pretendo, dime cual es el trato.
- Verás, sé que quieres volver a ese mundo del que nunca debieras haber salido, ¿verdad? Pues yo te ofrezco la posibilidad. Debes estar dispuesto a dejar atrás tu vida pasada, tu mujer, tus hijos…todo. ¿Te atreverás?
- Si me lo puedes dar, por supuesto ¿Cuál es el precio?
- Evidentemente, el de siempre cuando la magia es más poderosa que la propia vida. Me darás tu alma. No es mucho pedir, ¿verdad?
Las palabras del Necromancer son como dardos que se clavan en la mente de Cignus. Éste analiza la proposición en cuestión de segundos, pero no duda. Lo quiere dejar todo atrás, quiere volver al pasado.
-De acuerdo- responde ¿Qué quieres que haga?, ¿Tal vez algún ritual especial, un juramento de sangre o…?
- Nada de eso. Será la música. Mi conjuro se efectuará acompañado del batir del tambor, será esa secuencia hipnótica la que te lleve al lugar soñado, ¿dispuesto?
-Empecemos cuanto antes, ¿Dónde está ese tambor?
Y en un rincón de la sucia y mohosa habitación, en Necromancer quita un viejísimo paño y bajo el mismo, asoma un timbal. Antiquísimo, con su cuerpo en madera oscura, tal que ébano, labrado en multitud de tallas que representan figuras humanas en las más increíbles formas y posiciones, con un nexo en común: el dolor reflejado en sus rostros y cuerpos. Tal filigrana está coronada por el corazón del tambor, confeccionado con una piel de aspecto sospechosamente humano. Y para tocar, dos mazos rematados por sendas calaveras de tamaño diminuto.
El hombre se sienta en el suelo, con los pies cruzados,
-Ahora- dice el mago - empezaré con mis rezos. Lleva el ritmo al compás de mis frases. Es sencillo, saldrá por sí mismo. Por favor, enciende esas velas y apaga la luz.
Cignus hace tal como le han dicho y, una vez en la penumbra, el anciano comienza su letanía, se inicia la liturgia del misterioso conjuro. En un idioma ininteligible, las palabras brotan en un tono ronco, oscuro y profundo. A una señal, el enorme timbal empieza a ser golpeado.
-Beat the drum, beat the drum, beat the drum…-. No puede dejar de pensar en esa frase mientras golpea, una y otra vez, de forma mecánica, con igual intensidad, al mismo ritmo que las frases del brujo. Poco a poco, la conciencia comienza a desvanecerse, va entrando en una ensoñación, va dejando de ser dueño de sus sentidos…

CONTINUARÁ

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Comentarios en esta opinión

  • Anusky69 publicada 28/07/2008
    Holaaaa, me ha gustado mucho tu relato voy a ver el segundo, un besoooo
  • Marfrica publicada 16/07/2008
    Interesante. Te sigo leyendo. Un beso
  • guantanamo publicada 15/07/2008
    Esta muy bien espero la continuación Saludos
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Incluido en Ciao desde: 14/06/2003