Quién no conoce a estas alturas a Mike Oldfield. Creo que más importante que resumir aquí aspectos de su biografía, que casi todos conocen aun sucintamente, es situar esta obra dentro del contexto de la carrera del inglés.
Este disco vino precedido de Tubular Bells II, que fue el primero que grabó con la discográfica Warner después de haber estado ligado durante nada menos que 18 años con Virgin Records. Su relación con esta discográfica y con Richard Branson acabó realmente deteriorada (hasta el punto de que le insultó públicamente en un disco mediante el famoso mensaje en morse de "Amarok"), y, tras unos cuantos trabajos sin demasiada repercusión mediática, compuso y publicó su Tubular Bells II, que le lanzó de nuevo al estrellato.
Tras este éxito, vino The Songs of Distant Earth, que supuso, para los más puristas seguidores de Mike Oldfield, un sacrilegio a la que había sido siempre su filosofía: la utilización de instrumentos tradicionales. Este disco requirió de Mike Oldfield el aprendizaje de una manera de trabajar absolutamente novedosa para él: sintetizadores, programas de ordenador, cajas de ritmos y tan sólo un instrumento tradicional: la guitarra (con muchas y variadas distorsiones). Muchos no se esperaban en absoluto un disco como éste, y recibió algunas críticas en contra, aunque fue prácticamente unánime la buena aceptación. Desde mi punto de vista, éste fue un punto de inflexión en la carrera del de Reading, puesto que a partir de este momento, fue creciendo el uso de ordenadores y sintetizadores en sus discos: Tubular Bells III, Millennium Bell, Light & Shade... De hecho, se presentó con una pista interactiva para Mac que no funcionó demasiado bien en el mercado, debido a que por aquel año, 1994, casi nadie poseía ordenadores de este tipo.
En mi opinión, el disco es extraordinariamente bello. Supone la banda sonora del libro homónimo de Arthur C. Clarke, en el que se narra cómo un grupo de terrícolas, los últimos supervivientes de nuestro planeta, emprenden un viaje hacia otro mundo.
Siguiendo un patrón que está casi siempre presente en sus grandes obras instrumentales, hay varias melodías que se repiten a lo largo de las diferentes canciones. Son canciones con mucha textura, con sonidos ambientales que te deslumbran, con cambios de ritmo impresionantes y con un éxtasis final brutal en la penúltima canción, que sirve de resumen a todo el viaje anterior (no en vano, en esta canción existen sonidos y melodías de todas y cada una de las canciones anteriores).
Un disco revolucionario, perfectamente compuesto y producido y con una belleza sublime. Sin duda, altamente recomendable.