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Opiniones escritas

desde 21/01/2011

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Por la letra C 13/12/2014

Darwin y la ciencia-ficción

Por la letra C Como todo el mundo sabe, la Ilustración fue un fenómeno -o un movimiento, para quien prefiera calificarlo de ese modo- de índole social, política, cultural, artística, religiosa y científica. En fin, una nueva forma de pensamiento, un espíritu nuevo que, sustentándose sobre una confianza sin límite en las potencialidades de la razón humana y afirmándose entre los hombres merced a una educación (ilustración, precisamente) deliberadamente calculada para que tomen conciencia de su valor como seres humanos libres, autónomos y capaces, se extendió por Europa durante el siglo XVIII. El movimiento tuvo su origen en la Inglaterra del siglo anterior, donde recibieron a su modo las enseñanzas de Descartes -pero también de su Fancis Bacon- y las fueron madurando hasta desembocar en la figura de Locke; de allí se exportó a Francia, donde culminó con su célebre Revolución de 1789 que, como a menudo les ocurre a las revoluciones, fue de todo menos civilizada. De Francia se exportó al resto de Europa. Kant, un alemán, la definió con su famosísimo "sapere aude", es decir: atreverse a considerar todas las cosas a la luz de la propia razón. Y, finalmente, gracias a los esfuerzos de Pepe Botella y de nuestro amadísimo Fernando VII, el siglo que viene llegará a España, cuando los bisnietos de los políticos que actualmente nos mangonean se decidan al disfrute tranquilo y civilizado de lo que sus bisabuelos no se hayan gastado en putas. Entre las consecuencias de la Ilustración -quizá sea una ...

Forrest Gump - DVD 21/11/2014

Forrest Gump y cada una de las florecillas del campo

Forrest Gump - DVD Llevo varios meses dándole vueltas al problema de cómo comenzar, y no hallo otro modo de hacerlo que no sea de manera tangencial, indirecta, sin ir directamente al grano. Y además, tal como es mi costumbre, de forma bastante asistemática. Por eso me he permitido la libertad de traer a vuestra consideración esta película que en su tiempo tuvo tan buena acogida merced al dudoso mérito de acertar a tañer la fibra sensible del espectador. Tengo que decir -únicamente con la intención de que se me comprenda- que cada vez que recelo que alguien trata de hacer eso conmigo -es decir: tocarme la fibra sensible- me solivianto y me pongo a la defensiva. Es una cuestión de gusto: prefiero que se me conquiste por el estómago y que se respete la intimidad del resto de mis vísceras. Hace algún tiempo, y mi interlocutora sin duda lo recordará, mantuve una jugosa conversación telemática que orbitaba en torno a la conveniencia de representar el mundo a través de la mirada inocente de un niño. Yo sostenía que se trata de un modo muy falso de hacerlo, un ardid embustero, no porque el autor (en aquella ocasión discutíamos acerca de un libro) osara penetrar en el alma de su personaje, cosa muy frecuente entre los buenos novelistas, sino porque tal visión del mundo se componía sobre un armazón distorsionado. Deliberadamente distorsionado, además. En efecto, al tratar de introducir en el discurso infantil asuntos que por una mera consideración de madurez deberían serle ajenos, se cae en el error ...

Relatos Hiperbreves 28/06/2014

Un deseo

Relatos Hiperbreves Ya estaban encendidos los faroles cuando entró el anciano rodeado por un enjambre de bisnietos revoltosos. Incluso su futuro tataranieto se agitó en el vientre de su madre cuando ésta terminó de tender una ristra de globos multicolores de una esquina a otra del enorme salón. Toda la familia -toda- se había reunido para celebrar el nonagésimo quinto aniversario del abuelo. Hijos que lograron evadirse por unos días de la disciplina de sus respectivos asilos; nietos esparcidos por el ancho mundo como simiente que un labrador arroja al aire; bisnietos alborozados ante la perspectiva de zafarse por unos días de la rutina del colegio y jugar alocadamente y sin normas con esos lejanos parientes que no conocían y de los que tanto oían hablar últimamente. Sin olvidar, cuando procedía o aún no habían fallecido, la pléyade de sus consortes. Tanta gente, que se había quedado pequeño el local que el hotel había puesto a disposición de su cliente del mes. -Siéntese, abuelo -dijo con acento notoriamente exótico, al tiempo que acercaba una silla, una rechoncha cincuentona de portentoso pecho-. Aquí, presidiendo la mesa, como corresponde. Sonó entonces un estruendoso y escasamente afinado "cumpleaños feliz", se descorcharon algunas docenas de botellas y comenzaron a circular los postres. El vejete no había asistido a la comida organizada en su honor porque ya no estaba para semejantes fandangos pero, un poco para no desairar a su familia y otro poco por verla toda reunida, para desgracia ...

Tigre Blanco - Aravind Adiga 10/06/2014

¿Platón en la India?

Tigre Blanco - Aravind Adiga Tanto mi señora esposa como sevidor de ustedes presumen de ser unos padres que atienden especialmente a la formación intelectual de sus vástagos. Como todos, supongo, tratamos de ayudarles con sus estudios, al menos hasta donde nos es posible, pero, sobre todo, nos hemos empeñado en abrirles expectativas y horizontes y también en inculcarles el hábito de la lectura. Y no sólo como entretenimiento, sino como ventana privilegiada para asomarse al espíritu de gente excelente que sabe cómo transladarse al papel. Nuestro empeño a veces ha tomado la forma de un curioso trueque: nosotros les proponemos los libros que nos parecen convenientes o adecuados y ellos, en justa reciprocidad, de cuando en cuando nos hacen caso y de cuando en cuando nos hacen sus propias recomendaciones. Así es como, casi por casualidad, he llegado este libro a mis manos, como contrapropuesta de lectura. Muy poca cosa puedo decir acerca del autor, a pesar de que resultaría particularmente pertinente hacerlo. Sobre todo porque el novelista parece estar hablando de sí mismo, al menos en un determinado sentido. Bajo ningún concepto nos enfrentamos a una novela autobiográfica, salvo por el hecho de que a través de ella nos está exponiendo su particular visión de su país natal y, por contraposición, también lo que ha visto fuera de él. Aravind Adiga nació en 1974 en Madrás, pero emigró con su familia a Australia siendo aún adolescente. Según la escueta nota biográfica que se nos ofrece al final del libro, ...

Trilogía de La Fundación - Isaac Asimov 25/03/2014

Física social y química social

Trilogía de La Fundación - Isaac Asimov Mea culpa. Quiero comenzar esta reseña confesando dos pecados. El primero de ellos, y supongo que el menos grave, consiste en no ceñirme exclusivamente al libro que se menciona. En primer lugar, no se trata de una trilogía (es decir, de tres novelas relacionadas o complementarias), sino de un conjunto de relatos que se pueden ordenar cronológicamente y cuya lectura se podría acometer de manera independiente, pues en cada uno de ellos son abundantes y suficientes las referencias a los anteriores. Ninguno de los tres títulos que conforman la trilogía ("Fundación", "Fundación e imperio" y "Segunda fundación"), y que algunas ediciones han publicado en volúmenes separados, son novelas propiamente dichas. En segundo lugar, hay dos novelas muy posteriores que, no sólo cierran un hilo argumental abierto en "Segunda fundación" sino que abren otros que son recurrentes en nuestro autor (v.g. los robots). Las novelas a las que me refiero son "Los límites de la Fundación" y "Fundación y Tierra". El problema es que no me parece que quede completo un comentario que se refiera únicamente a la trilogía, además de que, por la propia naturaleza de la obra, se ve uno impelido a pecar de este modo. Mi segundo pecado -éste sí verdaderamente grave- es un lamentable defecto de documentación. Quiero que conste que he tratado de subsanarlo, pero es el caso que no he encontrado ninguna biografía autorizada del autor, que los articulitos a los que he tenido acceso en la Red, incluida la Wikipedia, no ...

Por la letra D 18/02/2014

Diseño Inteligente

Por la letra D He tenido la desgracia de estar estos últimos días en contacto con la enfermedad. No personalmente, por fortuna, pero me he visto obligado a visitar con frecuencia el hospital y contemplar los daños que ocasiona. Hay pocos lugares en que se le aparezca a uno de forma tan patente la degradación humana, no sólo por el hecho evidente de la ruina de los cuerpos sino, sobre todo, por la impudicia con que los males se nos muestran. En cualquier otro lugar nos encontramos al abrigo de su vista y podemos vivir en una inocente ignorancia de sus estragos. Pero , a poco que abramos allí los ojos, se nos irán revelando en vertiginosa sucesión todas esas enfermedades a las que un aséptico olvido nos ha mantenido ajenos. Es abrumadora la extensión del catálogo de males que pueden afectarnos, y tanto la dimensión como la estructura de nuestras instalaciones hospitalarias dan buena fe de ello. Ahora que lo contemplo todo mirando hacia atrás me resulta difícil despertar la memoria. Quizá una inconsciente y oportuna defensa se ocupa de tender sus velos y ocultar a nuestros ojos despiertos lo que un ominoso sueño se empeña en evocar. Recuerdo, no obstante, que tuve que oír los gañidos de dolor o angustia de los moribundos, contemplar sus rostros cetrinos cuando los transladaban, sus pieles amarillentas y apergaminadas bajo las que se dejaba adivinar una osamenta torturada, sus miradas perdidas, ensimismadas y ya ausentes. Eludiendo la frágil privacidad de los boxes me llegaban retazos de ...

La Isla del Día de Antes - Umberto Eco 08/11/2013

Cogito, ergo sum

La Isla del Día de Antes - Umberto Eco Supongo que de alguna de mis anteriores opiniones debería traslucirse la admiración que me inspira Umberto Eco. No conozco de él más que su tardía -y, a mi juicio, feliz- faceta de novelista, y aún así no de modo exhaustivo, pero siempre me ha llamado la atención su estilo ágil y camaleónico, su tono a medio camino entre la ironía y el sarcasmo, sus argumentos, sus personajes, la reconstrucción de los escenarios en que se verifica su peripecia, la portentosa documentación de que hace gala en el desarrollo de sus tramas, la recreación del universo intelectual de la época en que las sitúa y, sobre todas las cosas, el permanente diálogo que el autor entabla con cada uno de estos elementos. Diálogo en el que, finalmente, enreda al lector atento y que se manifiesta como el primer motor, la causa final última de sus novelaciones. Supongo también que un purista del género encontrará en este particular el mayor reproche que hacerle al escritor de novelas: que se implique en ellas, que transgreda el límite que necesariamente ha de trazarse entre el autor y la obra. Al fin y al cabo, el novelista es sólo el cronista de los hechos que nos narra. Pero es el caso que las mejores novelas que recuerdo cometen este mismo exceso. Podría ir citando algún que otro ejemplo, pero me interesa destacar el siguiente: ¿Acaso , ya desde el capítulo primero del Quijote, no califica Cervantes de loco a su protagonista al declarar que perdió el seso leyendo novelas de caballería? ¿Y, acaso, este juicio ...

Por la letra C 30/09/2013

Corrección política y totalitarismo

Por la letra C Ha llegado hasta mí un vídeo, o el fragmento de un vídeo, que recoge parte de una reciente sesión plenaria del ayuntamiento de Mijas. Ignoro la fecha, pero -aunque es un dato que no tiene mayor importancia- supongo que podría averiguarla sin demasiado trabajo. El tema que se debate en el momento de la grabación es la pertinencia o impertinencia de la denominación de “Avenida del Descubrimiento” a una calle de la localidad, y el vídeo se centra en la intervención de un concejal del grupo Los Verdes-Equo (cuyo nombre, por cierto, se cita, pero que yo me abstendré de repetir). Se trata, en realidad, de la pésima lectura de un discurso de redacción no mucho mejor en la que el ponente se manifiesta contrario a dicha denominación por considerar que celebra la conquista y exterminio de los indígenas amerindios a manos de una horda de aventureros españoles tan ávidos de riqueza como carentes de escrúpulos. Al margen de la guasa con que responde otro edil (quizá el mismo alcalde, ni lo sé ni me importa), lo primero que podemos destacar de la sorprendente intervención del concejal ecologista es la consideración del concepto de “imperialismo”. Como todo el mundo sabe, éste es un concepto muy del siglo XX, y supongo que a nadie le costaría mucho esfuerzo datarlo con mayor precisión. Justo por ello, el discurso al que aludo incurre en una primera ambigüedad que anula su sentido. En efecto, de entrada desconocemos si se aplica a los conquistadores españoles -esos oportunistas sanguinarios ...

Por la letra O 30/04/2013

El desarrollo evolutivo de la odontofanía vocacional. 2ª parte.

Por la letra O EL DESARROLLO EVOLUTIVO DE LA ODONTOFANIA VOCACIONAL. 2ª PARTE. Muchas veces ocurre con la fortuna lo mismo que con el resto de las mujeres: puedes correr tras ellas hasta escupir las entrañas de asfixia sin que tus requerimientos sean ni siquiera oídos, y cuando, ya harto de seguirlas, decides que las uvas están verdes, de improviso, van y te sonríen. Eso me ocurrió a mí con la fortuna. Sucedió un par de días después de reanudada la caza. Estaba yo corriendo tras una lagartija a lo largo de la tapia cuando, a punto ya de alcanzarla, se escondió en un hueco entre las piedras. Hasta entonces no había reparado en él pues estaba oculto tras una maraña de zarzas, pero en caso de haber estado a la vista nada tiene de extraño que me hubiese pasado desapercibido porque en nada se diferenciaba del resto de los agujeros que ostentaba la maltrecha pared. Allá se metió la lagartija y allá fue también mi mano sin necesidad de que le diera yo ninguna orden al respecto. Lo mismo podía haber encontrado un tesoro o el amable colmillo de una víbora que esperase paciente a verter su veneno en el torrente sanguíneo del primer incauto. Sin embargo, lo que encontré fue la llave que había estado buscando. Mis dedos tropezaron con ella poco antes de topar con el fondo de la diminuta cueva. Al instante olvidé la pieza y mis esfuerzos por cobrarla. Yo creo que antes de acariciar con mis desollados dedos su fría herrumbre ya sabía qué objeto era el que me aguardaba en aquel antrículo. Lo cogí y, ...

Por la letra D 30/04/2013

El desarrollo evolutivo de la odontofanía vocacional. 1ª Parte.

Por la letra D EL DESARROLLO EVOLUTIVO DE LA ODONTOFANÍA VOCACIONAL Se trata del título de una tesis. O, por mejor decir, de lo que habría sido una tesis doctoral en el difícil caso de haber sido aprobada por el tribunal competente. Cosa de la que estuvo muy alejada no tanto por la cualificación profesional del doctorando, que me consta era la máxima, ni siquiera por la extraordinaria excentricidad de su tema y argumento, sino simple y llanamente porque fue objeto de persecución; hecho éste no por sorprendente y extemporáneo menos comprensible. Al menos se puede explicar, y yo trataré de hacerlo. De su autor, Raimundo, ya he hablado en alguna ocasión, cuando me atreví a narrar las curiosas circunstancias que rodearon su muerte, si es que se puede llamar de ese modo a su desaparición. En cualquier caso, estoy persuadido de que se puede. Hay muchos aspectos de la vida personal de Raimundo que todos nosotros desconocíamos y cuyo descubrimiento ha supuesto una verdadera sorpresa para mí, cuando no una auténtica conmoción. Aunque pueda parecer una redundancia ominosa, empleo conscientemente el término “vida personal” (¡coño, toda vida lo es!) en lugar de “vida íntima”, por ejemplo, porque ciertos detalles que yo he llegado a saber, que ordinariamente son los primeros que se nos revelan de cualquier persona y que de ningún modo pueden ser calificados de íntimos, habían sido celosamente ocultos por mi amigo. Y tan ocultos que yo, que fui su más cercano colaborador y heredero de todos sus ...

Cartas 23/04/2013

Platero y él

Cartas PLATERO Y ÉL Un buen día Raimundo me invitó a cenar en su casa, cosa rara en él, por fortuna. Nunca entendí qué motivos tenía para invitarme precisamente a mí y no a cualquier otro, pero sospecho que no tenía ninguno. Raimundo no disfrutaba de muy buena prensa en el reducido grupo que, de cuando en cuando, nos tomábamos con él un cafetito y charlábamos un rato de cosas banales. La verdad es que entre nosotros se hallaba un tanto desplazado. No estaba al tanto ni del fútbol ni de los deportes, y tampoco se interesaba por los temas de actualidad. Para él, el resto del mundo sencillamente no existía, y su conversación se resentía en consecuencia. Tampoco para nosotros él existía demasiado. Puedo asegurar que, después de haberle tratado en sus últimos tiempos más que ninguna otra persona, no estoy en condiciones de hablar de él más que del pordiosero que nos mendiga a diario una limosna en la puerta de la cafetería. Raimundo nos dijo un día que no probaba la carne (nos figurábamos que fuera misógino, pero no vegetariano), y el “torpe aliño indumentario” que arrastraba era comúnmente considerado auténtico. ¿Qué otra cosa podríamos saber de él? Ni el más fantasioso de los embusteros podría decir que fuera un dandy. Al margen de que sabe Dios por qué causa su carrera de biólogo (por cierto, prometedor, según tengo entendido) se había visto truncada y que disfrutaba de una considerable fortuna probablemente heredada, ignorábamos por completo su circunstancia. Aquel día ...

Del sentimiento trágico de la vida - Miguel de Unamuno 22/03/2013

Ser o no ser, ése es el dilema

Del sentimiento trágico de la vida - Miguel de Unamuno La primera palabra que me acude a las mientes después de releer -ya por tercera vez- este ensayo de Unamuno es la siguiente: perplejidad. Y al punto, con los ojos aún desorbitados por el estupor, evoco imágenes absurdas de la Pantera Rosa que dibuja agujeros en el suelo para guarecerse en ellos. Hace tiempo, un profesor comparaba a los filósofos racionalistas con un hombre defenestrado que, a toda velocidad y sin interrumpir su caída, es capaz de dibujar un asidero en el muro para aferrarse a él. Pues bien, me pregunto si no es justamente esto lo que hace el autor en este desconcertante texto. Unamuno es, en efecto, un cúmulo de dudas y contradicciones. Pero, aunque su duda es real y no metódica como la cartesiana, sus incoherencias -al contrario de lo que le ocurría a Descartes- son en su mayoría meramente metódicas y no reales. Y un poco retóricas también, como se puede apreciar en buena parte de la obra. Contradicción por exigencia del hilo argumentativo, que le obliga a exponer puntos de vista divergentes con los que de todos modos no puede dejar de identificarse un tanto. Nuestro autor se confiesa no ya sólo irracionalista sino incluso contrarracionalista por convencimiento cordial, a pesar de que desde el punto de vista intelectual se vea obligado a contemplarse a sí mismo desde las antípodas. Lo que ocurre es que Unamuno considera el aspecto racional como un epifenómeno de la conciencia, algo fronterizo si no ya externo a ella. Una suerte de esfera o cápsula que la ...

Pack La Novela de Genji - Murasaki Shikibu 22/11/2012

La insoportable impermanencia del ser

Pack La Novela de Genji - Murasaki Shikibu Heráclito de Efeso nació catorce o quince siglos antes que Murasaki Shikibu y a ocho mil kilómetros de distancia. Este dato, ya de por sí elocuente, no debe hacernos olvidar el hecho de que entre los mundos en que el uno y la otra se desenvolvieron se levantan algunas de las cadenas montañosas más altas del mundo, desiertos cuya vastedad nos anonada, los más extensos territorios de nuestro planeta y el mar. Por no hablar de las tremendas diferencias culturales. Un griego que quisiera llegar al Japón debería antes franquear el Asia Menor, el imperio persa -del que tan ajenos se sentían- por su provincia más irreductible, entrar por Cachemira en los inmensos dominios del imperio chino, atravesar el Gobi lamiendo la frontera meridional de Mongolia, cruzar el mar amarillo hasta la península de Corea y, por último, el mar del Japón hasta llegar al Imperio del Sol Naciente. Debería llegar mucho más allá que Alejandro de Macedonia, más que Marco Polo, más que cualquier viajero que se haya aventurado a adentrarse por tierra en lo desconocido, tan lejos como Magallanes lo hizo por mar. Y, sin embargo, pese a esas enormes distancias, ambos -Heráclito y Shikibu- abordan el que probablemente es el único tema que importa: la fugacidad de la vida, el tiempo, la incertidumbre de lo que nos espera incluso a la vuelta de la esquina, la inconstancia de todo acontecer, la futilidad de cuantas cosas nos rodean y la muerte. De Heráclito "el Oscuro" no nos ha llegado más que algún fragmento de ...

Por la letra R 02/11/2012

De rezos, zumbidos y otras monsergas

Por la letra R Comienzo a escribir estas líneas exactamente al mediodía del primero de noviembre del año en curso. Es la festividad de Todos los Santos y mi suegra, convaleciente aún de su fractura de tibia, asiste como puede a la misa preceptiva que retransmiten por televisión. En su situación, ha recurrido a este frío artificio en otras ocasiones. Ya ha comenzado a caminar, pero ha de hacerlo aún con muchas más reservas de las que está dispuesta a asumir. Afortunadamente no es tan insensata como para pretender salir a la calle, y menos aún en un día lluvioso que le trae a la memoria el aciago resbalón sobre el pavimento del garaje, que un infausto charquito de agua convirtió en pista de patinaje. Escucho la misa a distancia (yo no soy lo que se dice un hombre piadoso) y doy en pensar que está bien el servicio que ofrece la televisión pública a personas impedidas. Incluso he tenido la ocasión de oír de boca de un oficiante alguna referencia al respecto. Fue justo el domingo pasado, y quedó grabada en mi memoria. Me llamó la atención porque desencadenó un conflicto de valoraciones. Por una parte, no pude dejar de reconocer lo oportuno del comentario. Por otra, había algo difícil de verbalizar -y aún ahora no sé cómo hacerlo- que incluso podría decir que me repugnaba. Hay algo radicalmente insincero en el hecho de retransmitir una misa. Por mi condición de persona formada en una férrea (en definitiva, el adjetivo es un poco exagerado) tradición católica, he tenido ocasión de asistir a ...

Por la letra E 24/09/2012

El Zigurat Minimal, cuarta parte

Por la letra E EL ZIGURAT MINIMAL IV Así pues, acometí la última reforma de mi diseño. Ni siquiera me molesté en averiguar qué edificio poseía en aquel momento el récord de altura, calculé un zigurat de seiscientos metros para curarme en salud y evitar que durante la construcción algún avispado nos aventajase. Trabajé sin descanso durante el mes de que disponía no tanto en los cálculos de la nueva estructura, trabajo casi mecánico, sino en la solución de ciertos problemas que derivaban de las colosales dimensiones del zigurat. Me preocupaba sobre todo el modo de contrarrestar el empuje lateral de las ojivas, aunque pronto di con un medio que no resultaba ni más ni menos desaforado que el resto del edificio. La estructura era similar a la anterior, pero adaptada a las nuevas dimensiones. Los cuatro pilares cuadrangulares crecieron hasta los ciento treinta metros de altura y veinticinco de lado, y los situé en los vértices de un cuadrado ideal, concéntrico con el círculo del estanque, cuya diagonal mediría trescientos metros de longitud. El diámetro del lago –por sus dimensiones bien merece este nombre- excedería en cincuenta metros a la diagonal. Sin embargo, los pilares no emergerían directamente del agua, sino que estarían comunicados con el perímetro del estanque por unos diques de su misma anchura. Sobre los descomunales pilares se levantarían las dos ojivas cruzadas que constituirían el cuerpo del zigurat, y en la cima situé un templete circular de treinta metros de diámetro que ...
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