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Trilogía de La Fundación - Isaac Asimov 25/03/2014

Física social y química social

Trilogía de La Fundación - Isaac Asimov Mea culpa. Quiero comenzar esta reseña confesando dos pecados. El primero de ellos, y supongo que el menos grave, consiste en no ceñirme exclusivamente al libro que se menciona. En primer lugar, no se trata de una trilogía (es decir, de tres novelas relacionadas o complementarias), sino de un conjunto de relatos que se pueden ordenar cronológicamente y cuya lectura se podría acometer de manera independiente, pues en cada uno de ellos son abundantes y suficientes las referencias a los anteriores. Ninguno de los tres títulos que conforman la trilogía ("Fundación", "Fundación e imperio" y "Segunda fundación"), y que algunas ediciones han publicado en volúmenes separados, son novelas propiamente dichas. En segundo lugar, hay dos novelas muy posteriores que, no sólo cierran un hilo argumental abierto en "Segunda fundación" sino que abren otros que son recurrentes en nuestro autor (v.g. los robots). Las novelas a las que me refiero son "Los límites de la Fundación" y "Fundación y Tierra". El problema es que no me parece que quede completo un comentario que se refiera únicamente a la trilogía, además de que, por la propia naturaleza de la obra, se ve uno impelido a pecar de este modo. Mi segundo pecado -éste sí verdaderamente grave- es un lamentable defecto de documentación. Quiero que conste que he tratado de subsanarlo, pero es el caso que no he encontrado ninguna biografía autorizada del autor, que los articulitos a los que he tenido acceso en la Red, incluida la Wikipedia, no ...

Por la letra D 18/02/2014

Diseño Inteligente

Por la letra D He tenido la desgracia de estar estos últimos días en contacto con la enfermedad. No personalmente, por fortuna, pero me he visto obligado a visitar con frecuencia el hospital y contemplar los daños que ocasiona. Hay pocos lugares en que se le aparezca a uno de forma tan patente la degradación humana, no sólo por el hecho evidente de la ruina de los cuerpos sino, sobre todo, por la impudicia con que los males se nos muestran. En cualquier otro lugar nos encontramos al abrigo de su vista y podemos vivir en una inocente ignorancia de sus estragos. Pero , a poco que abramos allí los ojos, se nos irán revelando en vertiginosa sucesión todas esas enfermedades a las que un aséptico olvido nos ha mantenido ajenos. Es abrumadora la extensión del catálogo de males que pueden afectarnos, y tanto la dimensión como la estructura de nuestras instalaciones hospitalarias dan buena fe de ello. Ahora que lo contemplo todo mirando hacia atrás me resulta difícil despertar la memoria. Quizá una inconsciente y oportuna defensa se ocupa de tender sus velos y ocultar a nuestros ojos despiertos lo que un ominoso sueño se empeña en evocar. Recuerdo, no obstante, que tuve que oír los gañidos de dolor o angustia de los moribundos, contemplar sus rostros cetrinos cuando los transladaban, sus pieles amarillentas y apergaminadas bajo las que se dejaba adivinar una osamenta torturada, sus miradas perdidas, ensimismadas y ya ausentes. Eludiendo la frágil privacidad de los boxes me llegaban retazos de ...

La Isla del Día de Antes - Umberto Eco 08/11/2013

Cogito, ergo sum

La Isla del Día de Antes - Umberto Eco Supongo que de alguna de mis anteriores opiniones debería traslucirse la admiración que me inspira Umberto Eco. No conozco de él más que su tardía -y, a mi juicio, feliz- faceta de novelista, y aún así no de modo exhaustivo, pero siempre me ha llamado la atención su estilo ágil y camaleónico, su tono a medio camino entre la ironía y el sarcasmo, sus argumentos, sus personajes, la reconstrucción de los escenarios en que se verifica su peripecia, la portentosa documentación de que hace gala en el desarrollo de sus tramas, la recreación del universo intelectual de la época en que las sitúa y, sobre todas las cosas, el permanente diálogo que el autor entabla con cada uno de estos elementos. Diálogo en el que, finalmente, enreda al lector atento y que se manifiesta como el primer motor, la causa final última de sus novelaciones. Supongo también que un purista del género encontrará en este particular el mayor reproche que hacerle al escritor de novelas: que se implique en ellas, que transgreda el límite que necesariamente ha de trazarse entre el autor y la obra. Al fin y al cabo, el novelista es sólo el cronista de los hechos que nos narra. Pero es el caso que las mejores novelas que recuerdo cometen este mismo exceso. Podría ir citando algún que otro ejemplo, pero me interesa destacar el siguiente: ¿Acaso , ya desde el capítulo primero del Quijote, no califica Cervantes de loco a su protagonista al declarar que perdió el seso leyendo novelas de caballería? ¿Y, acaso, este juicio ...

Por la letra C 30/09/2013

Corrección política y totalitarismo

Por la letra C Ha llegado hasta mí un vídeo, o el fragmento de un vídeo, que recoge parte de una reciente sesión plenaria del ayuntamiento de Mijas. Ignoro la fecha, pero -aunque es un dato que no tiene mayor importancia- supongo que podría averiguarla sin demasiado trabajo. El tema que se debate en el momento de la grabación es la pertinencia o impertinencia de la denominación de “Avenida del Descubrimiento” a una calle de la localidad, y el vídeo se centra en la intervención de un concejal del grupo Los Verdes-Equo (cuyo nombre, por cierto, se cita, pero que yo me abstendré de repetir). Se trata, en realidad, de la pésima lectura de un discurso de redacción no mucho mejor en la que el ponente se manifiesta contrario a dicha denominación por considerar que celebra la conquista y exterminio de los indígenas amerindios a manos de una horda de aventureros españoles tan ávidos de riqueza como carentes de escrúpulos. Al margen de la guasa con que responde otro edil (quizá el mismo alcalde, ni lo sé ni me importa), lo primero que podemos destacar de la sorprendente intervención del concejal ecologista es la consideración del concepto de “imperialismo”. Como todo el mundo sabe, éste es un concepto muy del siglo XX, y supongo que a nadie le costaría mucho esfuerzo datarlo con mayor precisión. Justo por ello, el discurso al que aludo incurre en una primera ambigüedad que anula su sentido. En efecto, de entrada desconocemos si se aplica a los conquistadores españoles -esos oportunistas sanguinarios ...

Por la letra O 30/04/2013

El desarrollo evolutivo de la odontofanía vocacional. 2ª parte.

Por la letra O EL DESARROLLO EVOLUTIVO DE LA ODONTOFANIA VOCACIONAL. 2ª PARTE. Muchas veces ocurre con la fortuna lo mismo que con el resto de las mujeres: puedes correr tras ellas hasta escupir las entrañas de asfixia sin que tus requerimientos sean ni siquiera oídos, y cuando, ya harto de seguirlas, decides que las uvas están verdes, de improviso, van y te sonríen. Eso me ocurrió a mí con la fortuna. Sucedió un par de días después de reanudada la caza. Estaba yo corriendo tras una lagartija a lo largo de la tapia cuando, a punto ya de alcanzarla, se escondió en un hueco entre las piedras. Hasta entonces no había reparado en él pues estaba oculto tras una maraña de zarzas, pero en caso de haber estado a la vista nada tiene de extraño que me hubiese pasado desapercibido porque en nada se diferenciaba del resto de los agujeros que ostentaba la maltrecha pared. Allá se metió la lagartija y allá fue también mi mano sin necesidad de que le diera yo ninguna orden al respecto. Lo mismo podía haber encontrado un tesoro o el amable colmillo de una víbora que esperase paciente a verter su veneno en el torrente sanguíneo del primer incauto. Sin embargo, lo que encontré fue la llave que había estado buscando. Mis dedos tropezaron con ella poco antes de topar con el fondo de la diminuta cueva. Al instante olvidé la pieza y mis esfuerzos por cobrarla. Yo creo que antes de acariciar con mis desollados dedos su fría herrumbre ya sabía qué objeto era el que me aguardaba en aquel antrículo. Lo cogí y, ...

Por la letra D 30/04/2013

El desarrollo evolutivo de la odontofanía vocacional. 1ª Parte.

EL DESARROLLO EVOLUTIVO DE LA ODONTOFANÍA VOCACIONAL Se trata del título de una tesis. O, por mejor decir, de lo que habría sido una tesis doctoral en el difícil caso de haber sido aprobada por el tribunal competente. Cosa de la que estuvo muy alejada no tanto por la cualificación profesional del doctorando, que me consta era la máxima, ni siquiera por la extraordinaria excentricidad de su tema y argumento, sino simple y llanamente porque fue objeto de persecución; hecho éste no por sorprendente y extemporáneo menos comprensible. Al menos se puede explicar, y yo trataré de hacerlo. De su autor, Raimundo, ya he hablado en alguna ocasión, cuando me atreví a narrar las curiosas circunstancias que rodearon su muerte, si es que se puede llamar de ese modo a su desaparición. En cualquier caso, estoy persuadido de que se puede. Hay muchos aspectos de la vida personal de Raimundo que todos nosotros desconocíamos y cuyo descubrimiento ha supuesto una verdadera sorpresa para mí, cuando no una auténtica conmoción. Aunque pueda parecer una redundancia ominosa, empleo conscientemente el término “vida personal” (¡coño, toda vida lo es!) en lugar de “vida íntima”, por ejemplo, porque ciertos detalles que yo he llegado a saber, que ordinariamente son los primeros que se nos revelan de cualquier persona y que de ningún modo pueden ser calificados de íntimos, habían sido celosamente ocultos por mi amigo. Y tan ocultos que yo, que fui su más cercano colaborador y heredero de todos sus ...

Cartas 23/04/2013

Platero y él

Cartas PLATERO Y ÉL Un buen día Raimundo me invitó a cenar en su casa, cosa rara en él, por fortuna. Nunca entendí qué motivos tenía para invitarme precisamente a mí y no a cualquier otro, pero sospecho que no tenía ninguno. Raimundo no disfrutaba de muy buena prensa en el reducido grupo que, de cuando en cuando, nos tomábamos con él un cafetito y charlábamos un rato de cosas banales. La verdad es que entre nosotros se hallaba un tanto desplazado. No estaba al tanto ni del fútbol ni de los deportes, y tampoco se interesaba por los temas de actualidad. Para él, el resto del mundo sencillamente no existía, y su conversación se resentía en consecuencia. Tampoco para nosotros él existía demasiado. Puedo asegurar que, después de haberle tratado en sus últimos tiempos más que ninguna otra persona, no estoy en condiciones de hablar de él más que del pordiosero que nos mendiga a diario una limosna en la puerta de la cafetería. Raimundo nos dijo un día que no probaba la carne (nos figurábamos que fuera misógino, pero no vegetariano), y el “torpe aliño indumentario” que arrastraba era comúnmente considerado auténtico. ¿Qué otra cosa podríamos saber de él? Ni el más fantasioso de los embusteros podría decir que fuera un dandy. Al margen de que sabe Dios por qué causa su carrera de biólogo (por cierto, prometedor, según tengo entendido) se había visto truncada y que disfrutaba de una considerable fortuna probablemente heredada, ignorábamos por completo su circunstancia. Aquel día ...

Del sentimiento trágico de la vida - Miguel de Unamuno 22/03/2013

Ser o no ser, ése es el dilema

Del sentimiento trágico de la vida - Miguel de Unamuno La primera palabra que me acude a las mientes después de releer -ya por tercera vez- este ensayo de Unamuno es la siguiente: perplejidad. Y al punto, con los ojos aún desorbitados por el estupor, evoco imágenes absurdas de la Pantera Rosa que dibuja agujeros en el suelo para guarecerse en ellos. Hace tiempo, un profesor comparaba a los filósofos racionalistas con un hombre defenestrado que, a toda velocidad y sin interrumpir su caída, es capaz de dibujar un asidero en el muro para aferrarse a él. Pues bien, me pregunto si no es justamente esto lo que hace el autor en este desconcertante texto. Unamuno es, en efecto, un cúmulo de dudas y contradicciones. Pero, aunque su duda es real y no metódica como la cartesiana, sus incoherencias -al contrario de lo que le ocurría a Descartes- son en su mayoría meramente metódicas y no reales. Y un poco retóricas también, como se puede apreciar en buena parte de la obra. Contradicción por exigencia del hilo argumentativo, que le obliga a exponer puntos de vista divergentes con los que de todos modos no puede dejar de identificarse un tanto. Nuestro autor se confiesa no ya sólo irracionalista sino incluso contrarracionalista por convencimiento cordial, a pesar de que desde el punto de vista intelectual se vea obligado a contemplarse a sí mismo desde las antípodas. Lo que ocurre es que Unamuno considera el aspecto racional como un epifenómeno de la conciencia, algo fronterizo si no ya externo a ella. Una suerte de esfera o cápsula que la ...

Pack La Novela de Genji - Murasaki Shikibu 22/11/2012

La insoportable impermanencia del ser

Pack La Novela de Genji - Murasaki Shikibu Heráclito de Efeso nació catorce o quince siglos antes que Murasaki Shikibu y a ocho mil kilómetros de distancia. Este dato, ya de por sí elocuente, no debe hacernos olvidar el hecho de que entre los mundos en que el uno y la otra se desenvolvieron se levantan algunas de las cadenas montañosas más altas del mundo, desiertos cuya vastedad nos anonada, los más extensos territorios de nuestro planeta y el mar. Por no hablar de las tremendas diferencias culturales. Un griego que quisiera llegar al Japón debería antes franquear el Asia Menor, el imperio persa -del que tan ajenos se sentían- por su provincia más irreductible, entrar por Cachemira en los inmensos dominios del imperio chino, atravesar el Gobi lamiendo la frontera meridional de Mongolia, cruzar el mar amarillo hasta la península de Corea y, por último, el mar del Japón hasta llegar al Imperio del Sol Naciente. Debería llegar mucho más allá que Alejandro de Macedonia, más que Marco Polo, más que cualquier viajero que se haya aventurado a adentrarse por tierra en lo desconocido, tan lejos como Magallanes lo hizo por mar. Y, sin embargo, pese a esas enormes distancias, ambos -Heráclito y Shikibu- abordan el que probablemente es el único tema que importa: la fugacidad de la vida, el tiempo, la incertidumbre de lo que nos espera incluso a la vuelta de la esquina, la inconstancia de todo acontecer, la futilidad de cuantas cosas nos rodean y la muerte. De Heráclito "el Oscuro" no nos ha llegado más que algún fragmento de ...

Por la letra R 02/11/2012

De rezos, zumbidos y otras monsergas

Por la letra R Comienzo a escribir estas líneas exactamente al mediodía del primero de noviembre del año en curso. Es la festividad de Todos los Santos y mi suegra, convaleciente aún de su fractura de tibia, asiste como puede a la misa preceptiva que retransmiten por televisión. En su situación, ha recurrido a este frío artificio en otras ocasiones. Ya ha comenzado a caminar, pero ha de hacerlo aún con muchas más reservas de las que está dispuesta a asumir. Afortunadamente no es tan insensata como para pretender salir a la calle, y menos aún en un día lluvioso que le trae a la memoria el aciago resbalón sobre el pavimento del garaje, que un infausto charquito de agua convirtió en pista de patinaje. Escucho la misa a distancia (yo no soy lo que se dice un hombre piadoso) y doy en pensar que está bien el servicio que ofrece la televisión pública a personas impedidas. Incluso he tenido la ocasión de oír de boca de un oficiante alguna referencia al respecto. Fue justo el domingo pasado, y quedó grabada en mi memoria. Me llamó la atención porque desencadenó un conflicto de valoraciones. Por una parte, no pude dejar de reconocer lo oportuno del comentario. Por otra, había algo difícil de verbalizar -y aún ahora no sé cómo hacerlo- que incluso podría decir que me repugnaba. Hay algo radicalmente insincero en el hecho de retransmitir una misa. Por mi condición de persona formada en una férrea (en definitiva, el adjetivo es un poco exagerado) tradición católica, he tenido ocasión de asistir a ...

Por la letra E 24/09/2012

El Zigurat Minimal, cuarta parte

Por la letra E EL ZIGURAT MINIMAL IV Así pues, acometí la última reforma de mi diseño. Ni siquiera me molesté en averiguar qué edificio poseía en aquel momento el récord de altura, calculé un zigurat de seiscientos metros para curarme en salud y evitar que durante la construcción algún avispado nos aventajase. Trabajé sin descanso durante el mes de que disponía no tanto en los cálculos de la nueva estructura, trabajo casi mecánico, sino en la solución de ciertos problemas que derivaban de las colosales dimensiones del zigurat. Me preocupaba sobre todo el modo de contrarrestar el empuje lateral de las ojivas, aunque pronto di con un medio que no resultaba ni más ni menos desaforado que el resto del edificio. La estructura era similar a la anterior, pero adaptada a las nuevas dimensiones. Los cuatro pilares cuadrangulares crecieron hasta los ciento treinta metros de altura y veinticinco de lado, y los situé en los vértices de un cuadrado ideal, concéntrico con el círculo del estanque, cuya diagonal mediría trescientos metros de longitud. El diámetro del lago –por sus dimensiones bien merece este nombre- excedería en cincuenta metros a la diagonal. Sin embargo, los pilares no emergerían directamente del agua, sino que estarían comunicados con el perímetro del estanque por unos diques de su misma anchura. Sobre los descomunales pilares se levantarían las dos ojivas cruzadas que constituirían el cuerpo del zigurat, y en la cima situé un templete circular de treinta metros de diámetro que ...

Por la letra M 24/09/2012

El Zigurat minimal, tercera parte

EL ZIGURAT MINIMAL III He aquí el modo en que, unos años después, me vi camarero de oficio y arquitecto de vocación, recién colegiado y con un proyecto irrealizable en la cartera que de vez en cuando repasaba con nostalgia y sin saber muy bien qué hacer con él. De esta situación ambigua e incómoda vinieron a sacarme al alimón el azar, el señor X…, que era concejal de urbanismo de mi ciudad, y un profesor con el que tenía algún trato. Éste dirigía un estudio para el que yo realizaba en ocasiones trabajos de poca importancia que me permitían a la vez obtener un sobresueldo, que necesitaba poco, e ir introduciéndome paulatinamente en la profesión, cosa que anhelaba con todas mis fuerzas. Digo que intervino el azar, aunque quizá habría que decir la necesidad, pues es sabido que los políticos acostumbran a pecar de soberbia, ambición y codicia, y estos vicios los tienen tan arraigados que se convierten en ellos, más bien que en pecados, en notas características de su naturaleza. Quiso, pues, la fortuna que el excelentísimo señor alcalde del municipio en que vivía, y adonde espero regresar pronto, albergase el deseo de pasar a la historia promoviendo la erección de un monumento capaz de convertirse en emblema de la ciudad y atraer de paso enormes masas de turistas para su contemplación y disfrute; y con este motivo convocó un concurso que inmediatamente se publicó en los mentideros profesionales de todo el país. Yo tuve conocimiento del concurso en el estudio de mi antiguo ...

Por la letra Z 24/09/2012

El Zigurat Minimal, segunda parte

Por la letra Z EL ZIGURAT MINIMAL II Así pues, a pesar de que había quedado solo en la vida, no podía decir que estaba desvalido. Vivía con holgura, aunque sin ocio y sin lujos, y no pasé estrecheces. Me costó habituarme al trabajo, lo confieso, no tanto a la disciplina y los horarios como al ambiente en que debía ejecutarlo, pero una vez hecho a la sordidez de la vida noctámbula no creí caer en un mundo especialmente corrompido. No más de lo que veía en otras partes. Además, como muchos de los que durante las noches tenía por clientes los encontraba durante el día de compañeros de clase, nunca tuve la impresión de vivir dos vidas disociadas. Al contrario, en la barra lo mismo mercaba con licores que con apuntes, con la particularidad de que los géneros de estos comercios nunca se mezclaban. No se cambiaban apuntes por dinero, sino por otros apuntes, por el préstamo de un libro o por algún otro beneficio del mismo orden. Este trasiego carecía de la forma de la compraventa, pero hay que admitir que no era del todo desinteresado. Nadie lleva un libro de cuentas para semejante tráfico, pero hay muy pocos desmemoriados. Por mucho que el trabajo hubiera dejado de molestarme, aunque cubriese con creces mis necesidades y me dejara el tiempo necesario para otras ocupaciones, en ningún momento dejé de considerarlo como un medio –si bien milagrosamente eficaz- para alcanzar los fines que me había trazado. En efecto, me gusta la arquitectura y siempre quise dedicarme por entero a ella. Y no ...

Leyendas 23/09/2012

El Zigurat minimal, primera parte

Leyendas Aunque parezca mentira, escribí este relato hace ya unos cuantos años, como se podrá apreciar contrastando algunos de sus detalles con los datos actuales. Sin embargo, por lo que se refiere a otros, parece hecho a medida de los tiempos que corrían hasta hace bien poco. Para que no se me pueda acusar de ser excesivamente pesado, lo he dividido, un tanto artificialmente, en cuatro episodios. Espero que os guste. ............... ............... ............... ............... ............... ............... ............... ............... ............... ............... ....... EL ZIGURAT MINIMAL Recuerdo haber sido un niño cándido en exceso, pero ya no soy ni lo uno ni lo otro. No se puede, donde me encuentro ahora. Recuerdo también el instante preciso en que dejé de serlo, demasiado pronto y demasiado bruscamente. Para entonces ya había visto yo alguna cosilla que me dejaba más perplejo que disgustado, hechos y palabras que no encajaban, por decirlo así, en mi pueril modo de percibir el mundo y que mi espíritu de niño no podía digerir adecuadamente. No es que las juzgase mal ni que pudiera reprocharle nada a nadie, porque mis infantiles facultades no alcanzaban a tanto, pero yo no entendía y protestaba. A veces, debo confesarlo, protestaba mucho, del modo en que suelen hacerlo los chiquillos, llorando, gritando, pataleando y obstinándome en lo contrario de lo que se me pedía. Y es que, es forzoso reconocerlo, los niños son los mejores lógicos del mundo y son capaces de ...

El Nombre de La Rosa - Eco Umberto 02/09/2012

El nombre de Dios

El Nombre de La Rosa - Eco Umberto No me interesa la cuestión de por qué tiene tanto éxito la novela histórica, sino más bien para qué la queremos. Como supongo que cada cual tiene al respecto sus opiniones y sus preferencias, yo me voy a limitar, antes de comentar la obra a que se refieren estas líneas, a exponer las mías sin más preámbulo. Se me ocurre adelantar que una novela de este género no debe tener nada de fantástica. Lo que espero de ella es que el autor haya reflejado, a través de la peripecia de los personajes, la cabal realidad de la época en que está ambientada. Es decir -teniendo en cuenta que el autor seguramente no es omnipotente-, que con la mayor exactitud sea capaz de transcribir en ella la imagen que, con la honradez que se le supone a un intelectual, se haya podido forjar. Esto implica la exigencia de que el autor no sólo se haya documentado, sino que haya pensado y comprendido del modo más amplio posible el contexto histórico en que se desarrolla su acción, todo el entramado cultural, ideológico y político cuyas fibras atraviesan y componen el espíritu de los protagonistas. Y en esta comprensión ha de incluirse el diálogo que tanto el autor como nosotros, que lo contemplamos a través de la novela, podemos mantener con el pasado. Sólo si se cumplen estas condiciones la consideraré una novela histórica, y sólo con respecto a ellas me atreveré a juzgarla. Que Umberto Eco "dialoga" con la época en que ambienta la novela es indiscutible, sobre todo si tenemos en cuenta que, al final, ...
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