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Syroco

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A ver que se cuece...mmmmm

Opiniones escritas

desde 09/10/2008

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Por la letra E 04/12/2008

El Capitán Withoutpants

Relato Corto 03/12/2008

Ya no te espero

.... Ya no te espero. No solo a ti, sino al que fuiste, a tu fantasma, a tu sombra. Esa sombra que solo yo podía ver. Me aferraba a ella a pesar de que no era real. Cada noche moldeaba con barro un ser que perteneció al pasado y que me alimentaba de los recuerdos que jamás volverían. Ese ser maravilloso que pintó de colores brillantes mi universo gris, ese ser que me procuraba un refugio plácido y tibio las noches en las que a mi alma llegaba el invierno…se ha ido. Y ahora quedas tú. Me quedé sin mi espejismo, aquel que me sostenía en pié a tu lado. El que me daba fuerzas para soportar los torbellinos de odio que se desprendían de tu espíritu atormentado. Con él podía soñar que eras otro, disfrazándote de ternura, de amor, de deseo, de paz. Llegaba hasta a mí en forma de perdón, y me cubría con un manto de terciopelo, calmando las aguas de un corazón dañado…lo he perdido. Solo te veo a ti. Dejé de extrañarlo desde el momento en que me detuve a mirar mi jardín. Allí donde crece ahora la mentira, hubieron rosas, tulipanes y violetas. Recordé que yo tenía un reflejo, mi reflejo. Y que esa imagen una vez la enterré para empezar a mirarme en la tuya. Me contemplaba en tu mirada y en ella solo se reflejaban mis imperfecciones y mis carencias. Detrás de aquellos ojos residía un horrible espectro fruto de tus propias frustraciones que vertía sobre mi alma el veneno de la ira. Y así mi Yo moría lentamente torturado por una conciencia que aún se conservaba ...

Positivas 01/12/2008

Soñando despierta

... El viento aúlla por el resquicio de las ventanas, susurra insistente rompiendo el silencio de la noche y me trae con su voz los recuerdos que tanto me confortan y a los que me aferro cada vez que necesito soñar despierta. Cierro los ojos y vuelvo a verme allí, tan lejos, donde los árboles llevan y traen secretos mensajes entre las hojas, ocultos bajo el idioma de la brisa. Y era esa misma brisa la que me envolvía cada mañana mientras miraba un sol lejano y tibio que no conocía, pero que sin embargo iluminaba una parte de mi alma y me recordaba la serenidad que había perdido. Sentada sobre los escalones de piedra fría, el tiempo marchaba despacio, con cansados andares, deteniéndose de vez en cuando a observar los pequeños detalles de una vida apacible. Se entretenía el tiempo en mirar detenidamente los pájaros que poco a poco descendían de las ramas y se entregaban confiados a la búsqueda de algún manjar olvidado sobre la hierba. Luego escuchaban el sonido de alguien que se acercaba por el camino de tierra y rápidamente emprendían el vuelo para esconderse en las copas de los árboles. La Señora Martín salía de casa con sus guantes de goma y su delantal beige como cada mañana para ocuparse del jardín. Su sonrisa era eterna, siempre dibujada en un rostro de expresión dulce y apacible. Con decisión descendía por los escalones del porche y las flores, que sentían su presencia se mostraban más bellas de inmediato, abriendo sus pétalos en señal de orgullo. ...

Infancia 27/11/2008

La pequeña lavandera

Vidas Ajenas 26/11/2008

La Bohème

... Era un bar donde se reunían cada noche los personajes más pintorescos de aquel viejo pueblo perdido entre montañas. Se llamaba La Bohème, y abría sus puertas en el mismo instante en que el sol se apagaba. Justo en el centro de la plaza adoquinada, recibía La Bohème a las solitarias almas que vagaban inquietas durante la noche, acogiéndolas entre sus cálidas y gastadas paredes forradas de papel envejecido. Iluminado su interior por unos farolillos que colgaban de la pared y el techo y que Isabelle, la propietaria prendía uno a uno minutos antes de que anocheciera, daba como resultado una luz tenue que regalaba intimidad a aquellos que allí se reunían. La barra estaba formada por gruesos tablones de madera que reposaban sobre un muro de piedra, que Isabelle no se cansaba de frotar con un paño húmedo mientras dirigía una mirada apagada hacia las puertas acristaladas, en espera siempre de que alguna noche se abriesen mostrando a aquel que aguardaba desde hacía tantos años. Recordaba aún aquella despedida, en la que eran los dos aún muy jóvenes. Habían llorado juntos, desnudos sobre el ruidoso camastro del sótano, temiendo que se aproximara el alba. Isabelle se juró esperarlo, y los años fueron dejando huella en su rostro y la triste espera en su alma. ¿Es que existía un veneno más letal para el espíritu que el negarse a aceptar la realidad? Sí. La realidad era que él había sido abatido en el frente, hacía ya más de veinte años. Sin embargo el corazón de Isabelle ...

Texto Libre 30/10/2008

La joven del cabello rojo

Texto Libre ... El velo de la noche se dejaba caer sobre la ciudad portuaria de Honfleur. Allí sus calles adoquinadas y húmedas eran iluminadas por los faroleros, que prendían parsimoniosamente una a una las velas de grasa ayudándose de una escalera o de una vara. Las casas adosadas de Le Vieux Bassin observaban atentas y silenciosas como poco a poco el muelle iba llenándose de seres noctámbulos que con pesados andares brotaban desde lugares recónditos en busca de algo que solo ellos conocían. Llevaban consigo sus secretos bien ocultos, protegidos bajo el grueso manto de las vestiduras y cargaban con unas reflexiones lo suficientemente pesadas como para curvar ligeramente sus figuras. Los barcos se dejaban mecer suavemente sobre las aguas del Sena. Un marinero silbaba una tonadilla desde su decrépita embarcación y tenía la mirada perdida en algún punto lejano. De vez en cuando cesaba su tarareo para llevarse a los labios la botella de alcohol, pero acto seguido continuaba. Era un hombre bastante viejo, o quizá solo lo parecía. Su rostro estaba surcado por profundas arrugas que se perdían bajo una barba encrespada y gris. Una hilera de carruajes se alineaba frente a La Lieutenance. Allí los cocheros aguardaban pacientes su turno. Algunos charlaban animadamente y otros dormitaban en el asiento bien arrebujados en sus abrigos. Las floristas paseaban de acá para allá con sus cestos repletos de violetas, amapolas y azucenas desprendiéndose a su paso un aroma dulce que se ...

Anhelos 28/10/2008

El deseo

Anhelos ... El auditorio ha cerrado sus puertas. La sala esta iluminada tan solo por la luz de las velas, y yo, tu única admiradora del momento, sentada en un palco vacío, escucho atentamente dejándome invadir por el suave sonido de tu voz. Aquí estamos tú y yo solas, aisladas del mundo exterior, protegidas por la grata complicidad de éstos silenciosos muros. Tu canto brota de unos labios húmedos y carnosos para elevarse luego por encima de nuestras cabezas y acercarse hasta mí, acariciando mi piel para a continuación susurrarme delicias al oído. Cierro los ojos, para verte mejor, pues solo tu voz colmándome de sensaciones basta para ver tu imagen en mi cabeza. Tan hermosa. Unas finas estolas doradas envuelven tu cuerpo cubriendo únicamente los senos y el sexo. La tela te atrapa, sinuosa, trazando imposibles nudos, creando maravillosos trenzados, adhiriéndose a tu piel como si de una colosal serpiente se tratara. Pareces una diosa, una escultura radiante de voluptuosas formas, de movimientos casi imperceptibles, de cuyo interior emerge un cántico celestial. Te deslizas sobre el escenario y tu inmensa melena azabache se agita a cada paso. Lentamente tus felinos ojos me encuentran y me pierdo en ellos, dejándome consumir por el vórtice de esa mirada. De tal forma me he perdido en ti, que no he reparado en la consumación de tu aria. Desciendes por la escalinata del estrado y llegas hasta donde me hallo. Recordé la primera vez que te vi, dos meses atrás. En aquella ocasión ...

Relatos infantiles 16/10/2008

Había una vez...

... Érase una vez, en el maravilloso país de los cuentos… -¡Espera, espera! -exclamó la princesa mientras se dirigía hacia el aparato de radio que estaba sobre la mesilla de noche. Maléfica no comprendía que demonios le había pasado a la joven de repente. Había faltado muy poco para que se pinchara el dedo con una de las púas envenenadas del cardo borriquero que le había regalado por su dieciocho cumpleaños. Estaba indignada. Allí se encontraba Aurora, acuclillada junto a aquel cachivache inútil, girando una ruedecilla arriba y abajo, moviendo la antena en todas las direcciones y pegando la oreja a los altavoces. -¿Qué haces querida? ¿Acaso no te interesa mi regalo? -dijo procurando que su voz sonase acaramelada. -¿No lo sabes? -respondió Aurora apartando de su rostro algunos bucles dorados- hoy juegan el Mandril y el Brasas. Es un partidazo. Lo televisan pero papá me ha prohibido que lo vea. Menos mal que tengo éste aparato…mierda, no doy con la señal… La oscura hechicera cerró los ojos y aspiró aire lentamente, profundamente. Comenzó a contar hasta diez en voz baja, tal como le había sugerido su psicoanalista que hiciera cuando le asaltaban aquellos deseos de estrangular a alguien. Se llevó una mano de dedos largos y huesudos a la frente, y pensó que por el momento no había mucho que hacer. Al menos hasta que acabase el partido de fútbol. Así que cogió la maceta con el cardo borriquero y la colocó en la ventana, de forma que quedara en un lugar más ...

Por la letra D 12/10/2008

Desván

..... Me detuve ante la desvencijada puerta del desván. Llevaba el manojo de llaves, al menos eran veinte, unas llaves de metal avejentado, algunas estaban medio oxidadas, otras tenían grabadas las mellas del tiempo y los golpes. Pesaban mucho. Busqué pacientemente la que encajara en la cerradura, no recordaba bien cual era, después de tanto tiempo. Decidí alguna vez no regresar al desván. Allí se escondían los recuerdos, recuerdos que un día quise encerrar bajo llave, olvidar para siempre. Había mezclado las alegrías con las desdichas, las risas con los llantos, los sueños con las decepciones. Jamás logré separar y ordenar los sentimientos en sus lugares correspondientes, y nunca olvidé, en cambio, amontonar los daños en un lugar siempre visible. Después de tanto tiempo, dejé olvidado el desván con la intención de dejar atrás todo aquello que podía estimular mis emociones. Todo debía permanecer cerrado, ausente, en el olvido. Sin embargo algunas noches, cuando la oscuridad y el silencio se convierten en la única compañía, me sorprenden las sombras de la nostalgia, viejas reminiscencias que despiertan mi memoria y me susurran al oído en forma de aliento tibio. Intento por todos los medios no escuchar, no sentir, y escapar del calor que me ofrecen antiguas palabras cargadas de ilusiones putrefactas que me envuelven con suavidad. Por eso decidí regresar al viejo desván con la intención de destruir todo aquello que perturba la serenidad de mi alma, de esa ...

Por la letra L 12/10/2008

La isla flotante (3º parte)

... La alegre reunión del principio se transformó de repente en una especie de funeral. Algunos lloraban desconsolados, otros guardaban silencio con la mirada perdida en el vacío. -¿Quién me busca? -la voz suave y aterciopelada brotó desde detrás de un gigantesco roble por cuyo tronco trepaba una enredadera de pasiflora. Una figura esbelta y delgada salio de las sombras. Era un joven de rasgos marcados y ojos negros, como su piel. También llevaba una corona de flores silvestres sobre su cabello ensortijado y largo. Lucía una túnica blanca hasta los tobillos que resaltaba aún más su piel morena. Se acercaba hasta el mago con paso lento, mirándole fijamente a los ojos, pero con una expresión tranquila e inmutable en su rostro. Los gemelos corrieron hasta él intentando cortarle el paso. -¡Susi, no! -gemía Dorian agarrándole de un brazo- ¡Escapa, Susi! ¡Quiere llevarte lejos de nosotros! -¡No lo vamos a permitir!-exclamó Freddie- ¿me oyes, Midus? No te lo vas a llevar. Pancomidus se regocijaba en su interior, pensando que quedaba muy poco para acabar con aquello. Ahora solo tenia que convencer al muchacho de que lo acompañara, y en caso de no lograrlo, finalmente utilizaría la magia. El padre del muchacho había prometido darle aquello que deseaba desde hacía tanto tiempo: la libertad. Llevaba siglos atrapado en aquel mundo extraño, alocado, sin sentido, donde las leyes de la lógica no existían y donde él no acababa de encajar, ni lograría hacerlo ...

Otros... 10/10/2008

La isla flotante (2º parte)

Por la letra L 10/10/2008

La isla flotante (1º parte)

Por la letra L ..... Finalmente tras dos meses de intensa búsqueda, se encontraba descansando en la ribera del río, hundiendo sus pies desnudos en las frescas aguas. Mientras aguardaba al barquero que llegaría justo en el momento en que el sol desaparecería tras las lejanas montañas, dirigió la mirada hacia el montículo de tierra que a lo lejos, se erguía sobre las aguas. Allí se encontraba por fin su destino: La Isla Flotante. Poco se distinguía entre la bruma la forma de aquella misteriosa isla de la que solo se sabía que aparecía y desaparecía como un espectro, a veces dejándose llevar por la corriente, navegando como si de un barco se tratara, y otras permaneciendo inmóvil lejos de la orilla, como una sombra, protegida siempre por un grueso manto de niebla gris. Muchos habían intentado acercarse a ella, a nado o en barca, pero de repente se desvanecía ante las miradas de aquellos que creían que al fin lo habían conseguido, y los que lo habían logrado, jamás regresaron a tierra para contarlo. Durante los dos meses que anduvo investigando por los poblados y ciudades que encontró a su paso, escuchó historias terribles sobre la isla. Muchos contaban que habían visto como se iluminaba, resplandeciente de luces de colores que parpadeaban en la oscuridad de la noche, y unos sonidos ensordecedores llenaban el silencio de los bosques, como una música demoníaca acompasada por risas y gritos espeluznantes que hacían que se te helara la sangre. Sabiendo que resultaría extremadamente ...

Cuentos 09/10/2008

Conciencia de el caballero

Cuentos ..... El silencio no llega. Aún se escuchan algunas voces agonizantes. Los gemidos de los hombres moribundos que no dejan escapar sus almas. Yo, arrodillado sobre la fría piedra, miro mi espada manchada de sangre. Demasiada sangre, demasiada muerte. El cabello cubre mi rostro en mechones teñidos de escarlata y me siento sucio, miserable, porque la sangre aún fresca que mancha mis manos, no me pertenece. Ésta misma sangre hace escasos minutos corría por las venas de los hombres a quienes arrebaté la vida en nombre de mi dios. Si levanto la mirada hacia el cielo por encima de la muralla empedrada, solo puedo ver en él mi culpa reflejada, pues recuerda mis crímenes cubriéndome con un manto de nubes oscuras que amenazan tormenta. ¿Dónde te encuentras? Me pregunto si Él nos estará observando. Sentado sobre su trono de marfil, orgulloso cual padre por nuestra victoria sobre el enemigo infiel. Llenándose de las almas perdidas que hemos enviado hoy hasta él, saboreándolas y retozando de placer como lo hace un felino tras devorar a su presa. Lágrimas de gratitud caerán sobre mi cabeza en forma de lluvia. ¿He de considerarme justo por ello? Si, porque ese es el dios por el cual luchamos. Aunque hemos salido vencedores, hemos perdido muchas vidas aliadas. Valientes caballeros que jamás regresarán a sus hogares, pero sí se elevarán hacia el olvido como ocurre con las cenizas que quedan tras una fogata. Solamente sus familias llorarán la muerte de éstos héroes de guerra, ...
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