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Opiniones escritas

desde 27/04/2003

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Por la letra C 13/04/2008

Desespoir

Por la letra C -Bien, tomaré un bistec -Lo siento, no nos quedan bistecs. -De acuerdo, tráigame ternera entonces -Nada de ternera, caballero. -No hay problema; tomaré pescado. -¿Qué pescado, señor? -Emperador -Lo lamento, se agotó ayer. -Bueno, pues merluza. -El cocinero es alérgico a la merluza -¿Dorada? -Me temo que no... no es temporada -¿Y de qué es temporada? -Mmmm... de trucha, mismamente -Bien, pues tráigame trucha -No disponemos de trucha, señor. -¡Pero si me ha dicho que sí! -No señor, le he dicho que estaba en temporada, no que tuviésemos. -Bueno, déjelo, nada de pescado. Tomaré una ensalada -¿De qué tipo? -¿De pollo? -No nos queda pollo, pero si quiere... -¿Les queda algo a ustedes que pueda cenar? -Claro que sí, señor. Le recomiendo nuestro estupendo cordero. -Detesto el cordero. -Mire, señor... volveré cuando haya decidido qué quiere tomar. -¡Oiga! -¿Señor? -Nada... tráigame un whisky con cocacola. -No servimos alcohol en este establecimiento -¿Y la cocacola? -Eso sí. -Tráigala. -Ahora mismo. ... -¿Qué es esto? -Cocacola, señor, ¿no lo ve? -De eso nada, esto no es cocacola, ¿qué le ha echado? -Yo nada... señor, si la he abierto delante de usted. -Pruébela, sabe distinto. -No me gusta la cocacola, señor. -Tráigame otra. -De acuerdo, señor, pero tendré que cobrarle esta también. -Bueno, usted tráigame otra. -Enseguida. ... -Sigue sabiendo raro, ¿no estará caducada? -No señor, el pedido llegó ayer mismo. -Pudo haber llegado ...

Serie B 28/02/2008

Dean McKenzie

Serie B Dean vaiveneaba su desnuda cadera como casi cada noche sobre el torso de una nueva muchacha, desnuda también. Cada una tenía sus peculiaridades, y a ésta, le daba por hablar y hablar, importunando constantemente las ideas y la metodología de Dean. -Oh, Dean, eres maravilloso, ¿te quedarás abrazado a mí esta noche? -No cuentes con ello, mujer- dijo mientras continuaba haciéndole el amor (o trincando, como él lo llamaba) -¿Nos casaremos, Dean? -No obtuvo respuesta.- ¿Verdad que sería precioso? Daríamos paseos cada noche por el parque, y viajaríamos por todo el mundo. ¡Por todo el mundo!, ¿eh, Dean? Veríamos los amaneceres más bonitos en los lugares más bonitos agarrados de la mano, y… - Calla ya, mujer. - Y tendremos hijos, ¿a que sí? ¡Pequeños Deans! Y una niña… ¿Crees que me quedaré embarazada pronto, Dean? ¿Cómo se llamará el niño? ¿Y a quién crees que se parecerá? Seguro que a ti… eres tan guapo… ¿pero y si se parece a mí? me haría tan feliz… ¿A quién se parecerá, Dean? ¿A quién? Dean no pudo aguantar más. Sacó su instrumento de 22 primaveras y muchas andanzas de aquel inhóspito agujero y gritó con todas sus fuerzas en la cara de la chica, de la que desconocía su nombre: -¡A tu puta madre! Y se fue. Odiaba a esa clase de chicas; y prefería pagar sólo para evitar ese parloteo innecesario. Así que se dispuso a eso mismo. Su Deanny era lo primero; detrás él, luego su coche y por último el mundo. Entró en el "Lighter´s" enfundado en su ropa de cuero y se quitó ...

Escenas 11/11/2007

Tombstone

Escenas - Adiós. - No es esa la respuesta que esperaba - Adiós… - ¿Oye? ¿Cariño? Sabía que iba a ocurrir, pero no imaginaba que fuese tan pronto. Entonces comprobé que todas las técnicas previas para subsistir a su traición no servían de nada. Su adiós me precipitó al abismo, y la gravedad comenzaba a hacer estragos. Estaba solo. La delicada y dulce armonía, esa que tanto me costó reconstruir y mantener, se había roto de nuevo, para ya nunca volver. Las gotas de lluvia parecían disparos ardientes que el destino descargaba; la calle, más gris que nunca, sostenía edificios que comenzaron a cerrarse hasta comprimirme y hacer de mí un esbozo de nada. Hasta mi propia sombra parecía mofarse de mí; hasta ella parecía alejarse dejándome más a la deriva que nunca. Creo que ahora ya he recuperado la cordura, que no me salvará de la muerte, pero me permite escribir mis últimas palabras. Pero entonces estaba perdido como un barco sin timonel, como un alma en pena; abandonado como Pulgarcito… Aquel nombre invadió mi cabeza; estuvo tan absolutamente dentro que llegué a verme como él. Los pájaros habían devorado el pan que me permitía regresar, y tras mucho caminar, huyendo de toda realidad, sólo encontré aquella morada del malvado ogro, cuyas botas de siete leguas me permitirían regresar a mi verdadero hogar. - ¡Dame las botas de siete leguas, ogro cabrón! - ¿Perdón? Creo que no le entendido señor… Bienvenido a la zapatería Warlock, ¿en qué puedo servirle? - ¡Noo, no, no ...

Mitología 100% 03/06/2007

Las Andanzas y Aventuras de Petrus de Barel, I

Mitología 100% Las Andanzas y Aventuras de Petrus de Barel Hacía frío. Eso era lo único que Petrus recordaba tras su encuentro con el Caballero de la Forja en el Palacio del Narval. Habló con su padre, Bucer de Barel, maestro del cuero, y éste le desheredó tras ver en lo que se había convertido. Dormiría en su pétrea morada una cosecha más y su continuidad quedaría a manos del hado. Esto no supuso gran incomodo para Petrus, conocido como el letrado de nadie. Todo lo visto en aquel viaje completó de llenar su alma, y ni la temida muerte le importaba ya. Por un momento, en aquella torre, se imaginaba a sí mismo tres años atrás… … Engalanado salía a la fiesta comarcal. En la pasada cosecha no pudo celebrarse el esperado festín debido a la muerte de Ígari de Barel, vástago primogénito de Lionello de Barel, señor feudal, temido en comarcas vecinas; pero era un hombre afable y gentil. Decía el abuelo de Petrus, gran literato, que todo fue debido al escándalo surgido en la coronación del Caballero de la Forja. Aguilar del Abad, único letrado existente en muchas millas a la redonda, padre del curtidor y abuelo de Petrus, contaba con énfasis y empaque la sangre que aquel día absorbió la espada de Lionello. Lo contaba, digo, cada cierto tiempo hasta que murió en aquel fatídico ataque de los monstruos lacustre. Pero esta temporada la conmemoración prometía gran diversión y espectáculo: se acercarían los juglares de Gúdar, comarca vecina; las mujeres bailarían y serían sonrojadas ...

Por la letra B 03/06/2007

Las Andanzas y Aventuras de Petrus de Barel, II

Por la letra B Despertó en una gruta, oscura y llena de neblina. Tenía miedo. ¿Qué era aquello? Cuando consiguió abrir los ojos todo se encontraba en perfectas condiciones dentro de él, y se veía capaz de todo. Pero ahí no había salida posible, y tampoco se podía respirar muy bien. Tras media hora pasada, Petrus vivió el momento más importante de su vida. Había a unos metros una extraña criatura, de unos doscientos pies, alada, con grandes dientes y ojos incandescentes. Por lo que antaño había oído hablar a su abuelo el letrado, Petrus juraría que se trataba de un dragón. Petrus comenzó a temblar. Había oído historias de sus convecinos acerca de encuentros con aquellas criaturas mitológicas, pero nunca pensó que el sería testigo de uno de ellos. Petrus le miró penetrantemente, con los ojos ampliamente abiertos. El dragón le devolvió la mirada, medio entregada medio asesina, hasta que por fin se dignó a hablar, con una voz extraordinariamente grave, tanto que a Petrus le costó descifrarla. - Petrus de Barel, hijo de Bucer de Barel, maestro del cuero. Hablemos. - ¿Por qué me conoces? ¿Qué he hecho yo? Déjeme salir… - ¡Silencio, majadero! Ahora dime; ¿Qué esperas de tu misión? - ¿Mi misión? - Sí, mentecato, tu misión, tu cometido. - ¿Os referís a mi viaje al Narval? - Claro, tonto el haba, claro - Pues espero cumplir con ella, y salvar a mi dama, y… - ¿Tu dama dices? ¡¿Tu dama?! Imbécil… Petrus tenía miedo, y cada vez temblaba más. "Podría ser un dragón más amable por lo ...

Por la letra J 03/06/2007

Las Andanzas y Aventuras de Petrus de Barel, III

Por la letra J Ahora si que le dolía la cabeza. Sus ojos estaban vidriosos y sentía su cuerpo moverse intensamente. Petrus creía auténticamente verdadero su encuentro con aquel dragón, y daba gracias a Dios por haber sobrevivido a su llamarada. No comprendía cómo no podía tener cicatrices ni quemaduras, pero seguía pensando que su encuentro con ese bicho había sido totalmente real. Pero la realidad, una vez más, se impuso. Aquel encuentro fue debido obviamente a la cerveza ingerida en Fierus Lupus. No fue más que un penoso pasaje de un triste borracho. Pero Petrus nunca lo sabría, y guardaría el encuentro con ese dragón en su interior, junto con un gran orgullo por haber sobrevivido. Pensó también que tal vez aquella bestia tenía razón con respecto a su misión y a "su" bella Eandi de Tostaraz. "Me basta con poder llamarla mía", se repetía Petrus. De cualquier modo, lo importante es el presente. Se encontraba tumbado en madera, y desnudo. Aquello era un pequeño cuarto que se movía mucho, demasiado. Petrus llegó a pensar que igual si que había muerto, e igual ese era su ataúd. Pero en tal caso, ¿por qué se movía? ¿Y por qué era tan grande? Petrus discernió los hechos hasta que se le ocurrió asomarse por un ventanuco que aquella habitación tenía. ¡El suelo se movía! Tardó su tiempo en comprender, en comprender que aquello no era una tumba, ni el estaba muerto tampoco. Era una carreta, simplemente. Una carreta de caballos, dos. "Qué lujo", se dijo Petrus, ya que aquella era la ...

Algo inolvidable... 03/06/2007

Las Andanzas y Aventuras de Petrus de Barel, IV

Algo inolvidable... Volvió a despertar, de nuevo en la carreta. Esta vez estaba vestido: portaba un camisón, roído pero cómodo, de lana gorda. Se preguntó por qué si era un héroe aquellos pueblerinos no le habían vestido como tal. Se preguntó también por qué si había dormido desnudo en el campo había aparecido después despierto y vestido en aquella carroza. Comenzó a desconfiar del carretero, pero pronto se le pasó. "Es un buen tipo". "¿Pero por qué me dejará encerrado aquí?" - Caballero- dijo el carretero tras abrir la puerta- nos hemos introducido en la comarca del Narval. Un día más y estaremos en el Palacio del Caballero de la Forja. - Bien. Pero una cosa, yo no quiero estar encerrado aquí. Y también quiero ropas decentes. - Me temo que eso no va a ser posible, señor. Pero respecto al viaje, jaja, claro, podéis sentaros adelante conmigo si así lo deseáis. - Gracias, fiel compañero. Así que continuaron el viaje, charlando como amigos, contando anécdotas y leyendas de sus respectivos pueblos. - Sabe, una vez visité Barel. De niño. Gran pueblo - No, no lo es. - Hombre... lo cierto es que no. Para qué nos vamos a engañar. Honestamente, yo nunca he visto un pueblo mejor que Fierus Lupus. - Tampoco habréis visto más de tres pueblos en vuestra vida. - Oh, se equivoca. Soy el carretero, ¿recuerda? Habré visitado... unos cinco pueblos, cada cual peor, dicho sea de paso. - ¿Está casado, carretero? - No. Lo estuve, pero mi mujer... - ¿Palmó? - No. Me abandonó, con mi hijo. No digo ...

Amor 03/06/2007

Las Andanzas y Aventuras de Petrus de Barel, V

Amor Como bien predijo el carretero, al anochecer llegaron a aquel tremebundo paso del Narval, hacia el Palacio del Caballero de la Forja, con el que Petrus tenía que entrevistarse a bien de Eandi de Tostaraz, a la que rescataría de su prisión tras vencer al demonio de Paradox. O eso pensaba Petrus, mientras degustaba y devoraba con ansia aquel embutido porcino. En esos momentos se preguntaba qué estaría pasando por la cabeza de Eandi. Esa muchacha le había transformado, y acabaría por hacerlo mucho más. También se creó una misión personal, la misión de contemplar al rey: contemplarle y ver si el monarca estaba a la altura de Eandi. Si no lo estaba la suerte le sonreiría, pues Petrus no podía imaginar persona de mayor importancia que el rey. Y si nadie estaba a la altura de su dama, cualquiera podría ser su amante, incluso él. Se sonrió ante esa estúpida conclusión y entonces miró al frente. - ¡La madre que me ha parido! - exclamó- Pues no iremos a pasar por ahí, ¿verdad? - Me temo que sí, amo. - le contestó con tono serio el carretero - No, no. Yo me niego. ¡Ahora mismo me vuelvo a Barel! - Pero señor… La misión empieza ahora. No puede traicionar a toda esa gente, ni a su dama. ¡Su dama! Esa que supera y hunde a la belleza en sí, señor. ¡Eandi de Tostaraz! Por Dios, señor. No puede defraudar a los nobles de Caperuz, ni a nuestros nobles pueblos. Y tampoco puede defraudarse a sí mismo. Coraje, amigo; coraje y valentía. Ambos superaremos todos los peligros. Petrus pensó ...

Tarde 03/06/2007

Las Andanzas y Aventuras de Petrus de Barel, VI

Tarde Sólo hubo que rodar un poco en la lúgubre carreta para que todo se fuera despejando, penetrara la luz, y ésta permitiera ver la majestuosidad del Castillo del Caballero de la Forja. Allí estaba, la ansiada meta, lo más alto que Petrus y el carretero habían visto en sus vidas. Y lo más bello, en el caso de Carretero (pues en el caso de Petrus lo más bello era y sería su dama). De lágrimas se llenaron los ojos de Petrus en aquellos instantes. Dicen, que si prestabas mucha atención en ese momento, en aquellos ojillos marrones podía verse el rostro de Eandi de Tostaraz. Pero nadie prestaría atención, así que da igual. Bueno, tan sólo se hallaban Petrus y e carretero en aquel paraje, además, y Petrus no iba a mirar a sus propios ojos. Al fondo ya podían divisarse las tropas reales, con sus caballos y armaduras. Avanzaron, lentamente, a leve trote, por aquel caminillo que adquiría mejor aspecto por momentos. Llegó un momento en el que no pudieron continuar, no en la carreta, pues eso suponía un encuentro con los soldados, que igual les daba por pensar que se trataba de un ataque, vete tú a saber. - Es momento de detenernos, Carretero - No veo yo motivo, mi señor. - Sé cómo actúan los soldados; y no se caracterizan por su buen humor. He de ir yo solo y pedir la entrevista con el rey. Seguramente ya me estará esperando. - Pe pero… ¿y yo? - Deberás quedarte aquí, y cuidar de… de… - ¿De qué? - Iba a decir del dinero… - Ya… - Pues cuida de ti, y espérame. No creo que ...
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