La liga de los monstruos extraordinarios
13.05.2004
Ventajas:
Puedes reirte .
Desventajas:
Tantas que el espacio de Desventajas se me queda pequeño para enumerarlas .
Recomendable:
No
Detalles:
Argumento
Personajes
Calidad de dirección
Banda sonora
¿La verías de nuevo?
¿Te gustó?
Más
 freddyvoorhees
Sobre mí:
¿Queda alguien conocido por ahí? Se admiten opis para el MATRISS (ver Mi Página).
usuario desde:06.06.2001
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 126 miembros de Ciao
El verano cinematográfico ha dado con “Van Helsing” su señal de salida, lo cual significa una sucesión de una docena de superproducciones que pretenden compensar la ausencia de este tipo de películas durante los primeros meses del año. Esta “moda” me parece una de las más nocivas que el cine ha adoptado en los últimos años, porque la aglomeración, que nunca llega a serlo, porque las películas van estrenándose escalonadamente para que tengamos tiempo de dejarnos el dinero con cada uno de estos filmes, trae consigo una alarmante ausencia de otras películas interesantes, pues el verano suele aprovecharse para estrenarse otros saldos cinematográficos cuyo estreno había sido postergado por miedo a resultar un fiasco económico (pese a todo la mayoría acaba por serlo). Bueno, todo esto tal vez se compensaría si esa docena de peliculones (en el apartado presupuestario) fueran auténticamente las joyas que sus multitudinarias campañas promocionales nos promete. No obstante, esto suele estar muy lejos de la realidad, porque de esas doce películas al menos once están claramente orientadas a ser productos de consumo rápido, es decir, entretener al máximo y poco más, pero el problema es que normalmente el porcentaje de decepciones se equipara e incluso supera al de momentos gratos en el cine. Por ahora, el disparo de salida que supone “Van Helsing” no puede resultar más desesperanzador, pues la película peca de todos los males achacables a un “bluff” veraniego, pero sorpresivamente puede llegar a resultar un gran entretenimiento, aunque claro, la forma de serlo resulta tristísimo, pero no adelantemos más acontecimientos y empecemos por el argumento de la película: Van Helsing es un cazador de monstruos a las órdenes del Vaticano que cumpliendo tan curiosa tare pretende lograr saber quién era hasta convertirse en un vulgar asesino de asesinos. Tras poner fin a las andanzas de Hyde (sí, el alter ego del doctor Jekyll) se le asigna la misión de acudir a Transilvania para poner fin a la existencia de Drácula, el más peligroso vampiro de la historia que amenaza con amargar la otra vida (la de después de la muerte) a los Valerious, la familia que prometió asesinarle a cambio de un sitio en el cielo. No obstante, cerca de 500 años han pasado desde la promesa y Drácula sigue campando a sus anchas, haciendo presas con cierta periodicidad para cumplir su más malicioso plan, es decir, dominar el mundo, para lo cual estuvo a punto de adueñarse de la creación de Víctor Frankenstein, pero la posibilidad de dar vida a todos sus hijos se le escapó justo cuando más cerca lo tenía. A su llegada Van Helsing recibirá una curiosa acogida de a quienes pretende ayudar y deberá aceptar la ayuda de Anna Valerious (¿o era el revés y él la ayudaba a ella?, en fin, da igual), la última descendiente (pues su hermano pronto cambia de “estilo de vida”) que debería cazar al vampiro, amen de contar con la inestimable ayuda de Carl, un muy peculiar fraile que le ayudará más de lo que uno podría esperar. A partir de aquí debéis descubrirlo por vosotros mismos.
La mercadotecnia y publicidad que ha rodeado el estreno de “Van Helsing” nos ha vendido como una producción relativamente corriente la intrusión en un mismo film de tres personajes míticos (aunque a mí ninguno de los tres me guste especialmente) como el conde Drácula, Frankenstein y el hombre lobo. Veamos, que se rejuvenezca a Van Helsing con fines claramente comerciales (pues una producción basada en la acción cuyos gastos totales casi han alcanzado los 200 millones de dólares protagonizada por un anciano tenía pocos visos de triunfar en las taquillas) es una estrategia perfectamente aceptable sin mayores pegas, pero es en la forma de entremezclar a los monstruos donde surgen los primeros problemas graves. El film comienza con un interesante prólogo (de lo poco realmente salvable de la película) en blanco y negro en el que se nos hace creer que Víctor Frankenstein realizó su más famosa creación con la inestimable ayuda de Drácula (bueno, una burrada, pase). Luego se nos presenta al “monstruo” (entrecomillado porque en la película de monstruo sólo tiene la apariencia, lo cual imposibilita catalogarlo de tal modo y quedarse tan ancho) de Frankenstein como un ser con una presencia física apabullante (todo correcto hasta aquí) totalmente consciente de sus actos en todo momento y sin la más mínima gota de maldad en sus actos (esto ya resulta más difícil de creer, al menos por la comparación con la visión del personaje en otras versiones cinematográficas). Ciertamente han pervertido el personaje, pero el intentar hacerle pasar por un ser totalmente bueno me parece sencillamente ridículo y una tomadura de pelo tremenda (no sé si en la novela era así, pero yo me he acostumbrado a otra cosa), porque a partir de los carteles publicitarios y las escuetas imágenes que podemos ver en los aptos publicitarios o en el trailer de la película se nos vendía como una especie de enfrentamiento de Van Helsing contra estos tres inmortales seres del cine de terror, pero nada más lejos de la realidad. Manipulan el personaje (o al menos la visión que de él nos ha dado el cine) y nuestra predisposición para ver la película, algo muy triste y que, al menos en mi caso, no da los resultados previstos. Por otro lado tenemos a uno de los Drácula más bochornoso que nos ha dado el cine, pues parece estar o borracho o drogado durante gran parte del metraje y el toque de romanticismo afín a la visión cinematográfica del personaje brilla por su ausencia (que a mí me pareciese que este rasgo no estaba plenamente conseguido en el resto de aproximaciones al personaje es un dato irrelevante), pero lo peor no es eso. Hasta la fecha para mi gusto sólo ha habido tres actores que han dado una visión certera del personaje, y son Bela Lugosi, Christopher Lee y Gary Oldman. Si algo caracterizaba las tres actuaciones era el carisma que lograban imprimir al personaje, pero el Drácula de “Van Helsing” está a medio camino de éstos y de la versión paródica protagonizada por Leslie Nielsen (la de Chiquito de la Calzada es conveniente omitirla, porque es la única en la que Drácula daba más vergüenza ajena que en “Van Helsing”), amen de que su presencia física en ningún momento te convence de su sin igual magnetismo con el sexo femenino. En definitiva, un horror.
Con un peso mucho menor en la trama tenemos al hombre lobo, mera excusa argumental para introducir una interesantes transformaciones físicas y que sólo cobrará importancia en el tramo final de la película cuando se nos revele la importancia de este ser dentro del posible devenir de los acontecimientos. La única aportación relevante al personaje es la alteración en la mutación de humano a hombre lobo, pues en vez de crecerle pelo en el pecho a lo bestia lo que sucede es que se arranca su capa de piel humana para dar salida al lobo que lleva dentro. En lo concerniente al hombre lobo pocas pegas hay que ponerle a la película, salvo dejarle de lado como un personaje mucho más secundario que los otros monstruos del film. Por último conviene anotar la breve aparición de un Mr. Hyde algo mejor del propuesto en “La liga de los hombres extraordinarios” pero que peca de volver a ser una especie de Hule, en este caso respondón y dispuesto a destrozar lo que sea simplemente para pasarlo bien. Será el primero en sufrir la eficacia asesina de Van Helsing, lo malo es que los monstruos reunidos por la película sea, pese a sus notables defectos, posiblemente el más interesante. Es cierto que “Van Helsing” profundiza en el personaje en una especie de corto de animación (en el que el propio Hugh Jackman dobla a Van Helsing) disponible en algunos mercados del DVD (a España no ha llegado y dudo mucho que llegue a comercializarse) como un apartado más de la estrategia comercial para conseguir una nueva saga cinematográfica que genere indecentes cantidades de dinero. Me gustaría que les saliese el tiro por la culata, pero lo dudo mucho (aunque las cifras iniciales de recaudación no han sido tan espectaculares como uno podría esperar). Si había algo que me hacía tener cierta confianza en la película era que el alma pater de “Van Helsing” es Stephen Sommers, un realizador que se había ganado cierta reputación como elaborador de entretenimientos más que dignos con sus últimas tres películas. “Deep Rising” es una entretenida monster movie, realizada con pocos medios, pero que dejaba un regusto de serie b agradable, lo cual se agradece. No obstante, su definitivo lanzamiento comercial vino de la mano de la reactualización de “La momia”, marginando los elementos característicos del cine de terror a favor de un tono aventurero relativamente similar a las tres entregas de Indiana Jones. Dicho film arrasó en las taquillas generando, poco después, una secuela inferior pero aún así bastante entretenida que hacía concebir esperanzas en el nuevo proyecto de Sommers, pero en el mundo del cine cada vez más hay que saber distinguir que los méritos del pasado no deben pesar nada a la hora de fiarnos de las siguientes películas de director o intérpretes (ahí está el caso de un Robert De Niro que últimamente solo rueda pestiños). Sommers ha intentado crear un film con el tono de las dos entregas protagonizadas por el personaje de Rick O´Conell (Brendan Fraser), pero los resultados son, como mínimo, discretísimos. La película arranca bien, con un prólogo en blanco y negro como forma de homenajear al cine clásico de terror para aparecer después una especie de secuencia breve de acción como forma de introducción del personaje (al estilo del cine de James Bond, con el que “Van Helsing” guarda notable puntos en común), pero a partir de ahí la cosa pierde fuelle de forma alarmante. El tono aventurero se ve cortado en varias ocasiones para meternos unas escenas de transición insufribles, amen de que cuando la acción vuelve al primer plano su interés también es bastante limitado. Sommers hace lo que puede para dotar a la película de un ritmo, pero su bagaje es flojo. La película no logra entretener por sí misma y el interés en el devenir de los acontecimientos es prácticamente nulo (¿realmente alguien llegó a dudar cuando decían la forma de resolverlo todo que iban a lograrlo?).
Pero si su labor en la puesta en escena (que logra beneficiarse de algún apartado técnico bastante logrado, como el vestuario o el look visual) es cuestionable, lo relativo al guión es el punto oscuro de “Van Helsing”. No sé muy bien la cantidad de homenajes/ plagios que había en las dos entregas de “La Momia”, pero en “Van Helsing” prácticamente todo lo que vemos nos retrotrae a otros filmes, y eso, simpático en principio, acaba por resultar cansino. La escena de introducción del protagonista al más puro estilo James Bond, un sombrero claramente deudor del de Indiana Jones, un suministrador de armas y utensilios de defensa que recuerda poderosamente al de James Bond, unos huevos que dan cobijo a los hijos de Drácula que recuerdan a los de “Alien”, una bochornosa escena claramente inspirada en “El Rey León”, una secuencia de baile sacada directamente de “El baile de los vampiros”, un villano estereotipado para asumir el rol típico de las películas de James Bond (es decir, querer dominar el Mundo), ciertos datos del final que, salvando las distancias, recuerdan a la religiosidad introducida por la infumable “Drácula 2001” y muchas cosas más que he olvidado. En definitiva, el guión de Sommers se apropia de lo que le da la real gana, pero lo peor es que ni siquiera logra establecer nexos de unión potables entre plagio y plagio. Un relativo punto a favor del guión es que no parece tomarse en serio a sí mismo durante gran parte de la película, pero es que hay momentos en los que su emotividad es tan triste que no puedes evitar reírte. Habrá quien crea que realmente lo único que importa es que la película logre entretenerte, y en cierta medida un producto al estilo de “Van Helsing” debería limitarse a eso, pero si el entretenimiento se logra por factores externos a la película, pues sin comentarios. Una última cosa, si el desarrollo del film es endeble como pocos, su desenlace es uno de los más bochornosos que recuerdo. Sencillamente patético, tanto lo concerniente a Hugh Jackman como a Kate Beckinsale. Otro detalle que me llamó la atención es que su protagonista fuese Hugh Jackman, actor al que únicamente conozco por su rol de Lobezno en las dos entregas de “X-men” y por protagonizar la, pese a sus múltiples defectos, entretenida “Operación Swordfish”. Es un bagaje escaso, pro me sucedía lo mismo que con Sommers, es decir, tenía ciertas esperanzas en su interpretación, pero la cosa ya empieza mal desde la misma elección de su doblador. No recuerdo a qué más actores presta su voz, pero es que le han plantado a Jackman al doblador (de al menos varias películas) de Jean Claude Van Damme y eso ya ayuda a restar muchos puntos de credibilidad y respeto al personaje. Su personaje, Van Helsing, carece de una construcción certera, pues simplemente se nos presenta como alguien que da caza a malvados monstruos para intentar recuperar sus recuerdos (no sé si es únicamente a mí, pero esto me recuerda bastante a Lobezno), aunque cada vez se vaya diluyendo más la frontera entre cazador y asesino. A partir de esos detalles el personaje se limita a hacerse el chulo en varias ocasiones (vaya, Lobezno de nuevo) y a ejercer cierto proteccionismo hacia una chica que acaba de conocer (¿alguien ha dicho Lobezno y Pícara?). En definitiva, un personaje destinado a encasillar a Jackman, aunque, siendo esto lo peor de todo, sin el carisma de su Lobezno. Jackman hace lo que puede con su personaje, pero entre los fallos de construcción de éste y su doblador resulta imposible no mofarse repetidas veces de él, aunque de los principales protagonistas es el único cuya actuación no da, literalmente, pena.
Como su partenaire nos encontramos a Kate Beckinsale en el papel de Anna Valerious, la última descendiente del linaje que prometió poner fin a la existencia del conde Drácula. La carrera de esta actriz es sumamente curiosa, ya que debutó en el cine con una bastante aceptable interpretación de Hero en “Mucho ruido y pocas nueces”, pero a partir de ahí ha seguido una carrera carente de interés con bodriazos como “Pearl Harbor” o films tan cuestionables como la versión cinematográfica de “La tabla de Flandes”. El año pasado pareció cambiar su imagen con “Underworld” (y digo pareció porque mi impresión de la película es sencillamente la que se desprende de la publicidad con la que contó, pues no la he visto) y con “Van Helsing” daba la impresión de querer punto final a su imagen de chica virginal, y así ha sido, pero a costa de una interpretación nuevamente hueca y tirando a inexpresiva. Que es guapa, vale sí (aunque Elena Anaya lo es bastante más), pero como actriz desde su colaboración con Kenneth Branagh no le recuerdo actuación ni tan siquiera aceptable. En esta película, vuelve a lucir su físico sin mostrar nada, ofreciéndonos una falsa imagen de mujer decidida que acaba por hacer lo que Van Helsing quiere que haga. En definitiva, oro personaje engañoso, mal interpretado y carente de más alicientes que ver a una chica guapa interpretándolo. Llega la hora de hablar de las caracterizaciones de los monstruos clásicos. Richard Roxburgh encarna al conde Drácula de una forma bochornosa, y eso que él se mostraba reacio a interpretar al personaje por no saber estar a la altura, pues así ha sido. Drácula da pena, vergüenza ajena, no merece respeto alguno, la voz de doblaje es otra elección desacertadísima y la actuación de Roxburgh, lejos de conseguir mejorar la situación, agudiza la sensación de encontrarnos ante el peor Drácula que uno puede recordar (y es que Chiquito no hacía de Drácula, sólo se hacía pasar por él en la repulsiva “Brácula”). Como Frankenstein nos encontramos a Shuler Hensley, un perfecto desconocido al que no debemos culpar de lo poco interesante que resulta su personaje, pues su unidimensionalidad resulta alarmante. Nos venden a Frankenstein como el bueno de la película, y no como una extraña creación derivada de los zombis (de siempre los personajes que más me han interesado de entre la monstruología cinematográfica clásica), amen de dotarle de una consciencia de sus actos que no pega nada con el personaje. Hensley se limita a dotar de cierta credibilidad a esta (para mi gusto errónea) visión del personaje, por lo que merece cierto respeto dentro de este batiburrillo de alguna idea buena con infinidad de burradas ridículas. Con la apariencia humana del hombre lobo nos encontramos a Will Kemp, actor para mí desconocido que apenas cuenta con unas líneas de diálogo en un personaje para poco más que hacer relleno. Muy discretito. Ya por último bajo las facciones del inmenso Mr. Hyde tenemos a Robbie Coltrane (o al menos su voz), sí, el Hagrid cinematográfico. Apenas tiene ocasión de hacer nada destacable y puede recordar un tanto al Hyde de “La liga de los hombres extraordinarios” en apariencia física, pero al menos su caracterización aquí me gustó algo más.
Como complementos secundarios cómicos tenemos a Carl, el de los buenos, y Igor, el de los malos. El primero es un personaje tan ridículo como gracioso en ocasiones, pero cuenta con un grave problema, y es que el actor que lo interpreta es David Wenham, el Faramir de “El señor de los anillos”. No sé si ese rol marcará para siempre al personaje, que en cierto modo no está tan mal, pero verle interpretado por este actor hace sentir ciertas dudas sobre lo acertado de su elección. Además, es una especie de fraile salido que llega el extremo de su función de bufón de la película al aparecer durante unos instantes ataviado con un traje de bufón. Kevin J. O´Connor interpreta a Igor, un villano suficientemente inteligente como para ganarse la vida ante las oportunidades que se le plantean (la forma de explicarle su traición a Víctor Frankenstein es notablemente graciosa). El grave problema del personaje es que resulta inevitable trazar comparaciones con el Aigor de “El jovencito Frankenstein”, donde, irremediablemente, sale perdiendo. Aun con todo, es el personaje más interesante de la película, por muy triste que sea decirlo. Ya por último tenemos a las tres novias de Drácula. Desconozco completamente la carrera de dos de las tres actrices, así que me centraré en la labor de Elena Anaya (también ayuda que las interpretaciones de las otras de las dos me fueron, siendo benévolo, indiferentes). Desde que visioné “Lucía y el sexo” me parece una chica guapísima, por lo que mantenía esperanzas de que lograse una actuación solvente en su primer papel de renombre en Hollywood, pero no ha sido así. Ciertamente, Anaya logró convencer a Sommers para que Aleera contase con mayor presencia en la película, pero es que lo único que me gustó algo de las novias de Drácula fue su entrada en escena, pues por lo demás están irreconocibles (de no ser por mi hermana hubiese sido incapaz de reconocerla) y nuevamente la labor de doblaje deja bastante que desear.
Ahora es cuando todos deberíais estar preguntándoos: Si tan horrible le ha parecido, ¿A qué vienen las tres estrellas? Sencillo, la película es tan increíblemente absurda, carente de interés pro si sola que la única opción es tomársela a cachondeo y es entonces cuando puedes pasártelo pipa, pero ojo, a costa de la película, lo cual no sé yo si está muy bien. Además, algunos de los puntos a priori fuertes de la película también merecen ser cuestionados. Los efectos especiales, impresionantes sólo en muy limitadas ocasiones (y eso que se prometía una experiencia sin igual en este campo), resultando muy cantosos en otras ocasiones y para nada tan espectaculares. A su vez, conviene apuntar la pésima banda sonora, no pésima por ser mala en sí misma (pues por separado es hasta buena), sino porque no pega ni con cola. Valga por ejemplo las escenas en que los personajes viajan en carros, los cuales van acompañados de una música excesivamente rimbombante, repetitiva y que no resulta adecuada con las imágenes que vemos. Seamos sinceros, todo es como mínimo flojo en la película y riéndonos de sus defectos es como podremos pasarlo bien. Resumiendo, “Van Helsing” es una película malísima que únicamente en muy determinada situación receptiva puede ser disfrutada. Malas actuaciones, pésimo guión, cuestionable labor de puesta en escena, efectos especiales decepcionantes, etc. No pidáis peras olmo y tampoco calidad a “Van Helsing”, porque no puede dárosla.
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19.08.2006 22:25
A mi me pareció una película horrible sin ton ni son. Lo único que salvaría son los efectos especiales, por que el argumento es de lo más absurdo.
11.08.2005 13:21
Muy buena opinión, tienes las cosas claras, hay que hacerse la idea de que pocos productos de entretenimiento ofrecen suficiente consistencia.
21.03.2005 15:22
Siento decirte que no estoy de acuerdo con tu opinión. No por eso deja de ser muy buena ya que está muy bien argumentada y estructurada. No estoy de acuerdo en varios aspectos el primero de ellos y más importante es que el cine (o las películas) están hechas para entretener y esta sin lugar a dudas lo consigue. Tú mismo lo dices cuando comentas que "de esas doce películas al menos once están claramente orientadas a ser productos de consumo rápido, es decir, entretener al máximo y poco más". Lejos de entrar a enjuiciamientos llenos de complejos Van Helsing hace lo que otras muchas películas mucho mejor valoradas (o sobrevaloradas a mi entender) no hacen, y es que entretienen. Qué me importa a mí si hay desfases temporales, escenas imposibles, o ciertas incongruencias. Señores! cuando pagamos la entrada, alquilamos o lo compramos el DVD ya sabemos que esta no será una película que refleje los dramas de la sociedad real. Seamos realistas y si el unir a Dracula con Frankenstein con el hombre lobo hace que pasemos un buen rato pues adelante. O es que ahora nos vamos a convertir en censores de la imaginación... Otro de los aspectos con los que no estoy de acuerdo es que el director (Sommers) se tome la película en serio. Aclaremos la película se la puede tomar en serio pero él sabe perfectamente que tiene entre manos, entretenimiento de pim pam pum y eso es lo que nos ofrece. Bueno chico ya no te doy más la lata. Un saludo.