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Quitar, quitar, quita poco. Como mucho, quita las ganas de volver a depilarse. Vamos a tener que volver a la moda de ir "con los pelos largos". Es la cosa más horrorosa que he provado en mi vida. Super pringosa, parece que te estás echando pegamento en las piernas. Además, depilar, lo que es depilar, depila poco. No arranca los pelos de raíz, que se supone que es su función, sólo los parte, y se te queda en la pierna la mitad del vello. Y encima, solo coge uno de cada cuatro pelos. Con lo que, al final, solo te depilas al veinticinco por ciento, o ni eso. Para colmo, cuando terminas, tienes las piernas que pareces que las has metido en un bote de "blandiblu" y estás como tres días intentando quitarle los restos de cera pegados en la piel (¡cuidado, no te arranques la piel!).