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Como un mercadillo de domingo

1  07.10.2003

Ventajas:
Pues .  .  .  que tengas la suerte de encontrar algo que te guste y te siente bien entre tal mogollón de gente y ropa

Desventajas:
Que lo más seguro es que no lo encuentres .  .  .  y te has tirado allí media hora

Recomendable: No 

pacohom

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No está uno acostumbrado a escribir de estas cosas, pero no he podido resistirme. Mi última (y nunca mejor dicho) experiencia Zara ha sido el no va más de los no va mases, así que uno coge la plumilla y se dispone a compartirla con mis sufridos lectores :D. Con su permiso, allá vamos.

Era una lluviosa tarde de otoño. Pocas cosas para hacer y pocas ganas de hacerlas. Así que me dije ¡¡vámonos de compras!! Que ya toca. Y como yo soy el típico hombre que representa a la perfección su papel como tal (esto es, que soy de los que va, mira si algo le gusta, se lo prueba, ve que le queda más o menos bien, paga y se va, lo que sumado en tiempo no va más allá de los 5 0 6 minutos por tienda visitada), pues decidí entrar en Zara porque había visto un traje en su escaparate así como muy barato y que no parecía del todo malo. Y es que uno es un iluso y piensa que todavía quedan chollos en este mundo.

Pues ni corto ni perezoso entro en Zara y lo primero que me encuentro es que aquello parece un mercadillo de domingo en la plaza del pueblo. Estantes y más estantes llenos de ropa femenina y las respectivas féminas revolviéndolo todo, si es que se podía revolver aún más aquel caos. Pero como yo no iba a buscar ninguna camiseta de “a 6€”, pues seguí mi camino hacia la planta de hombres, que era una planta más arriba. No obstante, aún me dio tiempo a que tres féminas me empujasen diestramente para colocarse más cerca del revoltijo aquel de camisetas y demás prendas con un toque entre lo fashion y lo decididamente hortera. Y yo pensaba ¿pero podrán encontrar algo ahí? Pues parece ser que sí encontraban porque cada una salía de tal mogollón con, al menos, cuatro prendas en la mano. Casualmente, poco tiempo después salían del probador y devolvían a la dependienta las ¡¡cuatro prendas!! Mientras yo no alcanzaba a comprender el placer que puede dar el probarse ropa de forma compulsiva para luego no comprar nada. Porque claro, uno piensa que si has decidido probarte tal cantidad de ropa será porque te gusta el modelito y porque piensas que te va a sentar bien. Pues vaya, qué casualidad, la mayoría no encontraban nada que les convenciese, pero eso si, no paraban de entrar y salir del probador con cuarenta prendas en la mano que acababan nuevamente en le batiburrillo del que hablaba en el comienzo de este largo párrafo.

Pero yo a lo mío. Haciendo zigzag consigo llegar a las escaleras que llevaban a la zona masculina. Y ¡oh! Allí todo parece estar como más colocado... y como mucho más solitario. De hecho ¡¡es mucho más pequeño!! Y no hay camisetas tiradas por todas partes, ni dependientas que han cejado en su empeño de colocarlas. Y claro, como allí arriba éramos cuatro gatos, pues enseguida vino una empleada a ver que quería ¿Tanto se me nota que necesito ayuda?. Y yo le digo que quiero un traje como el que tienen en el escaparate. ¿Cuál?.- Dice ella.- Si, ese negro de tres botones.- Digo yo. Pues ahora no caigo.- Dice ella. Y yo ya me veía que tendría que bajar otra vez y pasar por la jungla del mercadillo que tienen montado abajo. Pero no, me niego y le digo.- Bueno, es igual, ¿dónde están los trajes de caballero? Y la chica que me acompaña y me dice.- Aquí.- Y yo que veo uno parecido al del escaparate y que me gusta. Y ella me dice.- ¿Se lo quiere probar?.- Y yo pienso.- Pues sí, mona, ¿es que abajo pueden probarse cuarenta camisetas y yo no me voy a probar UN traje?.- Pero claro, me callo y le digo amablemente que sí. Y cuando estoy en aquel cubículo y te tienes que encoger para ponerte los pantalones, y la cortinilla que se mueve y yo que me imagino cayéndome de culo arrastrando la dichosa cortinilla y convirtiéndome en el hazmerreír de la pizpireta dependienta y no entiendo como nadie puede encontrarle el gusto a pasarse allí dentro más de 3 segundos probándose cuarenta prendas de ropa. Y descubro, tras unos cuantos equilibrios, que el traje me queda un tanto corto.

Y se lo digo a la pizpireta, a lo que me contesta.- Pues es el único que hay.- ¿Cómo?.- Digo yo extrañado.- ¿Y cuándo les van a traer más?.- Y me mira con cara de sorpresa, como si hubiese visto a un marciano.- No, ya no traemos más.- Y yo luego me entero que en Zara la ropa no se suele reponer. Esto es, tú llegas, si hay algo que te gusta y que, además, te queda bien, pues te lo llevas, pero no busques tallas ni esperes que en almacen tengan algo más. Lo que hay es lo que ves y lo que ves es lo que hay. Sin más.

Así que ya medio encabronado, entré en el vestuario, me cambié, volví a hacer malabarismos para no caerme y arrastrar conmigo la cortina y salí de allí cual alma que lleva el diablo, jurando no volver a entrar más allí donde el Sr. Amancio ponga su lustrosa mano de coruñés mundial.

Como curiosidades, aparte de mi experiencia, decir que cuando estuve en Londres vi que había también un Zara. Y como mi acompañante quiso entrar a mirar (será porque no tiene suficientes en Madrid XDD) pude comprobar que una camiseta que aquí cuesta 1000 pesetas de las de entonces, allí rondaba las 3500. Increíble pero cierto, porque la camiseta es la misma, de la misma calidad (bastante mala) y del mismo estilo (clónico, of course).

Resulta curioso ver como un tipo como Amancio, que empezó su vida vendiendo camisas de puerta en puerta, copa ahora los primeros puestos en la lista de hombres más ricos del mundo. Su estilo marcó una tendencia en moda: prendas de temporada única, de talla única, de estilo único, pero a un precio razonable (al menos aquí en España). Sin publicidad alguna Zara se ha convertido en el gran baluarte de Inditex, que a pesar del reciente batacazo en Bolsa, sigue siendo una empresa con unos beneficios milmillonarios. Y yo, tras mi experiencia Zara, aún me preguntó por qué.

En fin, que no me vuelvan a esperar a mí por un Zara en la vida. Aparte de que el traje tenía una tela un tanto sospechosa, de estas de mírame y no me toques porque me rompo al tercer día, y un diseño un tanto extraño, yo no me acostumbro a entrar en una tienda donde todo está tirado por los estantes cual mercadillo, donde la gente hace colas inmensas para pagar, donde te tienes que tirar media hora para encontrar algo que te guste y luego resulte que no haya tu talla ni la va a volver a haber nunca, donde, en definitiva, no puedo practicar mis compras “de 5 minutos”. No, Amancio, no, conmigo no cuentes.


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Comentarios sobre esta opinión
iblis1

iblis1

04.08.2010 21:30

El zara suele ser una locura, sobre todo en rebajas

saranatalias1

saranatalias1

31.03.2010 16:01

No me gusta a mi

berioska1

berioska1

03.03.2010 22:48

Yo nunca encuentro nada que me quede bien. Pero bueno! Mucha gente si

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