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Opinión sobre "coleccionismo"

publicada 17/03/2014 | charneca
usuario desde : 12/02/2012
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"La coleccionista."

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¿Alguien recuerda la película “El hombre que amaba a las mujeres”?, fue dirigida por Francois Truffaut en 1977. Esta película aparece también como “El hombre que amó a las mujeres”o “El amante del amor”. No se debe confundir con “Los hombres que no amaban a las mujeres” (película mucho más reciente y basada en una novela), el título suena de manera parecida aunque las relaciones personales que se muestran en ambas nada tienen que ver.

El protagonista de la película de Truffaut era un soltero de mediana edad, enamorado de las mujeres. La narración se inicia con el entierro del protagonista al que sólo acuden féminas, a partir de ahí el director utiliza la técnica del flashback para repasar los amores y desamores que tuvo con cada una de ellas pues de todo hubo en esas relaciones igual que en la viña del señor. Blake Edwards, de acuerdo con la mejor tradición americana de aprovechar ideas que tuvieron éxito en películas europeas, rodaría en los ochenta una versión que se tituló “Mis problemas con las mujeres”, el protagonista era Burt Reynolds, bastante más atractivo para mi gusto que el protagonista francés, el actor Charles Denner, aunque me quedo con la película francesa.

Este tema del coleccionismo que sugiere Cay me recordó la película, quizá porque siempre fantaseé con una colección de entregados admiradores que nunca se hizo realidad, yo no me explico el motivo, tal vez entre mis capacidades esté la de segregar algún tipo de sustancia repelente a modo de defensa para evitar los inconvenientes del amor.

Una conocida bastante más joven que yo (anda en los 40) que está tramitando su segundo divorcio intentó explicarme dónde estaba el fallo en mi planteamiento, al parecer mi problema es de conceptos: amar, gustar, atraer no deben entrar en la ecuación, lo que debe preocuparme es “conseguir” un novio en quien pueda encontrar seguridad y me aleje de las preocupaciones e incertidumbres de la crisis, preocupaciones que resultan muy dañinas para el cutis.

Y si no puedo contar con una colección de amores ¿qué me queda?, poca cosa. Yo nunca coleccioné objetos, hacerme con algún llavero vistoso fue la actividad que más se acercó al coleccionismo durante mi juventud.

Ya en edad adulta me propuse conseguir los libros de Enid Blyton de la colección “Aventuras” y “Misterio” que fueron los que más me habían gustado, la de aventuras todavía no pude completarla pues son títulos descatalogados, la única posibilidad son librerías de viejo unidas a la casualidad, si alguien tiene alguno que avise porfa...

También heredé una de búhos, en ésta sí contribuí: dos de los ejemplares fueron regalos míos y un tercero es el detalle que a modo de despedida me ofrecieron los compañeros cuando terminé una interinidad. Representan la sabiduría, desgraciadamente contar con unos cuantos ejemplares de distintos materiales no deriva en un aumento de la sapiencia de ninguna manera.

En cualquier caso ninguna de estas adquisiciones me obligó a ingeniar novedosos sistemas de financiación como los que se le ocurrieron a Cay, una que es bastante pobre de ideas, un defecto sin duda que, afortunadamente, no heredó mi hija, ella demostró agudeza para engañar a uno de sus maestros: elaboró con papel albal un aparato corrector que se colocó en los dientes y se libró de una actividad no deseada con la excusa de la revisión con el ortodoncista, cuando me avisaron de su ausencia no daba crédito; su atrevimiento no recibió un gran castigo pues el maestro estaba más sorprendido y divertido por haber sido víctima del engaño de una chiquilla que enfadado y yo tampoco supe decidir qué penitencia merecía semejante descaro.

Tampoco puedo hablar de peluches ni puedo utilizar las múltiples medallas de falso oro, plata o bronce pues acreditan los méritos deportivos de mis hijos y herederos; sólo puedo atribuirme el mérito de reunir azucarillos por la vía de la sisa en cafeterías, método que no me coloca a la cabeza de los ingeniosos, como mucho encabezo el pelotón de los cutres. Sin embargo me da corte mangar en los hoteles, no es que los frecuente pero en las escasas ocasiones en que lo hice no se me ocurrió quedarme con ningún recuerdo y estaréis de acuerdo conmigo en que unos geles, toallas o albornoces son bastante más apetecibles que unos azucarillos. Claro que da mucho corte pensar en que te aborden cuando pagas la cuenta para aclarar que incluyen un plus correspondiente al valor de lo sisado y es una razón de peso para evitar la tentación.

Porque no negareis que muchas colecciones se iniciaron vía mangancia: cajas de cerillas (de eso hace ya mucho), tenedores o cucharas, tazas, posavasos.

Ahora que lo pienso: hubo una época en que también mangábamos ceniceros, ¿para qué? Pues no me acuerdo, desde luego no me parece que fuesen las ansias de posesión, hacerte con uno o varios ceniceros no genera mucha sensación de poder precisamente, mas bien son un engorro: pesan y no sabes dónde colocarlos, como decoración de estanterías no quedan muy allá. Hoy en día este producto en concreto está en rápido declive.

Vaya!!!, parece que con esta afición a la mangancia podría haberme labrado un porvenir como delincuente pero tampoco aquí hice carrera…

¿Debería preocuparme esta tendencia por el mangoneo?, bueno, ya es un poco tarde para preocuparse, ahora no da tiempo a corregir taras incrustadas en el subconsciente desde temprana edad pero que no llegan a la categoría de trauma como el que se mostraba en otra gran película: “Marnie, la ladrona”. Por otra parte seguro que hay pocos caballeros andantes dispuestos a ayudar que cuenten con el aspecto y sean capaces de comportarse como Sean Connery en su papel de Mark Rutland.

Realmente el coleccionismo dio una buena cosecha de películas inquietantes: también recuerdo El coleccionista (película de 1965) dirigida por William Wyler con Terence Stamp como protagonista.

En fin… siempre me quedarán los azucarillos. Y espero que Ciao se digne a sacar pronto este producto como colección con al menos tres signos de euro al lado, ¡qué menos!

Y todo gracias a:
http://www.ciao.es/coleccionismo__Opinion_2192103

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Comentarios en esta opinión

  • perher publicada 04/05/2015
    Creo que veré la película que comentas de Truffaut. Es un cine difícil de ver, en mi opinión, pero lo intentaré. El coleccionismo tiene muchas vertientes, pero nunca me había parado a pensar que muchas de ellas empiezan mangando. Y es verdad. Aunque nunca tuve mucha paciencia para hacer colecciones, siempre he considerado que todos mis cd's son parte de una colección. Así que podría decirse que soy un coleccionista y afortunadamente no empecé mangando un disco. Puede que cambie de idea algún día. Saludos.
  • Tribulete007 publicada 11/11/2014
    Que no se te olvide "El coleccionista de huesos" (¡Uuuuuuuuhhhhhh, tuto!!!) Yo guardo muchas cosas pero no por ánimo de coleccionar sino porque debo tener algo de síndrome de Diógenes (libros, recortes de periódicos, discos...poco más) luego muchas cosas termino por - no, tirarlas no - cambiarlas de sitio hasta la próxima limpieza y posterior reubicación. Bien tirada. Un saludo.
  • Octubre2007 publicada 29/04/2014
    Tu opinión me ha traído recuerdos muy gratos (los libros de Enid Blyton...¿dónde andarán los míos?) y otros no tanto, pero sío graciosos (lo de robar ceniceros), al que añadiría vasos "de chupito" tan robados en una época. En fin, que yo tampoco soy de acumular objetos. Besos.
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Información técnica : coleccionismo

Descripción del fabricante del producto

Ciao

Incluido en Ciao desde: 24/09/2002