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Opinión sobre "miedo"

publicada 13/05/2009 | otisblues
usuario desde : 10/09/2006
Opiniones : 259
Confianza conseguida : 154
Sobre mí :
Pasando absolutamente...
Excelente
Ventajas Las que queráis ver
Desventajas Las que queráis ver
excepcional

"ELLA"

ELLA... DE NUEVO.

ELLA... DE NUEVO.

El último trago fue el definitivo, creo. Se me revolvió el estómago. Un regüeldo ácido me vino a la boca. De inmediato empecé a notar las arcadas. Sé que los demás me observaban; era lógico: tenía la mirada turbia y los ojos brillantes. Estaba borracho. Me tapé la boca con una mano. Levanté la otra, excusándome, y corrí al servicio. Noté las risas condescendientes a mi espalda. Antes de llegar al váter vomité. Salpiqué los zapatos y el pantalón. Permanecí de rodillas, lagrimeando, la pechera de la camisa manchada de babas y vómito. Apenas podía respirar, con la nariz llena de líquido y la boca abierta arrojando todo el wisky ingerido durante la noche...

Cuando volví donde estaban los demás, presentaba un aspecto patético: la grotesca estampa del beodo que trastabilla. Intenté decir algo, no sé, el tipo de excusa habitual en estos casos: fui incapaz de articular algo coherente. Mi lengua se había vuelto de trapo y en mi cara se dibujaba la mueca estúpida del borracho vencido por el exceso de tragos.

Entonces noté la mirada dura, escrutadora, de Susan. Un gesto despectivo adornaba sus sensuales labios. Nadie como Susan para transmitir desprecio con una mirada y unos labios fruncidos. Decidí marcharme; en realidad no debería haber acudido a aquella absurda fiesta. Sabiendo, además, que Susan, mi ex mujer, también estaría allí... pero Larry había insistido tanto, que no me pude negar. Larry es mi socio. Nos dedicamos al asesoramiento en inversiones. Tenemos una buena cartera de clientes, en su mayoría corporaciones empresariales, lo que nos permite vivir muy desahogadamente. Pero tiene sus desventajas. En realidad, uno está sometido a una vida estresante: continuos viajes, comidas y cenas de negocios. Es desquiciante...

Por eso Susan me dejó; supongo. Salí de la fiesta dando tumbos y con un dolor de cabeza espantoso. Aún me quedaba algo de lucidez, así que desestimé la idea de volver a casa conduciendo. El coche lo recogería al día siguiente, si era capaz de recordar donde lo había aparcado. Lo mejor era tomar un taxi. A las dos de la madrugada es difícil tomar un taxi en la avenida Madison; caminé algunas manzanas. Yo vivo en el Village, en uno de esos antiguos almacenes reconvertidos en lofts. No se veía ni un maldito taxi. Me apoyé en una farola y volví a vomitar.

Estaba agarrado a la farola con ambas manos, cuando sentí una luz cegadora en el rostro. Un policía me estaba enfocando con su linterna.
-¿Se encuentra bien, amigo?- Me preguntó.
-¡Dios, no. Estoy completamente borracho! Aparte esa linterna, por favor.-Le respondí.

No sé cómo, pero al poco apareció un taxi. El policía le dijo algo al taxista, éste asentía mientras me contemplaba e intercambiaba con el agente una risilla estúpida. Me ayudaron a subir al automóvil. Supongo que le di mi dirección, porque al cabo de un tiempo que me pareció muy corto ( debí quedarme dormido o algo así... ) me encontraba delante de mi casa.

Subí en el ascensor. Todo me daba vueltas. Dios, ansiaba poder tumbarme en la cama. Estaba realmente mal. Tardé una eternidad en abrir la puerta, incapaz de insertar la llave en la cerradura. Nada más entrar me sobrevino otra arcada. Corrí todo el pasillo, tropezando en las paredes, y me doblé al llegar al váter: vomité una vez más. Fatal. Estaba fatal. Un sudor helado me cubría todo el cuerpo...

Me dejé caer sobre la cama. Prácticamente me arrojé encima. Me puse la mano sobre la frente. El ruido de mi propia respiración, agitada y convulsa, me golpeaba las sienes con una estridencia intolerable. Me quedé dormido. No sé el tiempo que transcurrió: minutos u horas. Desperté sobresaltado, mi corazón latiendo desbocadamente. Lo intuí de inmediato. Lo supe. Al igual que las últimas noches, me di cuenta de que ella estaba allí. Había vuelto.

El pánico, igual que una descarga eléctrica, recorrió toda la espina dorsal hasta asentarse en mi cabeza. Un brutal torrente de adrenalina que me paralizó momentáneamente. Me sobrepuse a ese momento de terror y encendí la luz. No la vi, pero estaba seguro: ella estaba allí, había vuelto, sí. Una noche más regresaba en busca de su tributo de sangre. De mi sangre. Ávida, como siempre, de mi fluido vital. Acechando en las sombras, inmóvil, cautelosa, silenciosa... letal.

Con sumo cuidado, estiré el brazo y conecté la lamparilla de la mesita. Nada. Las cortinas de la ventana se mecieron, suavemente, impulsadas por la cálida brisa. Sin mover un ápice de mi cuerpo, paseé la vista por la alcoba. Entonces la vi. Estaba allí, agazapada; horrenda en todo su ser...

Sin apartar la vista de ella, me deslicé de la cama atenuando cada uno de mis movimientos. Era mi oportunidad. Tenía que llegar hasta la cocina: allí estaba el arma que precisaba. Otras noches ella, impune, se llevaba mi sangre... hoy yo me llevaría su vida...

Llegué a la cocina y cogí el arma. Sobre puntillas regresé a la habitación. Antes de entrar comprobé si ella seguía en el mismo sitio. Así era. No se había percatado de nada. Pero no me podía fiar: era astuta; muy astuta. Muchas veces me había enfrentado a otras como ella, pero esta vez era distinto. Las demás no eran como ella.

Estaba a menos de un metro de mi objetivo. Levanté el arma con mano temblorosa. No debía fallar, no podía fallar. Entonces presioné el disparador. La rociada de RAID envolvió la habitación; la sumió en una fantasmagórica niebla de penetrante perfume químico...

Preso de un delirio exterminador, mientras gritaba como un poseso, seguí rociando hasta casi agotar el contenido del spray...

Exultante de satisfacción, me agaché para compobar si la había eliminado: ¡Sí! allí estaba ella, exangüe, agonizante... retorcía las patas, en un último estertor, mientras su vida se apagaba...

Volví al lecho. Todo había acabado. Ella, la hembra de mosquito, no se volvería a dar un festín con mi sangre...

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Comentarios en esta opinión

  • La_cara_oculta publicada 22/09/2010
    Coincido con lo que dice nefer66 más abajo, yo no le habría acertado al pobre mosquito hembra. El relato es sencillamente genial, la borrachera, lo insatisfacción de un tipo que supuestamente lo tiene todo: dinero, éxito, pero que falla en su vida personal pero a mí me habría gustado conocer la historia desde el punto de vista de "ella" :-). Besos.
  • piquitodeoro publicada 01/06/2009
    Muy bueno je je. . . Más le vale morir por el spray ¡imagínate que clase de mosquitos mutantes habrían nacido alimentados con vapores etílicos!. Gracias, nos has salvado a todos. Un beso
  • nefer66 publicada 01/06/2009
    Y un asesor de inversiones vomitando en una fiesta....¡a que resulta que así empezó esta crisis económica global!, causa una cierta desazón esa imagen de un asesor financiero borracho vomitante, se corre la voz, y ya la tenemos liada..
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