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Opinión sobre "reflexiones"

publicada 01/04/2008 | nomoretears
usuario desde : 02/03/2008
Opiniones : 33
Confianza conseguida : 5
Sobre mí :
Excelente
Ventajas No leerlas
Desventajas Ninguno
excepcional

"Líneas que nada dicen"

PEQUEÑO AVISO

Al navegante que, sin duda por absurdos caminos, haya llegado hasta este recóndito y solitario lugar, quiero advertirle noblemente que las líneas que componen este escrito poco, o nada, dicen. Por tanto si de forma inmediata abandona este baldío terreno y viaja a más verdes y luminosas praderas, que tenga la firme seguridad de su pleno acierto y que nada mínimamente valioso se deja en el camino.
Si a pesar de este leal aviso alguien lee esas líneas que nada dicen y nada cuentan y, en raro desacuerdo, piensa que algo dicen o que algo cuentan es sin duda porque el que escribió estas líneas pensó, al escribirlas, en esa persona que extrañamente piensa que esas repetidas líneas algo dicen o algo cuentan.
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Hace semanas que Joäo Almeida y yo teníamos que reunirnos para determinados y aburridos temas profesionales, difíciles de solventar simplemente a través del teléfono y de correos electrónicos, por muchos "attachments" que les fueran adjuntados. Hace unos días me sugiere que por qué no pasamos juntos el fin de semana en Lisboa y rematamos los asuntos pendientes. Como Joäo ha llegado a ser, además de "partner" profesional, un buen amigo y un fin de semana en Lisboa es siempre algo muy atractivo, acepto sin dudarlo.
Decido hacer el viaje en coche. El viernes a mediodía salgo para Lisboa. El camino por la A-5 tranquilo y plagado de decenas de "moteros" que solos o en compañía de sus sexys parejas han decidido acercarse al Gran Premio de Jerez a través de la Ruta de la Plata. Ojalá que el destino permita que todos felizmente vuelvan.

Hoy lunes, después de que todas mis expectativas sobre Joäo y sobre Lisboa hayan quedado plena y agradablemente confirmadas, al inicio de la tarde, emprendo mi vuelta hacia Madrid.
Ya relativamente cerca de la capital, pasada Oropesa, con las cumbres de Gredos como impresionante telón de fondo a la izquierda de mi recorrido, el cansancio hace mella en mí. Como también debo repostar paro en una gasolinera dotada de cafetería. Esta tiene un sugerente nombre: "La Pausa".

Mientras me relajo con la ayuda de un cortado y de una botella de agua con gas "La Pausa" acoge unos nuevos clientes. "él y ella", más cercanos a los cuarenta que a los treinta; "él" con aspecto de deportista y, como yo digo, "cara de bueno"; "ella" está embarazada y está guapísima; "ella" está embarazada y, cuando con la atenta ayuda de su pareja se sienta incómodamente en uno de los taburetes de la barra, puedo apreciar como de su cara nacarada, de piel perfecta, emana una luz especial como de una "madonna" rafaelina. Con ellos, dos atractivos niños deportivamente vestidos, también ella y él; ella de unos cuatro o cinco años, él quizás de ocho o nueve.

A la par que los niños toman unos batidos de cacao y sus típicas bolsas de "chetos" "ella y él" beben dos zumos naturales de naranja y comparten un simple donut.
En un momento determinado el rostro de "ella" se contrae en un leve gesto de dolor y le dice algo a "él", no puedo entenderlo debido al ruido de fondo, pero veo que "él" atentamente, con mimo, le ayuda a bajar del taburete y "ella" -más relajada- continua tomando, de pie, su anaranjado zumo y compartiendo su sencillo donut.
El niño se ha dado cuenta de la incomodidad de su madre, se le acerca y aún con su bolsa de chetos en una mano abraza su abultado vientre, apoya en él su cabeza y le deposita una cascada de lentos y pequeños besos; "ella" sonríe con ternura mientras sus finos dedos acarician y "peinan" lentamente el pelo de su hijo; "el", silencioso y con soñadora sonrisa, contempla la escena, sin duda alguna vez ya antes repetida, ya antes disfrutada.
Pago mi consumición, 2,80 euros más propina, y abandono la cafetería. Antes de franquear la puerta no puedo evitar volver mi mirada hacia "ella" y en este acto soy sorprendido. Pero "ella" me excusa y perdona, lejana y bella, con una suave sonrisa que emana con luz especial de su cara de "madonna" rafaelina, recogidas trenzas, esbelto cuello.

Reemprendo mi viaje hacia Madrid; el crepúsculo empieza a vencer al redondeado perfil de las cilíndricas torres del castillo de Maqueda, envolviéndolas en una gris mortaja de celajes y obscuridades. En la radio de "oldies" que he sintonizado las voces de Barbra y de Neil desgranan suavemente las estrofas de "You don't bring me flowers". Mientras conduzco dentro de una fluida y rápida caravana pienso que si yo tuviera la capacidad de escribir algo, que algo dijera o que algo contara, mañana lo haría sobre un algo en el que los personajes se llamasen libertad, soledad, compromiso, amor, dolor, amistad, nostalgia, amargura, melancolía, ternura, desencuentro, abandono, … podrían ser tantos y tantos personajes… tan eternos… tantas nadas… tantos "algos".
Pero mañana, sin duda, será otro día.

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Estas líneas que ya hemos dejado atrás nada dicen, nada cuentan, solo toman nota de tres (¿o quizás cuatro?) mínimas y normales historias de amor de las que fui mudo, ocasional y privilegiado testigo. Sucedieron, vital y bellamente entrelazadas, en una cafetería de carretera, su nombre era "La Pausa", y el guionista escogió para ellas -como telón de fondo- la Sierra de Gredos, allá… a lo lejos…

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Comentarios en esta opinión

  • raowl publicada 28/06/2016
    Más enriquecedora que las pantallas, pequeña y grande, y que el libro, la calle, aunque para eso hay que estar atent@, como usted
  • mascabronquecerezuela publicada 24/12/2014
    Una preciosa manera, de "no decir nada" Gracias. Saludos
  • cascabel.hope publicada 22/08/2013
    La nada y el todo siempre han sido muy hermanos, gracias por compartir tu nada... o tu todo.
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