La edad es como los kilos, da igual cuántos tengas, lo importante es cómo se reparten. He conocido chic@s jovencit@s que son auténtic@s momias y cuarentones que parecían quinceañer@s. La edad, como todo, es algo relativo (si ya lo decía Einstein...).
Cuando eres niña, crees que eres mayor, que los veinteañeros son los mayores, los treinteañeros los maduritos y a partir de los cuarenta... chungo!, eres un viejo (mis respetos a los que hayan superado estas edades pero ya se sabe, los niños son así...).
Cuando eres adolescente, todo es diferente, los cuarentones y demás siguen siendo unos viejos pero ahora encima te dan la vara... y claro, nadie te entiende mejor que tus amigos. Y sí, prefieres pasar la noche pasando frío en una plaza con un vaso de plástico en la mano con los colegas que estar en el mejor de los restaurantes, en las mejores vacaciones con “los viejos”. Aprovecho esta evocación a la adolescencia para enviarles un mensaje a todos los padres de adolescentes: No, no les pasa nada, simplemente han crecido, ya no son niñ@s de papá y mamá; el problema NO es que ellos hayan cambiado, es que vosotros no habéis sabido aceptar sus cambios; y creedme, todo lo que os imaginéis va a ser siempre peor de lo que es en realidad...
La llegada a la edad adulta... al fin!, se acabaron las tonterías de niñat@s del instituto, ya puedes entrar en todos los locales sin problemas (se acabó pelotear al gorila de la puerta!), por fin puedes llegar a una hora decente a tu casa (vamos, cuando a ti te da la gana)... En la Universidad te mezclas con un amplio catálogo de sujetos: empollones, juerguistas, repetidores, copisteros, camareros, bibliotecarios... (si es que no hay nada como la Universidad para hacer vida social, y una vida social muy variada y enriquecedora). Todo sería perfecto si no fuera por los exámenes (un pequeño inconveniente que tiene la Universidad...).
Pero cuando te das cuenta de que lo de la edad te empieza a marcar, es cuando te empiezan a llamar “señora”, ¡pero qué manía!, ¡qué fijación!, simplemente que no me llamen de ninguna manera. Un día, en Mc Donalds casi estrangulo a la simpática cajera: “¿para llevar, señora?, ¿con menú, señora?, ¿algo más, señora?... y así hasta tropecientos “señora”, y estuve por decirle que me lo colgara del bastón que me lo llevaba al geriátrico pero bueno... Y no lo entiendo, porque el castellano nos proporciona un término genial con el que no hieres susceptibilidades: el “usted”. Que conste que yo no estoy obsesionada con la edad (que no, que no...) pero es que eso de “señora” me crispa los nervios, para eso no sé si prefiero que me llamen “doña”...
Y una vez que ya TODOS te llaman “señora”, te empiezan con las preguntitas: y tú, ¿tienes novio? Si respondes que no, con una carita de aflicción te pueden soltar un “aún eres joven hija mía... aún eres joven... ya verás...” (sé de una amiga a la que se lo repetían constantemente hasta que... ¡se sacó novio al fin!). Pero claro que eres joven!!!, ¡no es necesario recalcar una obviedad semejante! y añado yo: como mujer de este siglo XXI ya no tienes por qué ser un “solterona” (ahora eres una mujer “libre e independiente”). Pero si respondes que sí... já!, eso es peor, entonces empiezan las preguntitas “en cadena”: ¿y cuándo te casas?... :s Nota: El matrimonio NO es un fin (como mucho el comienzo de algo... hasta... ¿el divorcio?) y lo peor es cuando te invitan a una boda... la dichosa preguntita se repite como el “chu-chu-chu-chúúúú...” de una vieja locomotora hasta que te hartas y decides poner una fecha al azar (la última boda a la que fui, fue en el 2001 y empecé a soltar que me casaría en el 2005 así que en la próxima boda tendré que ampliar esa fecha al 2023 o me veo a todo el mundo preguntando por la invitación...). Y total, cuando te casas (si te casas...) siguen con las preguntitas... ¿y el niño cuando viene?... cuando la presión atmosférica en la zona tropical se altere bruscamente, no te digo... pero cuando se tiene el niño la pregunta estrella es... ¿y cuándo la parejita...?... ahhhh!... espera que consulto el oráculo. Cuando escucho estas preguntas casi que me viene a la cabeza esa musiquita: “sunsun... sunsun... sunsun...” y empiezo a preguntarme a qué huelen las nubes y sonrío simplemente porque soy mujer y porque yo lo valgo...
Pero, ¿por qué digo que la edad es relativa?. El ejemplo más claro lo encontramos en una anécdota que me pasó hace varios años: iba con mi hermana mayor a una tienda y la dependienta, para orientarnos mejor, nos preguntó si nuestro padre era mayor; ambas respondimos a la vez pero la respuesta no pudo ser más diferente. Como habréis imaginado yo dije rotundamente que sí, claro que al decirle a la dependienta que tenía cuarentaitantos años... me gritó, “¡pero mujer!, si es muy joven todavía...” (y yo recalco el “todavía”). Desde ese día me di cuenta de dos cosas: que da igual la edad que tengas, para algunos siempre serás un viejo... y que, eso sí, nunca debe decirse en voz alta.
Tengo una amiga que desde que cumplió los veinte está obsesionada con su edad (!), cada cumpleaños es casi un trauma (y ahora que se acerca a los treinta para qué os voy a contar...); seguro que los treinteañer@s y demás alucináis pero ya veis... Yo personalmente, ahora me siento mejor que cuando tenía veinte años: se acabó el acné, la edad del pavo (aunque algunos se resisten todavía a abandonarla), ya sé lo que me sienta bien y por fin he logrado dominar mi pelo (que no es poco...). Por eso, la edad no me importa mucho (tal vez cuando me salgan las arrugas cambie de opinión pero mientras tanto...), de hecho, desde que cumplí veinticinco he perdido la cuenta, en serio... Ahora mismo estoy en un año un tanto fantasma... me explico, estuve durante todo el año pasado creyendo que tenía veintisiete años y cual fue mi sorpresa cuando me dijeron al acercarse mi cumple que las velas serían de veintiséis!; vamos, que me he ganado un añito más!, si es que tengo la manía de contar siempre un año de más (me pasa con todo el mundo, incluso hay un ciao-usuario al que le calqué 23 años cuando todavía tenía 22, sorry...). Pero qué más da, 25, 26, 27... si sólo es un numerito...Si lo verdaderamente importante es la edad que tú proyectes hacia el exterior...
Pues con la belleza pasa casi igual... muchos pensaréis: “eso sólo lo dicen los fe@s”, y probablemente tengáis razón... pero, ¿no creéis que Brad Pitt es demasiado guapo?, vale, vale, Brad Pitt no es un buen ejemplo... pero también están los fe@s sexys y con estilo...
Que no, que no, que todo es cuestión de marketing, que hay que saber venderse...
22.07.2004 18:05
Me ha gustado mucho tu opi y estoy muy de acuerdo contigo, un saludote
19.07.2004 21:36
JAAAAAAAAAA.... Tiene hora??? Eso a mi me revienta.... AGGGG. Cierto que siempre serás más viejo para alguien, aunque tú no te consideres para nada vieja, claro. Si no te importa, copiaré eso de me caso en el 2005, bueno en el 2023... que bueno. Me he reido mucho, estupendo texto y real como la vida misma.... Saludotes. SHA.
06.07.2004 19:58
Me muero, que a mí también me llaman 'señora' y me sienta fatal!!! Y no por nada, que el 'usted', aunque sea de cortesía también... Que soy una cría de 22 años, por favorrrr!!! Con lo que me gusta a mí, el 'oye', 'perdona', 'disculpa', 'me permites?'... Me resisto, me resisto a ser señora!!!! Muuuackss, gaditana preciosa! :****